Entrevista a Estrella Fugaz: Las mil capas del pop y la electrónica

Por Ana Rguez. Borrego 0

Estrella Fugaz

Experimentar, probar los límites del pop, hacer que la electrónica tenga mil capas de significado. De todo eso y más es capaz Lucas Bolaño en Estrella Fugaz, un proyecto que tomó especial forma en 2019, con aquel Un Sendero Fluorescente (Caballito Records, 2019), que poco a poco se ganaba a la gente. Su sutil manera de envolver las emociones, de crear un universo propio plagado de referencias que resultan familiares, engancha.

Afortunadamente, el frenazo que tuvo que dar estos años por lo que todos ya sabemos no ha desinflado a Estrella Fugaz. Él siguió creando canciones geniales con las que hacernos pensar, buscar lo auténtico, mirar hacia delante, al futuro, y vivir lo justo del pasado. Todo eso es Luminosa (Sonido Muchacho, 2022), una buena disculpa para charlar con él sobre todo lo que hay en Estrella Fugaz.

Parece que Estrella Fugaz tomó cierto impulso desde que comenzaste a acompañar con la guitarra a La Estrella de David y con la Residencia Artística en el Matadero, en donde hiciste tu primer disco, Un Sendero Fluorescente (2019). ¿Fue así?

La propuesta de Estrella Fugaz era anterior a la beca de Matadero. De hecho, me presenté una vez antes, o un par incluso. Y era un proyecto que no es que lo tuviera abandonado, pero no sabía muy bien hacia dónde iba. Venía de otro proyecto anterior, Experimental Little Monkey, que lo finalicé porque me parecía que ya no tenía mucho sentido. Yo tampoco tenía ilusión, la formación había ido cambiando y sí que es cierto que me llamaron de Matadero, y fue como una inyección para seguir haciendo cosas. Un poco de ilusión para continuar, ver que tienes medios, un espacio, que tu rutina también cambia… y eso es como una explosión de ánimo.

Y con La Estrella de David empecé a tocar la guitarra e inevitablemente la gente también te hace más caso cuando te ve en otro entorno. Es diferente cuando no te conocen de nada a cuando has salido de un concierto, de tocar con David por ejemplo, porque quizás es un público similar. Les enseñas tu propuesta y tienen un cierto interés, mayor que si no te conocieran.

Ambas cosas han ayudado a que el proyecto fuera adelante. Si no, igual seguiría como siempre.

Publicaste tu primer trabajo en 2019, estuviste en el Monkey Week de ese año y también habías hecho algunos conciertos para presentarlo. Pero esa gira, cuando estaba tomando ritmo, se cortó con el confinamiento y todo lo que vino después. No pudiste presentarlo como se merecía.

Sí, salió, y justo cuando parecía que empezaba a arrancar un poco, que ya había hecho algunas entrevistas, reseñas muy positivas y había cierto interés, desde el underground pero lo había, llegó la pandemia y se cayeron un montonazo de bolos. De hecho, justo el día que empezaron a cerrarnos, más o menos, íbamos a tocar con Carolina Durante y yo me levanté un poco chungo, y hablé con Riki. “Ostras, tío, esto huele mal”. Cancelamos con mucho dolor y horas después Carolina Durante canceló el bolo porque ya explotó todo. Todo lo que había se fue.

Fue un poco bajón, pero mira, las cosas vienen como vienen, para unas cosas mal y para otras… seguro que habrá sido bueno. No sé para qué, pero bueno.

Hay un detalle curioso, porque en los agradecimientos de Un sendero fluorescente (2019) estaba Luis Fernández, y ahora Luminosa (2022) está editado justamente por Sonido Muchacho.

Luis fue… no sé cómo lo llamaban. No era jurado, creo, de la elección de los proyectos, porque eran otros, pero sí que era uno de los asesores mientras estabas con la beca. Conciertan reuniones, tú exponías dudas, pedías opinión y consejo sobre ciertas cosas. y ellos te iban asesorando, contando lo que pudieran contestarte, pero de ahí no surgió nada en realidad.

