Entrevista a Baiuca: De la morriña a lo enxebre

Por Ana Rguez. Borrego 0

Baiuca

Baiuca tiene algo que encandila. Quizás porque sorprende por su capacidad para crear un sonido depurado y auténtico a partir de algo tradicional, una música que conecta con las sensaciones más atávicas de cada uno de nosotros. Porque no es algo aislado, que solamente emociona a un tipo de público. Habiendo vivido cómo se llenaba el patio del Espacio Santa Clara en el Monkey Week 2019, y tras verlo en directo, colgando sucesivamente el cartel de “no hay entradas”, te das cuenta de que no es un fenómeno aislado.

Si con Solpor (Raso Estudio, 2018) Baiuca nos dejó boquiabiertos, con Embruxo (Raso Estudio, 2021) parece que nos vuela la cabeza. ¿Porque no nos esperábamos algo tan grandioso? Puede ser. Encarar un segundo trabajo puede ser complicado por lo que un artista como Baiuca puede llegar a autoexigirse y por todo lo que el público puede llegar a esperar. Pero él lo ha sacado con nota: una evolución vibrante, que con cada escucha crece, pues percibes miles de detalles y de emociones.

Y los que quedan por descubrir. Por todo eso merecía la pena charlar con Baiuca, para descubrir todo lo que hay en Embruxo y en su manera de crear.

En 2018 publicaste Solpor, un disco que ha tenido una recepción brutal. ¿Cómo te sentiste? ¿Te lo llegaste a esperar en algún momento?

Creo que fue un poco la evolución de todo. No sé, el directo empezó a funcionar muy bien… Luego fui sacando cosas más pequeñas, un poco por experimentar con formatos más pequeños, pero también por seguir manteniendo vivo Solpor. Yo no quería que con el EP siguiente, ni con los singles, se matara el disco anterior. Tampoco te sé decir si me lo esperaba o no, pero sí que yo apostaba por ello.

Es inevitable preguntarte por ello. La primera vez que oí hablar de ti fue en el Sound Isidro de 2018, que estaba programado en el Café La Palma el concierto de Baiuca, Mounqup y Boyanka Kostova, dos propuestas que poco tienen que ver contigo. Un concierto muy pequeño para lo que vendría después.

Claro, es que al año siguiente toqué en San Isidro, en la Pradera, que ahí sí que fue un punto de inflexión grande, de repente. Yo creo que también el tener un formato con músicos en directo le dio otra dimensión al proyecto.

Me gusta seguir manteniendo el formato de ir solo, con visuales, porque es algo que disfruto y que creo que está muy bien para otro tipo de ambientes, enfocado ya más al club. Me gusta diferenciarlo del concepto “con banda”, donde las voces son más protagonistas que cuando voy solo, y me gusta mantener las dos cosas: son sensaciones diferentes. Cuando voy solo, tengo el dominio de todo, puedo improvisar más en directo, pero claro, cuando estás en un escenario tocando con más gente es algo que también disfruto mucho.

En 2020 grabas este nuevo disco, Embruxo (Raso Estudio, 2021). ¿Era algo que ya tenías planeado desde un principio o el confinamiento te llevó a la creación pura y dura?

Yo no quería hacer un disco que tuviera nada que ver con la pandemia. Creo que mis discos tienen algo de atemporalidad que me gusta que siga siendo así. Yo no quería que lo que estaba pasando fuera influenciara en algo a lo que era mi segundo disco, que para mí era importante. Y ya tenía esas fechas para hacerlo.

Sabía desde Navidades que en marzo me tenía que sentar a hacer el disco. Tenía como una semana y no mucho más tiempo porque realmente seguíamos girando. Estaba un poco agobiado en el sentido de que no sabía en qué momento podría hacerlo. Porque claro, cuando estás girando, tú te vas de casa un jueves o un viernes y vuelves el domingo, el lunes no trabajas, es imposible, y ya pasa la semana y tienes que volverte a ir. Con esa dinámica me cuesta mucho trabajar.

Entonces, al final, estar encerrado me sirvió para enfocarme en el disco. Pero no quería relacionarlo con la pandemia ni quería que me afectara en nada. Quería hacer el disco que ya tenía en mente.

