Crónica del concierto de Superchunk en Madrid (sala BUT)

Por Ana Rguez. Borrego 0

concierto de Superchunk

Celebraban su 30º aniversario, además de presentar su último disco What a Time to Be Alive (Merge, 2018).

Hay conciertos que sabes que te van a reconfortar de alguna manera, por la energía que desprenden, por los recuerdos que conllevan. Eso es lo que pasa con Superchunk: sus treinta años de trayectoria son toda una señal. Sin altibajos y sin conflictos internos, los de Chapel Hill siempre han mantenido una coherencia estilística envidiable. Y ahí siguen, como demostraron en el concierto de la BUT.

Una noche de indie rock en estado puro, que probablemente justificó el porqué de esa etiqueta. ¿Podemos odiarla? ¿Podemos quejarnos de que se ha abusado de ella hasta que perdiera el sentido? Podemos, podemos. Pero el caso es que tras presenciar un concierto de Superchunk se justifica y se la apropian. Pocos más se la merecen.

Como por ejemplo, The Ships, los encargados de abrir la noche. Con sólo ver que sobre el escenario estaban Dani Llamas y Paco Loco ya podías saber que nada podía ir mal. Después de casi cinco años se volvían a reunir, para recordarnos esa joya que les unió que es The Summer of Our Lives (Miel de Moscas, 2014). Un disco en el que dejaban ver su querencia por todo ese rock y ese power pop que inundaba la escena anglosajona de los años noventa. Y por eso mismo, tocaba verles disfrutar sobre el escenario, con un vigor que parecía que no habían dejado de tocar juntos. Algo que tampoco le era ajeno al público, pues muchos de los que allí estaban no dejaban de corear sus canciones, disfrutando de esa acertada reunión.

Tanto de The Ships como con Superchunk. Pocas veces encuentras teloneros a la altura, estilística e interpretativa: era la introducción perfecta para lo que venía después. Algo que emocionaba al propio Dani Llamas, que como él mismo reconoció, jamás se hubiera imaginado que tocaría con uno de sus grupos favoritos.

Esa emoción siguió en progresión ascendente con Superchunk. No se hicieron esperar y empezaron por todo lo alto con “What a Time to Be Alive”, ese mazazo que cuestiona la podrida actualidad pero que curiosamente te llena de ímpetu para vivir. Porque así van ellos: con un derroche de espíritu casi post-adolescente. En pocas ocasiones bajan el tempo de las canciones y lo que tienen claro es que hay que divertirse. Su actitud es contagiosa: nosotros disfrutamos viéndoles tocar y ellos lo acentúan al observar lo que ocurre. Cosas así convierten a los conciertos en algo vivo.

Gran parte de la “culpa” es de Mac McCaughan, que no para quieto. Sus constantes botes, su efectividad guitarrera, su interacción con el público, invitándonos a cantar… Pero no es sólo eso: su parte humana cuenta mucho. En ningún momento oculta sus emociones: prácticamente en todos los intervalos entre canciones desvelaba alguna sensación. El tocar en directo, volver a España, la presencia de seguidores fieles, palabras emocionadas a su mujer y a sus hijos, que allí estaban… Poco a poco, McCaughan se hacía cada vez más auténtico, tanto, que es difícil resistirse al encanto de Superchunk.

“Reagan Youth”, “Detroit has a skyline”, “Erasure”, “Hyper enough”, “Slack motherfucker”… Superchunk desgranaba poco a poco sus mejores bazas en forma de canciones, tantas, que son capaces de variar el setlist en casa concierto. En algunas ocasiones se dice de ellos que están como en una especie de segundo plano porque no han logrado la relevancia de otros coetáneos. ¿Pero podemos mantener esa afirmación tras verles en directo? Quizás lo suyo es una carrera de fondo, de 100% de coherencia, energía y eficacia estilística, y 0% de altibajos y ridiculez.

Larga vida a Superchunk. Y que vengan cuantas veces quieran a demostrar su forma de entender la genialidad.

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