Crónica del Tomavistas 2019

Por Ana Rguez. Borrego 0

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El festival Tomavistas confirma un año más su gusto a la hora de crear un line up solvente y con personalidad

¿Hay una forma mejor de celebrar la quinta edición que colgando el cartel de “todo vendido”? Eso es lo que le ha ocurrido al Tomavistas en esta edición de 2019. Lo ha conseguido precisamente en el año más complicado para los festivales: la escasez de grandes giras y el riesgo en los line-up está haciendo sudar a más de uno a la hora de vender entradas. Y mientras algunos ya comienzan a murmurar sobre un posible pinchazo en la burbuja, el Tomavistas consolida su propuesta: su cuidado a la hora de elaborar un cartel, de mantener una coherencia que refleje su espíritu, de combinar nombres consolidados y emergentes, nacionales e internacionales, se reconoce.

Este llenazo ha puesto a prueba el recinto: quizás se les ha quedado pequeño, o puede que sea necesario valorar otra disposición para que el cambio de escenarios sea más fluido. Una de las mejores bazas que tiene el festival, que es el que no se solapan los conciertos, se ha complicado un poco este año, dada la afluencia de público. Un elemento que puede ser mejorado, como ya han hecho con otros detalles en ediciones anteriores (y en esta misma: todo un acierto lo de trasladar la mayoría de las foodtruck a la parte superior).

Viernes 24 de mayo

A Camellos le tocó abrir el festival. Un papel un tanto ingrato, pues no suele ser el momento en el que más gente hay. Pero en esta ocasión había más de lo que podíamos esperarnos: sus seguidores, los que tienen curiosidad por el “boca a boca”, algún otro que venía de nuevas… Nada extraño, porque su directo es una pura juerga: los chistes de sus canciones, los vaciles entre ellos… no son simplemente un grupo de risas. De hecho, todos los que allí estaban dispuestos a cantar todas sus canciones (hasta el último single que acababan de lanzar, “Arroz con Cosas”) e incluso a poguear.

Tras ellos venían Niña Coyote eta Chico Tornado. Todo actitud. Son de esa estirpe especial de dúos que se comen el escenario con muy poquito: una capacidad infinita de exprimir sus instrumentos y una presencia escénica que ya quisieran muchos (Royal Blood, por ejemplo). Ambos vestidos de rosa, fueron todo un espectáculo verlos: él, con la guitarra, contoneándose a ritmo stoner, y ella, tras la batería, sin parar de sonreír, especialmente cuando iban a comenzar cada canción, con cara de “veréis la que os espera”. Al terminar, nos preguntamos ¿cuándo vuelven, para presentar Aizstar?

En ese mismo escenario, después de dos años, volvían Las Odio, con su recién estrenado disco, Autoficción. Y tal y como ocurría al escucharlo, se confirmaba la evolución de este cuarteto. Ya no son solo canciones en las que la resaltaban especialmente las letras, por su capacidad de denuncia, sus referencias filosóficas (Bertrand Russell y la ociosidad), sus metarreferencias en las que se ríen de aquellos que las critican, sino que han ido más allá: han logrado un compacto sonoro que hace que las canciones tengan sentido entre sí. A base de tocar y tocar han definido ese sonido propio que es a lo que debe aspirar cada proyecto musical.

Las Odio @ Tomavistas 2019 por Ignacio Sánchez-Suárez

Ya llegaban dos de los momentos fuertes del viernes: Triángulo de Amor Bizarro y Cala Vento. Quince años de carrera frente a cuatro, ambos grupos comparten una masa de seguidores creciente y convencida. Nada extraño, pues hay honestidad en su propuesta y eso cala. Los primeros tuvieron que enfrentarse a un aire que hizo de las suyas con su sonido, pero no ensombreció la eterna sonrisa de Isa y la promesa que le hizo al público: “vamos a hacer mucho ruido“. Claro que sí, un ruido con sentido, que se hace más áspero cuando canta Rodrigo y es paradójicamente agridulce cuando lo hace ella. Cayó algún tema nuevo, lo que nos hace pensar que necesitamos más canciones de ellos. Por su parte, Joan y Aleix llenaron el escenario pequeño: qué diferencia, pues hace dos años, en ese mismo espacio, les tocó abrir la tarde con bastante menos público. Es de esos dúos enérgicos y arrolladores que, claramente, se están abonando al llenazo absoluto. Y no nos extraña si tenemos en cuenta su buen hacer, esa emocionalidad cotidiana que tienen sus canciones, que te obligan a cantarlas a gritos con ellos. Poseen una capacidad para empatizar que parece que son parte de ti.