La puñetera etiqueta de “discos de la pandemia” casi obliga a hacer esa pregunta, porque coincide con ese tiempo. Pero también es cierto que muchos de esos trabajos ya tenían ese plan y por qué no iban a seguir con ello.

Sí que hay gente que creo que aprovechó para hacer música, que igual antes no se lo planteaban. Pero claro, cuando tú tienes esa idea de hacerlo, yo creo que ya sigues.

Y más con el ritmo de actuaciones que comentabas, porque entre unas cosas y otras, ¿qué tiempo te queda? ¿El martes y el miércoles?

Y el martes también te cuesta. Hasta el miércoles realmente no te enganchas y el jueves ya estás pensando en irte otra vez. Y claro, si no tienes esa dinámica… a mí, por lo menos me cuesta mucho. Viajando lo mismo hay veces que intento hacer algo, pero tampoco me siento muy cómodo para ponerme a hacer música cuando ya estoy en ruta.

Supongo que te puede venir una idea, apuntarla, pensar sobre ella…

Sí, puedes hacerlo, pero eso al final no es el grueso.

Y más con un segundo disco, que se presenta con unas expectativas bastante grandes por parte del público con Baiuca, y por tu apuesta personal a la hora de crearlo, pues te distancias un poco de los samplers, ya sea porque compones directamente, porque recreas ese sonido…

Pues en este disco no hay ninguna canción, digamos de las que son cantadas, que esté compuesta por mí en cuanto a la melodía, que sí que había en Solpor: tanto “Solpor” como “Morriña” son canciones puramente compuestas por mí. Y en este disco todas las melodías beben de la tradición, las coplas tienen relación con las tradiciones, y con la poesía de finales del XIX y de principios del XX.

Quería que el sampler tuviera una representación mínima en este disco, porque quería que este fuera uno de los cambios. El meternos en el estudio para grabar muchas percusiones, y que la percusión fuera un elemento principal fue de hecho el punto de partida del disco. Meterme con Xosé Lois Romero a grabar percusiones: lo hice casi un año antes, en 2019, sin saber para qué iban a ser, para tener yo ahí mi disco duro, y cuando quisiera hacer el disco tener ese material, y así si nos servía algo, ya lo volveríamos a grabar, pero con una base de lo que quería hacer.

En cuanto a sonido, yo creo que ese es uno de los cambios fundamentales.

Me cuadra con la sensación que he tenido tras escuchar varias veces el disco. Comparándolo con Solpor, me parecía que era más metálico, y quizás se deba a la percusión.

Hay mucha percusión de parche, y quería que la piel fuera parte de lo fundamental. Porque la piel, como muchos otros, tiene caja de resonancia: no es lo mismo golpear aquí una mesa, que suena solo lo que golpeas, a cuando tienes una caja y consigues tener, digamos, un sonido armónico. Suena una nota musical. De hecho, hay temas en los que no hay instrumentos melódicos por así decirlo.

Con la propia percusión quería crear esa propia armonía, que ya tuvieran peso esas notas musicales que crea la percusión. Fue uno de los retos. Pero claro, en la percusión tradicional, como tú dices, hay mucho metal. Tanto en las panderetas, y sobre todo en las tixolas, que son como sartenes antiguas que golpeas con la típica llave de puerta gigante. Creo que tienen mucho peso en el disco: hay una parte metálica muy importante.

Es interesante, porque en el anterior disco, Xosé Lois Romero te dejó las pistas de su trabajo para que investigaras sobre ello, pero en esta ocasión has contado también en la composición con Andrea y Alejandra Montero, que ya te acompañan en directo y que forman parte de Lilaina.

Son ellas dos, más otra hermana suya y una prima. Ellas forman Lilaina, además de formar parte de Aliboria. Y fue un descubrimiento, a través de Aliboria, de esa conexión con Xosé Lois. Yo quería montar ya un proyecto en directo con voces y justo aprovechamos para que ellas vinieran. Y claro, el trabajo de misturas no dejó de ser el de trabajar con las pistas de Aliboria, pero sin hacerlo con ellas personalmente. Por eso, para este disco, yo quería contar con Xosé Lois por un lado, y con ellas por otro. Me parecía que Aliboria como grupo no tenía sentido en este disco, sino que lo tenía más el contar con Lilaina para componer. Sobre todo para recopilar y pensar qué melodías tradicionales queríamos hacer, porque parte de esas melodías forman parte de su repertorio, que ellas aprendieron y yo también en parte, que estuvieron haciendo grabaciones por Galicia, recogiendo canciones de señoras mayores de los pueblos.

