Crónica del concierto de Carrera en Madrid (Moby Dick)

Por Ana Rguez. Borrego 0

Presentaban su EP homónimo, editado por Lago/Cráter

Qué tramposa es la memoria. Un concierto con La Trinidad por aquí, otro concierto con Medalla por allá… era tan habitual ver a Carrera en directo en 2019 que era fácil pensar que llevaban más tiempo. Pero no. Fue justo en la primavera de ese año cuando comenzaron a moverse. Y a convencer: su sonido puede llegar a ser apabullante, especialmente para aquellos que iniciamos nuestra educación musical en los noventa.

Esa sensación se reforzaba por la necesidad de volver a escucharlos. Nada en Spotify, nada en Bandcamp… evidentemente había que buscar un nuevo concierto de Carrera para poder escucharles de nuevo. Afortunadamente, aunque el 2020 frenara su imparable progresión, que prometía hacerles indispensables en un buen número de conciertos y festivales, el fatídico año terminó con un EP con cuatro canciones de ellos. Estaban preparadas, así que ¿por qué no publicarlas y rellenar así esa especie de carencia que tenían aquellos que les seguían? La cuestión es que siempre queremos más: ver otra vez a Carrera en directo.

Y así abrimos 2021, comprobando el poderío sonoro de Carrera, que no han perdido músculo. Apenas han podido tocar durante un año y cerraron 2020 anunciando un cambio en la formación (Carla Silván sustituía a Pedro García, al que le dedicarían una de las canciones). ¿Todo en contra? Eso a ellos les da igual: no hay obstáculos. Ni el pedal del bombo que troleó a Hanna Grande al comienzo del concierto.

No pasa nada, se vuelve a empezar. Porque había que hacerlo por todo lo alto, a tope de ritmo y distorsión. También en lo que se refiere a las emociones, pues optaron por un setlist en cierto modo envolvente. Junto a “Entre el pecho y la espalda”, Carrera comenzó con algunas de sus nuevas canciones. Temas en los que hay un punto rabioso, de reacción y de inconformismo vital, que les invitaba a sacar lo máximo de sus instrumentos. Una auténtica sacudida en la que la distorsión te introducía poco a poco en su universo, que te cautivaba por esas reminiscencias a la última década del siglo XX. Una vez allí acomodados, había que cambiar de sentido.

Así lo comentaba Tomás Avilés: era el momento de tocar algunas de sus primeras canciones. Reflejo de una etapa más melancólica, nos descubría esa faceta más introspectiva, en la que él se desnudaba y transformaba las emociones en canciones. Una bajada de intensidad sonora que no en lo que se refiere a la maestría de Carrera: no hay sólo distorsión y guitarrazos, no se limitan a la faceta más ruidosa del post-punk. De hecho, en algunos momentos, Gonzalo Barbero abandonaba la guitarra para matizar esas sensaciones en forma de teclado. Y esa es la clave, pues traducen el fraseo de Tomás en melodía, más sutil o más densa según lo que requiera esa canción. Su sonido está, esos estilemas que les hacen reconocibles, pero no se puede decir que todas sus canciones suenen igual: un punto a su favor del que no pueden presumir todos los grupos.

Ya quedaba poco y había que retomar el objetivo principal de este concierto: presentar su EP. Cerraban ese núcleo más sosegado para retomar esa evolución compositiva que han tenido durante estos años. Con “Buscando un hueco”, “La importancia de estar cómodo” y “El Café” acababan, con todo el público entregado. Pese a las mascarillas que parecen ocultar emociones, quedaba claro que todos los que allí estaban se sabían las canciones. Y esa respuesta del público multiplicó esa energía que estaba desde el principio, que parecía flotar, por esa felicidad de poder volver a tocar en directo.

Y una vez más confirmábamos la idea que ya teníamos: Carrera no falla en concierto.

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