La cruda historia de Glenn Head en «Chartwell Manor»

Por Marcos Gendre 0

El veterano historietista Glenn Head muestra su propia historia de adolescencia traumática en Chartwell Manor, su nueva novela gráfica.

Hay críticas que merecen empezar por la impresión final. En este sentido, no se me ocurre mejor ejemplo que Chartwell Manor, cómic que, tras su lectura, deja en el lector una sensación que mezcla la excitación de haber contemplado una obra de arte con el miedo indescriptible de las emociones descritas a lo largo de todo su recorrido.

No en vano, estamos ante una novela gráfica en la que su autor, Glenn Head, se desnuda totalmente, mostrando las fauces del dolor sufrido a lo largo de los años de abuso sexual sufridos en un internado, durante su adolescencia. La crudeza mostrada en todo momento es subrayada por un estilo gráfico que se asemeja a una especie de cruce entre Charles Burns y Peter Bagge. Dibujado en imponente blanco y negro, Chartwell Manor consigue lo más difícil: no dejar que el brutal guion que conduce la narración se coma la parte gráfica. Todo lo contrario, más que en ningún otro cómic, Head consigue lo que ya hizo en su momento Spiegelman con Maus o Robert Crumb con “Génesis”. Precisamente, el dios del cómic underground es uno de los mayores entusiastas de esta obra rotunda, simpar. Y es que Chartwell Manor es mucho más que un gran cómic. En realidad, se trata de un profundo y doloroso examen de conciencia de lo que supone un maltrato de estas características y sus consecuencias. Uno que hace palidecer testimonios como el de James Rhodes, figuras que luego han vendido la superación del trauma a través de una insultante felicidad campechana en forma de ceros en su cuenta corriente.

Aquí no hay trampa ni cartón, lo que muestra Chartwell Manor son las cicatrices de una herida hecha viñeta. Un acto de superación para alguien que no vende falsa esperanza ni luz que pueda atenuar el horror mostrado entre sus páginas. Porque esta novela gráfica es un puñetazo al mentón de los abusadores sexuales, un ataque sin medias tintas que aporta nombres reales e incluso insertos en forma de recortes de periódico de la época.

Chartwell Manor es brutal y trascendental en toda su dimensión, un cómic llamado a hacer historia. Y, por fin, lo tenemos entre nosotros.