Todo surgió porque, ya después de publicar Un sendero fluorescente (2019), lo escuchó, sí que le gustó, y me lo volví a encontrar tiempo después en un instituto donde doy clases. Él iba a dar una charla, me lo encontré y dije “tío, Luis, es que tengo este disco ya casi acabado, estoy buscando sellos…” Había hablado con otros, que tampoco me habían hecho mucho caso. Con Luis no había hablado porque en su momento lo dejé caer pero como que no cuajó, porque ya sabes, todo el mundo va con sus líos, sus calendarios, sus cosas… y como que no surgió.

Y cuando me lo encontré me dijo “mándamelo, porque sí que me interesa“. Le gustaba mucho el otro disco, y así le estuve dando la brasa un poco hasta ya que ya me hizo caso y lo lanzamos con el sello. Así que muy contento la verdad, porque a nivel difusión, poder hacer videoclips… ya es mucho más fácil avanzar.

Entre ambos discos se aprecia un cambio de sonido. Desde un inicio, en directo, sólo ibas con Ricardo Ramos, pero desde hace apenas un año, también se ha incorporado Javier Carrasco (Betacam). ¿Ha influido de alguna manera?

Yo he funcionado de la misma manera siempre. Trabajo mucho tiempo solo. En este caso, todo el disco lo he grabado entero en mi casa, excepto algunas baterías que las grabamos en estudio. Pero he funcionado de la misma manera, muy solitaria, y luego arreglando ciertas cosas con Ricardo a la batería, en plan de “venga, Riki, ya tengo todo hecho, tengo las baterías electrónicas, pero en estos temas quiero baterías de verdad“. En algunas tenía ideas que ya sabía lo que quería, en otras era como “qué podemos hacer aquí“, porque él es batería y va a encontrar soluciones mejor que yo.

En el caso de Betacam ya se unió a posteriori. El disco ya estaba grabado o prácticamente, no sé bien las fechas. Hay un tema que sí que está montado sobre un impro que hizo Betacam con sintetizadores modulares. Le dije “venga, vamos a hacer algo juntos” o “pásame algo y trabajamos por email”, y me pasó esta base, que es la de “Uhura y Sulu en una nave de blancos”. Monté ese tema sobre ella.

Pero vamos, la manera de trabajar ha sido más o menos la misma. Mucho tiempo solo y luego funcionando con colaboraciones.

Repasando las letras del disco, parece haber en todas las canciones un toque de atención, una invitación para romper con muchas cosas de la sociedad actual. Un recordatorio de que la realidad no es así, que te la estás imaginando, que es necesario romper con los recuerdos y con cualquier tiempo pasado, como en “El altillo de la casa de tus padres”.

Creo que en el disco, en términos generales, las letras sí que rompen un poco con esa idea de añoranza, aunque es una idea que siempre está ahí. A mí me gusta volver al pasado, a visitarlo, pero también hay que romper en general, también con amigos, relaciones… y mirar un poco más hacia adelante. Vas superando etapas: en el primero también hablaba mucho de la paternidad, y ahora ya no tanto, porque mi hija ya tiene ocho años. Ha pasado mucho tiempo y no voy a estar hablando todo el rato de lo mismo.

Puede haber una cierta ruptura, aunque no precisamente en “El altillo de la casa de tus padres”, porque yo voy a ver a mi madre y rebusco con mi hija los juguetes que tengo en un trastero, o qué cosas hay en el altillo, que tienes olvidadas pero que te devuelven al pasado. Siempre hay una vuelta al pasado: me mola revisitarlo, pero también me gusta mirar a futuro. Tengo 40 palos, y estar mirando todo el rato al pasado es un coñazo. Hay muchas cosas por hacer: las cosas dan muchas vueltas y eso está guay, menos mal.

Esa idea de ruptura también nos invita a no estancarnos. Esa idea aparece en “Mortadela y Filomena”, en esa frase que dice “graba canciones y olvida el resto”. Parece que es algo que te han dicho alguna vez o algo que has pensado, para animarte a ir hacia adelante.

