Extremoduro, el adiós de una banda única

Por Armando Rendón 0

Extremoduro

Extremoduro comunicó a través de su web que se separan definitivamente tras una dilatada y exitosa trayectoria musical. Nos queda su música y su legado revolucionario.

Todo empezó allá por 1987, en esa tierra extremeña tan rica en todo y tan abandonada en casi todo. Si hoy aun cuesta llegar en tren a la comunidad, en aquella época todo era aún más difícil para la gente extremeña que se debatía entre la supervivencia en el campo o la emigración a Madrid. Desde mi Andalucía occidental, siempre han sido esos hermanos cercanos que padecían las mismas dificultades que nosotros, gente de bien. Allí, como aquí, vivíamos una época compleja en lo social tras pocos años en democracia y con una juventud que por fin empezaba a abrirse al mundo “real” sin ataduras ni cortapisas. Esto hizo, lógicamente, que para muchos poder experimentar tanto se les fuese de madre, pero esa es otra historia. Cuando nacieron Extremoduro yo ya calzaba quince años. Años en los que la música “diferente” te llegaba a cuenta gotas, a través de amigos, de viajes al extranjero, de revistas especializadas, de frikis que iban a conciertos y sobre todo, de garitos donde los “DJ” tenían un brutal bagaje cultural y musical, que nos nutría a todos.

A mi me pillo en plena postadolescencia, con mis primeros walkman, mis bolis Bic como rebobinadores de cintas y ganándome a pulso ser “el raro” de mi entorno (o el ateillo buena gente para el Director de mi cole, los Salesianos). Para mi era época de guardapolvos, sonidos de la new wave y sobre todo, mucha reivindicación en todo. A pesar de ello, a mi me llegaron justo antes de entrar a la Universidad, cuando escuché “Jesucristo García”. El rock progresivo y las letras que se gastaban, hacía que la banda te diese, nos diese justo lo que demandábamos y con unos niveles de calidad fuera de lo normal. Con diecisiete años, escuchar a una banda tocar sobre drogas, sexo y amor, lo era todo. La imagen que nos transmitían, escasamente cuidada, alejada del estereotipo natural de la época, fuera de lo socialmente aceptable, hacía que te pegaras a ellos, como lo hicimos a Heroes, por que nos encantaban y por reivindicar que no queríamos ser Ronaldos, ni Hombres G, ni nada parecido.

 

Pero con Extremo, que ya se habían medio consagrado con “Deltoya” (1992), paso algo fantástico y similar a Heroes o Radio Futura. Fueron capaces de unir a todos los jóvenes de distintos estratos sociales. Recuerdo sin ir más lejos a gente de todas las clases brincando al ritmo de “Deltoya” en la Expo 92 de Sevilla, unos vestidos de negro, otros de “hevis” y otros con sus castellanos y “jerseys” de pico. Robe Iniesta se convertía en ese antihéroe al que tienes que adorar, pero que sabes que en cualquier momento va a desaparecer porque no era posible aguantar aquella tralla de desenfreno y locura vital.

Después vinieron años de éxitos, nuevas bandas, nuevos miembros, apuestas distintas, pero siempre manteniendo Extremoduro el elemento común multiplicador de Robe como referencia, eterna diría yo. Entre tanto, nos regalaron “So Payaso”, la canción que sin duda alguna más he cantado con mis amigos los días de salida, junto al Volando Voy de Kiko Veneno. Con tantos años “a cuestas” lo normal eran que los vaivenes fuesen constantes en la banda, pero el pegamento musical siguió vivo a lo largo de mucho tiempo, hasta que en 2015 parecía que la relación ya no volvería a ser la que era.

 

Entre tanto, en 2008, se sacaron el que es para mi es uno de los mejores discos de la historia del rock en español “La Ley Innata”. Llevaban seis años sin grabar y se sacaron de la chistera un álbum de una sola canción de 45 minutos, que nos voló literalmente el cerebro. ¿Y por qué este disco tiene tanto valor? Porque supieron reinventarse, sin olvidar su esencia, dándole un giro a la lírica de sus canciones y dotando de nuevos sonidos (incluido el propio Malikian) que no solo no desentonaban, sino que aportaban un nuevo concepto musical al grupo. Así que sumen, seis años sin crear nada, una sola canción de 45 minutos y una revolución en su estilo, ¿difícil no? Repasar sus innumerables “singles” es casi imposible por el número de ellos.

 

Ayer dijeron adiós cuando mi hija se asoma a los 15 años con los que yo empecé a disfrutarlos. Llevo pegado a ellos más de treinta, recurriendo a ellos de cuando en vez y de vez en cuando. Y nunca entoné su famoso “me estoy quitando” en lo relativo a su música, nunca deserté, nunca los olvidé, simple y llanamente por egoísmo, porque escucharlos siempre me ha hecho recuperar vivencias con mis amigos y parejas, me ha sacado una sonrisa y sobre todo me ha hecho disfrutar como con pocas bandas de una de las cosas que mas me gusta en este mundo, la MÚSICA. Así que solo puedo darles las GRACIAS ETERNAS, os seguiremos escuchando hoy, mañana y siempre.

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