Robe – Mayéutica

Por Cristina Aguilera 0

Robe - Mayéutica

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Robe Iniesta, nuestro mítico e inigualable poeta de los bajos fondos, sorprende con su tercer trabajo en solitario titulado Mayéutica. Este palabro con origen en la Antigua Grecia, hace referencia al método socrático por el cual el hombre debe llegar a la más pura verdad que esconde en su interior. Es, en definitiva, un ejercicio dialéctico donde el hombre se quita sus máscaras para escarbar en la profundidad de su autoconocimiento.

Es cuanto menos, curioso, que Robe haya dado vida a su tercer disco titulándolo con tan pretencioso concepto. Curioso si, aunque en absoluto sorprendente para los seguidores del músico y poeta, pues bajo la máscara de yonqui vicioso, siempre ha resaltado la realidad cruda y a la vez sensible de las letras del autor. Solo tenemos que retrotraernos a canciones como “Buscando una luna” del álbum Agila, donde nuestro extremeño introduce versos del mismísimo Antonio Machado y los entremezcla con su estilo más personal, dando lugar a una canción de aspecto macarra y de fondo delicado, una característica que haría totalmente única a su obra a lo largo de su carrera profesional.

Respecto a su nueva andadura en solitario, que comenzaría en el año 2015 con su Lo que aletea en nuestras cabezas, Robe parece haberse desprendido (nunca del todo, pues nunca dejará de ser aquel poeta callejero) de su máscara socrática. Aquella máscara de la que hablaban los antiguos filósofos atenienses y que según Pierre Hadot incide en el hecho de la culminación del conocimiento de uno mismo y la muestra de su desnudez, quedando el hombre postrado ante sí mismo. Es este nuevo disco, quizás, una declaración de intenciones de su propio creador, el resultado de la búsqueda incesante del yo y la reafirmación del camino poético que emprendió pocos años antes de que se disolviera Extremoduro.

Dentro de un primer análisis esquemático advertimos un paralelismo con La ley innata, ya que este está dividido en movimientos también y además pretende ser una única canción a modo de disco conceptual. En segundo lugar, el Interludio que presenta el disco repite tímidos patrones ya escuchados en Dulce introducción al caos, no es una inspiración ni una casualidad que maneje también la misma armonía, lo que nos hace inclinarnos en que este nuevo disco está íntimamente unido al que sacó Extremoduro en el año 2008. En el “Primer movimiento: después de la catarsis” se nos presenta la exquisita musicalidad de la banda de Robe con el violín como protagonista, elemento común a todo su trabajo en solitario, a la vez que no renuncia a las convenciones del género rock. El “Segundo movimiento: mierda de filosofía”, es un interesante ejercicio de fusión donde llama la atención su principio con un hammond, que sostendría la base de toda la canción. Esto nos hace pensar en un tono progresivo, aunque la guitarra a manos de Woody Amores nos traslada también al aspecto más duro que contenían los trabajos de Extremo.

Escuchada ya la primera parte del disco no deja de llamar la atención los títulos elegidos por Robe, tan próximos a conceptos relacionados a la filosofía occidental. El momento catártico y de ascesis que reivindica el discípulo más famoso de Sócrates, que no es más que el camino a lo trascendente, a la verdad, a lo que realmente importa y lo que nos queda después de haber pasado este momento, que para este nuevo Robe ha consistido en desprenderse de antiguas ataduras y mostrarse en su más pura esencia, dejando de lado, ahora sí, a la filosofía.

La explosión del disco o el “Tercer movimiento: un instante de luz” transporta al cénit de la idea primigenia del disco, y lo hace con un virtuoso rock progresivo aderezado con momentos en suspensión que a veces sorprenden con recursos de ska y funky. Proeza compositiva que nos invita a dejarnos llevar entre escalas. El “Cuarto movimiento: yo no soy dueño de mis emociones” evoca un sueño musicalizado con el espectacular hammond de Álvaro Rodriguez Barroso acompañado de la banda y sus riffs más afilados.

La letra, con sus continuidades y rupturas con el trabajo al completo nos hace pensar por un momento en discos tan memorables como Pedrá, pero con un tono más maduro e íntimo. Un álbum sin complejos que se atreve con la mezcla de géneros y con la expresión más auténtica de Robe. Por otra parte, aunque espectacular en ejecución y producción, deja un sabor amargo a los oídos más exigentes y ávidos de experimentación, dando como resultado un disco redondo que no deja de ser la hermana pequeña de otros ya disfrutados.

Con reminiscencias al Extremoduro más reciente y apocado, Robe hace lo propio y te convence con sus versos de excelente calidad y te deja pensando en la obra inacabada que se presenta en la “Coda feliz”, una pieza eterna y sin final que te deja las puertas y ventanas de su casa abiertas, “para que vuelvas otra vez”.

Robe – Mayéutica