Ese tema es literalmente cosas que me han dicho en varias ocasiones. De hecho, son dos personas que recuerdo que me han dicho algo, como “olvídate de hacer otras cosas, tú dedícate a grabar canciones si puedes y ya está, deja otras cosas que tengas que hacer“. Claro, eso es muy fácil: yo no puedo dejar todo lo que no quiero hacer. Pero sí que es cierto que piensas que igual si no tengo tanto dinero pero tengo más tiempo, tengo que aprovecharlo para hacer las cosas que realmente me gustan. Una persona fue David, de La Estrella de David, que justo me dijo “tío, haz canciones y no te preocupes de otra cosa”, y la otra fue Santi de Caballito Records, mi anterior sello, que aunque ya no estoy en él somos amigos.

Son dos personas que me han pinchado para que haga lo que me mola.

Son consejos positivos, como otros que aparecen en otras canciones. Aunque algunos son un tanto relativos, como en “Aún no sonamos en la radio”, donde hay recomendaciones sobre cómo hacer canciones facilonas como el bombo a negras.

Bueno, el bombo a negras también mola. Hay mucha peña que lo critica y, bueno, si todo lo que haces es un bombo a negras igual es un rollo. Pero también hay que comer un poco de comida basura de vez en cuando. Hay que hacer un poco de todo, hay que cubrir todo el espectro: cuidarse en general, pero también no cuidarse, hacer las cosas mal, o hacer las cosas facilonas, que me parece bien.

De todas formas, es cierto que ese tema es de la última época del proyecto anterior, que era un proyecto un poco más raro. Bueno, no sé si más raro pero un poco menos comestible, menos para todos los públicos, más triste, las letras eran menos accesibles, como más encriptadas, y sí, habla un poco de “haz una cosa más divertida”, de cómo va ir todo bien pero luego se torna mal y las cosas no funcionan. Va un poco de eso.

También es un poco enfurecido, de “joé, tío, estoy aquí trabajando todo el tiempo y no hay manera de salir en la radio, esto es imposible”. Es un poco ese sentimiento de loser, pero que aunque sea así, no te queda otro remedio que hacer lo que quieres hacer.

Pero ese ritmo loser en muchas ocasiones nos lo marca la sociedad actual de alguna manera, con exigencias imposibles. Un buen reflejo de ello es “Uhura y Sulu en una nave de blancos”, que se podría decir que es una distopía, pero es algo que ya está aquí. No hay más que ver el ritmo que se lleva en muchas agencias.

Es así. Es un poco una reflexión sobre el mundo de mierda en el que vivimos, que estamos viviendo el futuro en realidad.

No sé si todo el mundo tendrá esa sensación, pero cuando yo tenía a lo mejor quince años y estaba viendo Regreso al futuro, por ejemplo, me acuerdo de ver esa peli, de cómo iban con tablas voladoras, zapatillas blancas, todo como muy pulcro, muy futurista. No sé qué año decían, pero treinta años después revisito ese momento y veo que el futuro es mucho menos alentador de lo que parecía que iba a ser. En vez de ir en tablas voladoras vamos en patinetes de dos ruedas, con mascarillas, y condiciones laborales de mierda, ganas menos, ya ser mileurista en guay cuando antes era una basura, que tienes que cumplir tiempos imposibles, y la pandemia guay porque trabajas en casa, pero mucha gente estaba 24/7 localizable y teniendo que entregar cosas.

Todo va a peor. El futuro se suponía que todo iba a ser algo más fácil, que las máquinas iban a hacer ciertos trabajos, que podías tener facilidad a nivel de producción, y al final todo es mucho peor. Entonces sí, habla de que vivimos en una distopía, que ya está aquí. El futuro es eso.

El título de la canción se refiere a las minorías representadas en Star Trek, que a día de hoy te hace pensar si no somos todos ellos. Es una referencia a la cultura pop, algo habitual en Estrella Fugaz, pero me preguntaba si todo el mundo es capaz de entenderlas.

Yo hablo de cosas que me gustan, siempre, de pelis de ciencia ficción, series, cosas más antiguas… también si hago una crítica social juego con esa cultura que yo conozco. Hablas un poco de lo que conoces, no de lo que no conoces, es decir, creas tu propio campo de juego para hablar de ciertas cosas. Sé que mucha peña no sabrá quiénes son pero por eso también en el título lo pongo, para que la gente si quiere saber de qué va, que lo sepa.