Y por otro lado Xosé Lois aportando todo su conocimiento de los instrumentos tradicionales. Lo que pasó con él es que nos metimos en el estudio previamente, y luego, cuando ya tenía todo el proceso compositivo terminado. Entonces Xosé Lois no interviene en la composición de los temas, pero sí Alejandra y Andrea por las recogidas que habían hecho y también porque, aunque yo hice la selección de coplas y cree a través de coplas tradicionales mis propias coplas, mezcladas con poemas, ellas sí que tuvieron una parte en la selección. Por eso yo creo que tenían que estar como compositoras.

También me llama la atención que en Embruxo te enfocas sobre un tema. Repasando Solpor, para comparar ambos trabajos, parece que era más una colección de paisajes, ambientes, visiones… que evocan a Galicia, mientras que en Embruxo te centras en un tema tan vinculado a Galicia como es el de las meigas y lo que gira en torno a ellas. ¿Fue algo premeditado o surgió al hilo de las investigaciones que me contabas?

Sí, creo que el primer disco simplemente era esa mezcla que yo quería hacer de electrónica y lo tradicional, popular, sin pensar en una temática concreta. Ese disco lo hice aquí, desde Madrid, entonces parte de mi composición era visualizarme allá, por eso estaban muy presentes lo que hablabas de esas visiones, de esos paisajes de Galicia, lo que yo quería vivir desde aquí. En cambio ahora quería abordar un concepto concreto y todo el tema de la cultura espiritual me interesaba mucho.

Además, Adrián Canoura, la persona que hace casi todos los videos, ya hizo una película, Caerán lóstregos do ceo (2018), en la que ya indagaba todo esto, y me parecía interesante, teniéndole a él de mano, abordar este tema desde otro punto, y conocer yo también partes de esas historias que no conocería si no fuera por hacer un disco así. Y me parecía mucho más interesante hacerlo de esa forma.

Una de las colaboraciones más notables es la de Rodrigo Cuevas en “Veleno”. Él también está trabajando en esa recuperación de la cultura tradicional (en este caso, asturiana), pero esta confluencia es realmente interesante porque pertenecéis a culturas próximas y lejanas a la vez en el plano geográfico: hay un continuum entre una y otra pero las fronteras naturales marcan y definen esas diferencias.

Pues mira, yo creo que hay mucha cercanía cultural, por la distancia, pero también, cuando yo me puse a investigar sobre estos seres mágicos, vi que muchos de ellos eran prácticamente iguales en Galicia y en Asturias pero con otros nombres. Entonces hay muchas diferencias pero también muchas similitudes.

Y Rodrigo al final también tiene mucho apego por la cultura gallega, porque él estuvo viviendo en Pontevedra unos años. Lo conocí en el primer año que empecé a tocar. Coincidimos, él estaba de público en un concierto, y empezamos a tener interés por lo que estábamos haciendo. Habíamos estado a punto de colaborar previamente, y ya era una cosa que tenía que pasar tarde o temprano.

Aunque es verdad que este disco lo quería basar sobre todo en las voces de mujeres, ese tema en concreto me parecía que lo tenía que cantar una voz masculina y por eso pensé en él desde el primer momento. Y él superinteresado, en el sentido de que desde el primer momento dijo que sí. Nos sirvió para conocernos más a nivel personal, que es algo que agradezco: el poder estar en el videoclip, compartiendo con él varios días de rodaje y conocerlo, porque es un diez como persona.

Tanto la estética de ese video como el diseño del disco, inspirado en los petroglifos, recogen a la perfección todo eso de lo que estás hablando en el disco. Adrián Canoura lo hace en imágenes y Baiuca en sonido.

Queríamos ir un poco a la par. Él también usaba muchas imágenes de archivo, igual que yo usaba lo del sampler, y en este disco, como yo quería que lo fundamental fuera meterme a grabar en el estudio, quería también que se pusiese a grabar imágenes de una forma más clara. Queríamos que esa también fuera la diferencia en la parte de visual.

