Alhambra Monkey Week 2021: No puedes ir hacia atrás donde no existe el tiempo

Por María José Bernáldez 0

No lo tenían fácil en el Alhambra Monkey Week este año. Al regreso después de todos los ajustes por la pandemia se le sumaba una predicción metereológica un poco loca y un cambio de recinto al que llegamos un poco con el morro torcido porque, claramente, uno de los valores añadidos de este festival es el poder procesionar de bar en bar alrededor de la Alameda de Hércules en busca de nuestra siguiente banda favorita.

No ha desaparecido del todo la parte aventurera porque, de primeras, el recinto del Cartuja Center CITE es casi tan laberíntico como las calles del centro de la ciudad. Entrar al recinto, salir del recinto. Escaleras mecánicas. Moqueta psicodélica. El sueño festivalero de Escher.

Plano del recinto del Monkey Week
(Plano del recinto del Alhambra Monkey Week)

Sin embargo, una vez que te hacías a él,  no sólo era bastante cómodo sino que agradecías tener infinidad de baños disponibles en cualquier planta ( y tardar nada en llegar), el paseíto entre la Puerta 1 y la Puerta 2 para que te diera el aire y poder disfrutar de algún concierto desde algún lugar algo más alejado del tumulto pero con buena visibilidad y bastante buen sonido.

Para los “cabezas” de cartel del festival (Mujeres, Kokoshca, Black Lips) sólo tenemos buenas palabras: público entregado, temazos encadenados, un lleno absoluto, pogos, los feels de la época pre-covid.

Alhambra Monkey Week
Mujeres, petándolo

Pero la gracia del Alhambra Monkey Week, del Monkey, siempre ha sido descubrir bandas que van a romperlo a corto-medio plazo. Disfrutar de las GANAS con las que tocan y de cómo responde el público ante grupos que no son los que copan los carteles de los siete mil festivales que hubo y habrá.

Sonaron canciones en castellano, en gallego, en catalán, en euskera. Se intentó cantar en todo lo anterior con mayor o menor suerte.

No relataremos nuestro periplo por todo lo que vimos, sino que os dejamos con los que, a nuestro parecer, se han ganado nuestro aplauso más sincero y que han hecho de esta edición, un éxito.

  • Unidad y Armonía: La psicodelia de tintes kinkis sigue sorprendiendo por la cantidad de ramificaciones que puede llegar a tener. En este caso, atronaron en el escenario principal hasta casi convertir la Isla de la Cartuja en el desierto de Arizona.
  • Ortiga: El autotune, la cumbia y la fiesta del festival. Sólo faltó el confeti. No quedó nadie que no bailara todo lo que tocó. Alegría desbordante sobre el escenario y en el público. Ortiga es la razón por la que todos esperábamos que volvieran de una vez los conciertos de pie. Por la que hay que recordar llevar calzado cómodo y entrenar un poco para que las agujetas al día siguiente sean menos.

    Alhambra Monkey Week
    Ruiseñora, reina y señora
  • Ruiseñora: No esperéis objetividad porque una es más extremeña que una bellota al lado de un plato de migas. Ver las raíces de la música con la que me he criado mezcladas con la electrónica más innovadora y a todo un festival bailándolo para mí ha sido un momento bastante mágico. Elia es, además, un animal escénico que eclipsa todo lo que sucede alrededor y todo ese conjunto se transforma en un concierto sobresaliente.
  • Depresión Sonora: Estamos muy a favor de esta nueva ola de grupos de postpunk oscurete que suenan a los 80 más densos. Para nosotros partían como favoritos y eran los verdaderos cabezas de cartel del sábado y no defraudaron: transformaron el escenario principal en un garito neoyorkino del que Ian Curtis hubiera salido a hombros y con su chándal de tactel y sus mullets (estamos bastante en contra de esta moda del mullet, por cierto, en serio, stop mullets) enloquecieron a unas primeras filas que lo bailaron y cantaron todo. No nos ha quedado más remedio que usar un verso suyo para titular esta crónica después de cómo nos dejaron.

    Alhambra Monkey Week
    Depresión Sonora y sus mullets.
  • Hnos Munoz: Quizá nunca nos  hubiéramos planteado, a nuestra edad, quedarnos a un concierto de “música urbana”, pero la verdad que los malagueños nos lo pusieron bastante fácil y nos engancharon ofreciéndonos bastante pop y latinisimos con los que no contábamos.
  • No Sé a Quién Matar: No tenían fácil hacerse con el escenario exterior (frío, barra, zona de comidas, de saludos, de echar un cigarro) y, aun así, con desparpajo y sentido del humor granadino transformaron su “pop de salón” en pop de exteriores, cósmico y pegadizo.
  • Ghouljaboy: Metiendo más guitarras en directo de las que esperábamos, su cóctel de postpunk, dreampop, pinceladas trap y j-pop suena como una apisonadora. La realidad es que no hay etiqueta que pueda definirle y nos quedamos con el soplo de aire fresco que eso supone.
  • Ravages: Su versión del “Vamos a la playa” se ha quedado con nosotras todo el fin de semana. Poco o nada queda de los Exsonvaldes en ellos y su oniria en francés nos dio un respiro bastante agradable en la noche del viernes.
Escenario “El Cubo”
  • Rosin de Palo: Ganaron la tradicional “Batalla de Bandas” de Radio 3 y podrían ganar Eurovisión o cualquier cosa que se propongan. Sabíamos de lo original de su propuesta ( he llegado a escuchar que son los Battles baturros) pero no esperábamos un directo tan demoledor con contrabajo, percusión, máscaras con flecos y girasoles. ¿Quieres una etiqueta? Ellos mismos se autodefinieron como Hardineros del funk (con H de HARDCORE). Tendréis que verlos para entenderlos. O quizá salgáis más confundidos todavía.
  • Viuda: Las Siouxsie and the Banshees de Asturias. La Sala X (uno de los escenarios más emblemáticos de Sevilla y del Alhambra Monkey Week) donde pudimos verlas, no es precisamente un recinto agradecido para tocar, pero supieron sacarle partido a las ventajas que ofrece. Punk oscurísimo. Pose perfecta. De mármol, frías y estáticas como reza el estribillo de su “Satánica y de Carabanchel”

    Alhambra Monkey Week
    Ojalá vivir en un concierto de Grande Amore.
  • Grande Amore: Aunque este festival no es un concurso, coronamos a Nuno Pico como ganador del mismo. Es muy valiente plantarte un sábado a las ocho de la tarde en un escenario tú solo, con tus bases, un micrófono y conseguir dar no sólo el espectáculo que dio sino levantar a todo el público, aún frío por la lluvia, la hora y la resaca del día anterior hasta el pogo y el desgañite siguiendo las letras en galego de sus canciones. Ya quisieran los Sleaford Mods saber rematar este formato de directo como él lo hizo. Vaticinamos que se lo rifarán en todos los carteles porque será garantía de espectáculo y buen hacer. Estamos deseando volver a verlo.

En resumen, contamos ya los días que faltan para la edición de 2022. Sea en el centro de Sevilla, en los bares del Puerto de Santa María o en un edificio loco en La Cartuja, el Alhambra Monkey Week es garantía de entretenimiento, novedad y oportunidad. Grupos emergentes, cercanía para ver a grupos consolidados, charlas interesantes sobre los entresijos de la industria (mención especial a la de los lazos con la música portuguesa de este año). Cartel y formato cuidados. Repetimos cada año la misma cantinela, lo sabemos, pero no nos queda más remedio que reconocer el mérito de la organización y más en tiempos difíciles como estos. Larga vida al Monkey.