Gary Lucas — The Essential

Por Marcos Gendre 0

Hablar de Gary Lucas es hacerlo de uno de los guitarristas más poliédricos de estas últimas décadas. Alquimista de la heterodoxia blues, su angular estilístico tan amplio se cuajó durante su temporada en la Magic Band de Captain Beefheart. Con semejante aprendizaje, uno se puede suponer que su evolución posterior siempre ha eludido los territorios comunes y la previsibilidad inherente a la gran mayoría de guitarristas dedicados, casi, en exclusiva a ahondar en los misterios de las seis cuerdas. No cuando uno de los proyectos más conocidos de Lucas es Gods & Monsters. Esta fabulosa formación toma las enseñanzas de Captain Beefheart y las destila a través de un libro de estilo quizá más convencional, que no por ello falto de interés. Ni mucho menos. Buena prueba de ello la podemos encontrar en el primer CD de este recopilatorio dedicado a la inabarcable trayectoria de Lucas. Y cuando me remito a interminable es porque, a pesar de que este artefacto cuenta con treinta y seis temas, resulta harto complicado abarcar todas las facetas de un tipo del que, entre otros descartes, se han quedado fuera sus alianzas con grandes como Peter Hammill o Jozef van Wissem. Tampoco se recogen piezas de experimentos tan interesantes como el que llevó a cabo en 2001 mediante su aproximación al pop chino de los años 30, a través del LP The Edge of Heaven.

A pesar de muchas más lagunas (realmente, haría falta un quíntuple LP, por lo menos, para dar cabida a todas las inflexiones artísticas de Lucas), The Essential es una obra anzuelo ideal para caer en las redes de tan inquieto explorador de los híbridos geográficos musicales, con especial atención a sus visiones de la materia oriental, aquí plasmada en rescates tan hermosos como “The Wall”. En otras como “Guanguanco” marida su espectro más atmosférico con nada menos que el prestidigitador electrónico Adrian Sherwood, con quien comparte alucinación por la integración dub en las métricas aceleradas del relámpago eléctrico.

Pero aquí hay más, muchísimos más, y bueno de verdad. Todo un crisol de variables que demuestran la permeabilidad creativa de un tipo que, por su idiosincrasia, es primo lejano de tótems como Marc Ribot y Ry Cooder. Nada menos.