Y apostar por un videoclip, con una producción de un nivel (también de presupuesto) que nunca habíamos hecho. Porque es cierto que al final la obra de Adrián en general es muy experimental, pero en este disco nos apetecía que uno de los videos contara una historia y que fuera una historia en la que muchos de los elementos que están presentes en las canciones aparezcan reflejados en él, ya sean las meigas, ya sean las hierbas de San Juan, ya sea el fuego, la naturaleza, la luna… todo eso aparece reflejado.

Yendo más allá, escuchando las canciones, atendiendo a todos los detalles, de temáticas, de recuperación de lo tradicional… me da la sensación de que en el fondo todo tu trabajo es una reinvindicación de la cultura gallega. Yo creo que, realmente, es una de las grandes desconocidas de nuestro país. Hay mucho más de lo que gente se piensa.

Yo creo, que musicalmente, por ejemplo, el flamenco es la música que está más representada en España, incluso es casi la música de Madrid. Por así decirlo, para mucha gente. Sólo hay que ver el disco de C.Tangana, cuando habla de El madrileño y al final la música que más se está representando es el flamenco.

Creo entonces que las músicas del norte han estado olvidadas durante mucho tiempo, no sé si por la relación que hubo con el franquismo, de apropiación de esos regionalismos como las músicas del régimen. Cuando se llega a la transición, creo que hay un rechazo en parte de todo esto, o es algo como que no interesaba, que luego, por ejemplo, en Galicia el nacionalismo le da una vuelta y lo retoma a partir de los años 90, sobre todo como las músicas del pueblo. Y creo que a día de hoy la cultura gallega y la música es algo que ya no pertecenece a nadie ni nadie se apropia de ello.

Y claro, creo que es un buen momento para reivindicarla, porque hay gente que está llegando a dar su visión desde un punto totalmente diferente a lo que se hizo hasta ahora.

El franquismo fue uno de los problemas que tuvo el gallego (al igual que otras lenguas) porque pretendía hacerla invisible, borrarla de alguna manera, pero era una lengua que se hablaba en los pueblos. La cuestión es que contando con toda la interferencia que ha tenido con el castellano, y que la normalización del gallego es de 1982 si no recuerdo mal, parece que el gallego pierde algo de fuerza, que se queda en una posición inferior.

Yo creo que eso en las letras se ve. Tú coges los textos, y hay muchas palabras que son castellanismos, otras que casi ya no están, y las escribimos casi como lo cantarías. A mí me parece muy interesante eso porque te muestra un poco como la tradición está muy relacionada con la situación política y del idioma en cuanto a la influencia del castellano. Así   acabamos haciendo”Veleno”: cada estrofa está hecha en un idioma, en castellano, en asturiano y en gallego.

No sé, toda esa relación también me parecía interesante, más que normalizar unas letras, una coplas que tradicionalmente se cantaron de otra manera.

Y junto a todas esas palabras, repasando las letras encontramos algo que me parece muy interesante como es la gheada, que también está presente en esas coplas.

Sí, sí, me parecía que tenía que estar, que tenía que ser así.

¿Pero está porque en vuestra zona se pronuncia así o quizás la incluís como representación de ese fenómeno?

No son recogidas de una zona concreta. Por ejemplo, en Catoira, que está en la ría de Arousa, justo donde desemboca, no la hay, pero al otro lado del río, que ya sería provincia de A Coruña, ya hablan con gheada.

La gheada está presente, está todo muy relacionado. Y si se canta así, yo quería mantener eso.

La verdad es que la gheada es un fenómeno que me fascina. Sé que en el gallego también hay zonas en las que se sesea, pero eso es algo también aparece en otras zonas de España. Pero la gheada es algo tan auténtico…

Sí, hay muchas zonas, sobre todo en las rías. Y el seseo también está presente, pero no es algo que aparezca en las letras.

Entiendo que una normalización lingüística en parte ayuda a que no haya una contaminación, sobre todo del castellano. Pero bueno, luego una cosa es escribirlo y otra es cómo se habla. En las coplas que fui leyendo, cuando me adentré en el cancionero popular de Dorothé Schubarth y Anton Santamaría, están reflejadas de esa manera, con la gheada, y por eso yo también quería mantenerla.

