Crónica del concierto de Y La Bamba en Madrid (Fun House)

Por Ana Rguez. Borrego 0

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Es la primera vez que giran por España

No voy a negar que el pasado miércoles iba predispuesta a emocionarme en el concierto de Y La Bamba. Por alguna razón, cuando escuchaba Mujeres (Tender Loving Empire, 2019), había algo que me recordaba a “Pa’lante” de Hurray For The Riff Raff, una canción que cada vez que la escucho acabo llorando. Quizás el que ambas sean mujeres, el que a su pesar sean de un sector de la sociedad denostado por la política populista, o porque tienen el don de transformar las emociones más sutiles en melodías.

Pero haya posibles similitudes o no, Luz Elena Mendoza tiene el carisma de sobra para ser reconocida por sí misma. Su presencia física es poderosa: su altura, sus tatuajes, su pelo cano, una mirada sin ningún tipo de malicia… Hay una serenidad que contagia desde el escenario nada más pisarlo. Agachada frente a sus pedales, ella y los otros músicos comenzaron con una especie de intro distorsionada, que parecía conducirnos a otro espacio, a ese espacio particular que crea con sus canciones.

Y así comenzó el concierto de Y La Bamba, con “Boca Llena” y “Paloma Negra”, dos de los temas de Mujeres. Dos canciones que reflejan muy bien el espíritu de ese disco: respecto a los anteriores, predomina el español a la hora de cantar, y parece que se ha dejado llevar más por los sonidos del folklore de sus orígenes. Quizás por eso es especialmente emotivo este trabajo, por esos ritmos que te incitan a moverte (aunque sea tímidamente), y porque además sus letras apelan a una especie de conciencia femenina. No es extraño pues ella misma ya reconoció en una entrevista que la música era una extensión de lo que tenía en su interior, que a través de ella exteriorizaba sus sentimientos.

“Bruja de Brujas”, “Soñadora”, “Mujeres”… a cada canción la energía del concierto iba subiendo, porque no era sólo ella la que lo sentía. El resto de músicos (Julia Mendiolea a la guitarra, Zack Teran al bajo y Miguel Jiménez-Cruz a la batería) lo disfrutaban tanto como ella, así que esas sensaciones se incrementaban. Es casi una experiencia telúrica, que te conecta con lo más esencial de la tierra, con la vida, con lo lógico, en donde no prevalece el abuso de poder. Verdades ancestrales que merecen recordarse últimamente.

Aún así, no se libro de la gente hablando durante el concierto. Sin embargo, fue curiosa la serenidad de su reacción: “si quieren hablar, pueden hacerlo fuera“. Fue tan chocante (apenas habló entre canciones), que se hizo el silencio al mismo tiempo que decía “son ustedes un público muy lindo”. Pero es que era necesario ese intimismo, pues era el turno de “Entre Los Dos”, un emotivo tema que cantó ella sola con su guitarra. Tanto, que ya era fácil flojear.

“De Lejos” cerraba el concierto, con el rápido fraseo de Luz Elena y Julia encandilando al público, así que era inevitable pedir un bis. Nada más volver a salir, reconoció lo emocionada que estaba, por el recibimiento que estaban teniendo. Pero no sé quedó ahí: se propuso ser breve porque no le gustaba hablar pero no podía evitar el abrir su corazón. El lamentar cómo se estaba demonizando a los chicanos en Estados Unidos, cuando ellos no son así, el reconocerse como una privilegiada por poder dedicarse a lo que le gusta, pero que si no fuera por el público no tendría sentido alguno, porque tiene que haber una comunicación: reconocer el arte como diálogo la hizo aún más grande.

Por eso, las dos últimas canciones se las dedicó a sus orígenes. Si ya terminamos de enternecernos con “Una Letra”, cuando llegó “Ojos del Sol” las confusiones se volvieron hermosas. La dejaron sola en el escenario, especialmente nerviosa porque era un tema inspirado en su familia: tanta intimidad había que a veces le fallaba la letra. Pero no pasaba nada: los otros músicos, sentados en la escalera lateral de la sala, le hacían los coros, mientras el público la animaba.

Y así terminaba el concierto de Y La Bamba, con un diálogo que iba más allá del que canta y el que escucha. El único “problema” es que las emociones enganchan, y más de uno queremos volver a verla en directo.

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