Después de tanta energía, llegaron dos de la cabeza de cartel: Cigarettes After Sex y Beach House. Son dos propuestas consolidadas, reconocidas, con un valor inegable, pero al situarlas justo después de los dos grupos que hemos comentado anteriormente, se produjo una cierta bajona. El intimismo de Cigarettes After Sex y los ambientes nebulosos de Beach House crearon una especie de burbuja emocional, muy bien acompañada por la oscuridad de la noche. Sin embargo, hay que reconocer que su mérito está hecho para iniciados, para seguidores de ambos grupos: no es mi caso. Me arriesgaría a decir que me sonaban prácticamente todas las canciones iguales (especialmente Cigarettes After Sex: con tanto blanco y negro, se hubiera agradecido una gama de grises). Se me puede echar en cara que otros grupos que me encantan también suenan siempre igual: cierto, es una cuestión de estilemas, de los propios manierismos de los creadores, pero para aceptarlos tienes que entrar en su universo y crear un diálogo sensorial. Pero en este caso, yo no he pasado su pantalla.

crónica del Tomavistas 2019
Cigarettes After Sex @ Tomavistas 2019 por Ignacio Sánchez-Suárez

Pero eso fue realmente un paréntesis dentro del viernes, pues el escenario Jagermeister nos dio dos alegrías: Playback Maracas y Bronquio. Dos formas de entender la electrónica que dan para hacer un estudio pormenorizado de este género. Los primeros se presentan como unos verdaderos hombres orquesta: uno a la guitarra, otro a la batería y ambos manejando bases y sintetizadores, para mezclar su poquito de pop, algo más tropical, sus toques orquestales, samplers de discursos… Un ambicioso proyecto digno de alabar: si escucháis “Cabesa” lo entenderéis. Por su parte, Bronquio es un absoluto noqueador de beats. Él solo, con su portátil y su sintetizador, parecía estar marcándose una sesión de baile, pero no: eran sus temas, los cuales los estaba rehaciendo, los estaba creando de nuevo para la ocasión, disfrutando con cada giro. Quizás su propuesta no sea tan asequible, pero su fusión con otros artistas, como Pablo Peña (Pony Bravo) en “Galgo” te deja claro que es mucho más que ritmo.

Sábado 25 de mayo

El sábado comenzamos con tres de esos grupos con los que el Tomavistas suele sorprendernos, que no suelen ser habituales en nuestros escenarios, o que es la primera vez que pisan España. Los primeros de la tarde fueron Frankie and the Witch Fingers. Aunque hacía un calor importante, no perdieron fuerza alguna a la hora de presentarnos su alocada forma de mezclar el garage y la psicodelia. Nadie osaría decirles lo de “más rápido” porque ya van ellos a todas las revoluciones posibles. Dylan Sizemore, su vocalista, parece ir fusionado con su guitarra y con la música y no para en ningún momento, tanto que esa emoción es contagiosa. Tras semejante frenesí, llegaron Stonefield. Mucha clase lo de las hermanas Findlay, tanto a la hora de presentarse (con el mismo traje, en diferentes tonos de marrón, y una melena al aire que causaría envidia a más de una en Eurovisión) como por su impecable ejecución. Todo un espectáculo, más stoner que psicodélico, que no puedes dejar de mirar. Tras ellas, llegaron The Beths, con su power pop, que ayudó un poco a aliviar tanta contundencia de los grupos anteriores. Quizás comparados con The Beths no tengan tanta versatilidad instrumental, pero vocalmente ganan. Elisabeth Stokes es de esas cantantes que ya emocionan simplemente con su entonación, con cómo cuenta lo que canta. Te hacen sonreír.