Haciendo memoria, si lo piensas detenidamente, esos primeros textos en gallego son los cancioneros galaico-portugueses, en el que se entremezclan esas dos tradiciones que posteriormente se separarían. Pero entre ese momento y el Rexurdimento están esos “anos escuros” en los que apenas hay nada publicado. Pero sí hay algo, tanto esas coplas populares como esos primeros textos en gallego, que no tienen autor y que probablemente en muchos casos sean de origen femenino, lo cual cuadra a la perfección con la presencia de Lilaina.

Pero es curioso porque muchas partes del cancionero están cantadas como si fuera un hombre el que las cantara. Por ejemplo, en el primer tema del disco, “Meigallo” (es una interpretación pero creo que es así), es casi una letra como cantada por un hombre a una mujer, y suele ser así. Pero también le dimos una vuelta: yo cambié algunas palabras y algunas frases para convertir la letra y que fuera cantada por una mujer a otra mujer, que es algo que me parecía superinteresante. Me interesaba también que se notara que estaban cantadas desde el punto de vista de Lilaina.

Lo gallego es algo local, por decirlo de alguna manera, y es cierto que en España identificamos lo que es (aunque se desconozca todo lo que abarca). Pero lo curioso es que fuera de nuestro país Baiuca también ha tenido muy buena acogida. ¿Podría pensarse que en lo tradicional hay un nexo común entre distintos puntos, unas raíces, que hace que la gente conecte con ello?

Yo creo que sí. Y si no la hay creo que la gente busca la conexión. Lo noto. Cuando voy a un sitio y hablas con la gente de ese lugar, se busca como interactuar, buscar lo similar entre culturas. Y en realidad sí que hay muchas similitudes entre muchos lugares diferentes del mundo.

De hecho, creo que en este disco se nota mucho la influencia del norte de África, tanto en la forma de cantar como en la forma de tocar los instrumentos gallegos, que creo que beben mucho de África, sobre todo del norte. Y claro, al final es un punto de inicio de muchas culturas, como por ejemplo la latinoamericana, que tiene mucho que ver con todo eso. Creo que hay conexiones en general.

En cuanto a la parte temática, este disco tiene más que ver con esos mitos y en parte con esa relación oscura (que tampoco lo es tanto) con el norte de Europa, con todos esos países celtas… No sé, en cada cosa vas encontrando conexiones con todos los lados.

Tiene su lógica si lo piensas detenidamente, pues esos orígenes están muy ligados a la percusión: es la forma más básica, más esencial de crear música.

La percusión está claro que sí, pero en la forma de tocarla, de cantar en Galicia creo que claramente la influencia es africana y no europea en ese sentido. La gaita sí que es un instrumento más europeo, aunque también está presente en el Magreb. Pero fundamentalmente en las voces y en las percusiones es donde más se nota.

Como cierre, si Solpor fue el disco de la morriña, de esa nostalgia de la tierra estando en Madrid, ¿Embruxo podría ser el disco de lo enxebre?

En parte sí. Pero es que ahora estoy mucho más en Galicia que antes.

Por eso lo decía, porque es más puro.

Yo creo que sí. Estoy viviendo en Barcelona, pero en parte, por tener que ir a tocar, por tener a la banda allí e ir a ensayar y todo eso, paso mucho más tiempo en Galicia que cuando hice Solpor. Y eso me ha servido, la conexión con gente como Xosé Lois, con Adrián… para reflexionar mucho sobre la relación de la cultura, de la música con Galicia, con lo que yo hago, con lo que podría hacer. Y claro, eso hace que lo enfoques de otra forma, y sí que hay un cambio en ese sentido.

Claro, porque en el primero no tenías tanta conexión, fue prácticamente un disco hecho en solitario.

Sí, fue un trabajo más en solitario, un trabajo más de visionar lo que había allá. Aunque yo haga en Barcelona Embruxo, sí que hay ya más conexión con gente, una cercanía mayor con Galicia. La inspiración del disco está casi hecha, pensada en viajes a Galicia. Y eso antes no lo tenía.

Fotografía de portada: Elisabet Encina