También es hacer un poco la coña, para que las letras tengan varias capas: una facilona, que puedas entrar a ella, y otras que si quieres investigar, encontrarle el doble sentido, también puedas. Y sí, lo de Uhura y Sulu era precisamente porque son dos minorías étnicas en una serie de 1970, m un asiático y una africana en una nave en la que son todos blancos. Me hacía gracia entonces pensar en todos, que estamos trabajando en una sociedad de mierda, pero sobre todo en personas que trabajan en bancos, y que precisamente los bancos nos tratan como basura. Te tienen pillado por los huevos, no puedes escapar. Entonces me hacía gracia pensar en minorías étnicas que trabajan para blancos, y pensar en la sociedad actual, en la que los bancos nos tienen enganchados.

Era una crítica y una broma también.

El tono sarcástico yo creo que importante, necesario, porque así parece que calan más las ideas. Como ocurre en “Las plantas”, donde pareces reivindicar la autenticidad de cada uno, a través de una vida simple como la de las plantas.

Por un lado, es un poco el odio hacia el ser humano, de “joé, somos lo peor”. Podríamos trabajar por un mundo que fuera mejor pero en realidad todo va peor, porque funcionamos igual que hace siglos: los que gobiernan son cuatro, siempre la codicia puede sobre todo, y aunque tú intentes cambiar de manera individual algo es como imposible. Parece que ha habido cambios, pero cambia la forma, al final es todo lo mismo o me da esa sensación. Quizás esto es un argumento un poco naïf, pero a mí me lo parece.

“Las plantas” es como… Por ejemplo, al final, en la pandemia, yo he tenido la suerte de tener una terraza, plantas y poder permitirme el disfrutar de estar fuera, de estar distendido o simplemente arreglándolas, limpiando. Es un momento que disfruto mucho y que quizás lo reinvidico. Hago un poco de guasa en todo, pero también de crítica, como cuando hablo de que todos los gatos son bonitos, que es esa historia que hubo de una chica que llevaba una bolsa que ponía ACAB, de “All Cats Are Beatiful”. La paró la policia, la llevaron, la pusieron una denuncia… O sea, en qué mundo vivimos, en serio. Es mucho más difícil que metan a un tío en un calabozo por una agresión que a una tía  que lleva un bolsa, que vale, lleva las siglas ACAB, pero en realidad es “All Cats Are Beatiful”. Mira, tío, te jodes. Es lo que hay, pero te pueden llevar a chirona por eso.

Vivimos en un mundo que es absurdo, ridículo.

Parecía, o eso pensábamos, que del confinamiento saldríamos todos mejores, que valoraríamos el tiempo, que volveríamos a lo sencillo. Pero hemos vuelto casi peores. ¿Esa idea te inspiró de alguna manera?

Bueno, no he pensado mucho en si íbamos a salir mejores, la verdad. Es algo que pensaba antes, y que pienso ahora. Yo sí que me he dado cuenta de que bueno, en mi caso, he disfrutado dentro del drama, de ciertos momentos de la pandemia. Porque, por ejemplo, mi pareja que tiene un horario más fijo, que igual verse por la mañana entre semana es imposible, y a lo mejor hasta las siete de la tarde no lo puedo ver y a esa hora me tengo que ir a hacer otras cosas, porque con la cría hay que organizarse. Y así he vivido en mi casa, con mi pareja y con mi hija, pudiendo vivir la vida así, viendo como pasa el tiempo, dentro del drama que es, disfrutando de la terraza, de comer todos juntos un lunes, un martes, un miércoles, y de estar relajados.

En “Una DDH y el Electropura”, has contado con Valdivia. ¿Cómo surgen las colaboraciones?

Creo que no pienso mucho en eso cuando hago las letras y las canciones. Realmente yo no tengo ningún cuaderno con ideas previas, o como con letras hechas con anterioridad. Siempre trabajo con un riff de guitarra que me pueda gustar y ahí voy soltando cosas que me puedan inquietar en un momento, que me gustan, voy montando la canción y cuando la acabo sí que pienso “aquí me molaría que hubiera colaboraciones”.