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Carolina Durante @ Tomavistas 2019 por Ignacio Sánchez-Suárez

Ya llegaban las horas fuertes del día, que abrieron Morgan. La voz de Nina y la exultante maestría instrumental de sus compañeros son una rara avis dentro de la escena nacional, por una cuestión estilística. Tocan muy bien, son agradables de escuchar, pero ¿no resulta chocante que estén triunfando  de esa manera con un estilo nada habitual en nuestro país? Estamos hartos de ver ganadores de concursos televisivos que quieren ir por esa senda, pero tienen muy poco recorrido. ¿Será una cuestión de autenticidad? Va a ser eso 😉

Igual que el día anterior el escenario Jagermeister nos dio grandes momentos, el inicio del sábado se hizo complicado. Yawners y Terrier sufrieron un sonido con bastantes problemas (llegó a perderse en algún momento), que deslucieron sus conciertos. Aún así, el público disfrutó tanto de ese poderoso dúo que es Yawners, que parece transportarnos a lo mejor de nuestra adolescencia, y de esa diversión infinita que siempre buscan Terrier, de la que siempre acabas formando partes. Es inevitable no unirse a ellos cantando los estribillos.

Entre ambos conciertos, era el turno de Carolina Durante en el escenario principal. Probablemente era uno de los grupos que había generado mayor expectación: tras publicar el primer disco han confirmado que no son precisamente unos one hit wonder, sino más bien todo lo contrario, pues tienen un extraño don de hacer temazos. No, no exagero: ya van nueve veces que les veo y con cada canción nueva que han presentado me han sorprendido con alguna frase, con alguna imagen, con la certera captura de un momento. Si ya de por sí suenen enérgicos, parece que en esta gira van a ir más allá, sonando aún más alto: la “culpa” es de Carlos Hernández Nombela, que va camino de convertirse en el “ZurraMan” por excelencia. Nunca dejará de sorprender que un grupo tan relativamente nuevo sea capaz de crear conciertos tan redondos, que remuevan tanto las pasiones del público.

Pese a todo, siempre hay voces discordantes en cuanto al fenómeno de Carolina Durante. Cierto es que no pueden gustar a todo el mundo, ¿pero es necesario compararlos precisamente con Spiritualized? No es el mismo estilo, las pretensiones de uno y otros son completamente diferentes, son treinta años de carrera frente a dos… Jason Pierce y sus músicos optaron por un cierto preciosismo crepuscular: de hecho, ignoró su amplia trayectoria (sólo tocó dos temas antiguos) y se centró en And Nothing Hurt (Bella Union, 2018)). Impecablemente ejecutado, quizás pecó de perfecto. Fue como una especie de autorretrato complaciente con sus miserias, que son menos porque la experiencia las puede justificar, todo ello acompañado por un casi coro gospel. Sin ser edulcorado, era tan Disney…

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Deerhunter @ Tomavistas 2019 por Ignacio Sánchez-Suárez

Menos mal que después llegarían Deerhunter. Inclasificables en esencia por la cantidad de estilos que han tocado (psicodelia, ambient, noise…), lo que queda claro es que lo que les gusta es experimentar. E iría más allá: quieren hacerlo “divertido”, pues su setlist fue oscilando entre tempos, ritmos y ensoñaciones musicales, con las que era muy difícil aburrirse. Más bien te quedabas fascinado con cada tema. Probablemente fue uno de los mejores conciertos del festival, y como se oyó por allí, Bradford Cox 4 president. Por qué no, si lo hace todo bien.

Ya quedaba poco para cerrar la edición de este año y el escenario Jagermeister retomó el control de su sonido. Trepàt se lo merecía. Después de ese prometedor inicio en 2014, nos quedamos un poco huérfanos de esa sugerente oscuridad con la que nos sorprendieron. Y parece que por fin están de vuelta y nos recordaron por qué nos gustan tanto. Son postales de desencanto nocturno, entre el shoegaze y el synthpop, acompañadas de una querencia por el baile que viene marcada por Juan Luis Torné, su cantante: sus movimientos son hipnóticos. Como guinda, Zahara se subió con ellos a cantar “Torturas en los bares”.

Friendly Fires cerraron el festival, con una auténtica fiesta. Y no se hicieron de rogar en lo que a grandes hits se refiere: abrieron con “Paris” y “Jump in the Pool”, temas en los que Ed Macfarlane hizo gala de su energía y de su contagioso baile. Han tardado en volver, pero tras verlos de nuevo, hay que decirlo: era necesario que lo hicieran, la fiesta sin ellos no es lo mismo.

Galería del Tomavistas 2019

Fotos por Ignacio Sánchez-Suárez.

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