También pienso en el disco como algo global, no como temas sueltos que se mezclan entre sí. Es como el que en un restaurante prepara un menú de X platos: “quiero que haya unos vinos tal, cosas más saladas o cosas más dulces…” Quiero que haya un poco de variedad, que el disco sea algo que se pueda disfrutar. Entonces pienso que haya colaboraciones, no solo cantar yo, que alguien toque un instrumento para que le dé un rollo diferente. Entonces voy pensando según el rollo de la letra, lo que me sugiera, tiempo de cantar… normalmente dentro del círculo que yo conozco. Es raro que yo haya escrito a alguien que no conozca porque me gusta lo que hace, sino que siempre hay cierta cercanía.

En el caso de Soleá Morente, por ejemplo, yo no la conocía directamente, pero David estaba haciendo cosas con ella en ese momento, yo estaba tocando con él, estaba pensando en colaboraciones, y surgió así. También David grabó unos bajos, con Caliza también era porque hacia una reflexión, un juego de palabras en la letra, que remitían a ella, y entonces me parecía que era ella la que tendría que salir.

Todo es un poco casualidad, o que va encontrando el camino solo. En otras también he pensado en alguna persona al principio, pero no ha podido ser y ha cantado otra persona, o no ha cantado directamente. Cada caso es singular. No tengo nada preconcebido.

¿Y hay alguien con quien te gustaría?

Últimamente hablo mucho de eso. A mí hay un disco que me encantó en su momento, y todavía es un disco al que vuelvo y no me canso jamás, que es el Clandestino (1998) de Manu Chao. Creo que cambió también un poco toda la escena nacional, el cómo se veía el rollo de la fusión. Porque bueno, Mano Negra sí que funcionaba pero tampoco había como mucho más. Y con Clandestino hubo como una explosión: Macaco, Ojos de Brujo… Todo ese rollo de fusión como que explotó. Y yo recuerdo ese disco como EL DISCO. Está en mi top 10 y no me importaría en un momento dado hacer algo con Manu Chao.

O con Kiko Veneno. También me gustaba mucho el Échate un cantecito (1992) y lo siguiente también, pero es un disco al que recurro constantemente, que me gusta mucho. Hay muchos, gente que me gusta, a la que recurro, sobre todo gente que escuchaba más de pequeñajo y que me gustaría volver ahí. Volver al pasado.

No sé por qué, cuando pensaba en posibles colaboraciones que podrían cuadrar contigo, siempre me venía a la cabeza Julián Mayorga.

Pues yo le conocí porque un amigo mío coincidió con él. No sé de qué se conocían y me dijo “oye Lucas, hay un amigo mío, que es colombiano, que acaba de llegar a Madrid y está buscando como para tocar…” Yo creo que en ese momento ya estaba haciendo cosas solo, también era un poco previo a Estrella Fugaz, el final del otro proyecto, o esos coletazos que no sabía muy bien a dónde ir. Y bueno, yo soy hijo de colombiano, mi padre es colombiano y mi madre cántabra, y cuando me dijo que él lo era y que estaba por aquí, que no tenía un círculo para tocar, que no sabía cómo arrancar… Le dije “yo no conozco mucho, pero suelo ir mucho a tocar a Molar” y organizamos un concierto Mayorga y yo.

De hecho, su actual pareja fue compañera mía de la facultad y se conocieron en un concierto en el que Julián Mayorga fue a verme, o no sé si en el anterior. Tengo un vínculo con él que vuelve, y hemos hablado de colaborar pero por circunstancias no ha salido. Pero bueno, ya sabes: estas cosas se hablan en un momento y no salen, y a lo mejor dos años después, de repente, dices ahora. Éste era el momento en el que tenía que pasar y no otro. Entonces sí, no lo descarto. Me parece un musicazo que hace cosas muy interesantes, que está ahí, activo, constantemente, luchando contra viento y marea, y a mí me encantaría. Seguro que sucederá.