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«Manuela y los Cakirukos», de Miguel Brieva

Por Marcos Gendre 0

Manuela y los Cakirukos

Autor de clásicos imprescindibles del octavo arte, como “Dinero”, Miguel Brieva lleva ya años consolidando una trayectoria de crítica afilada e ironía estilizada entre el pop y la pulsión pulp, que bebe directamente de su obsesión por la estética gráfica de los años cincuenta. Estas tres últimas características son las que prevalecen en “Manuela y los Cakirukos”, su último trabajo, el primero en terreno infantil.

Lógicamente, cuando emparentamos términos como “infantil” con Brieva no podemos caer en la trampa de pensar que estamos ante un artefacto exclusivamente para niños. Ni mucho menos. En este sentido, “Manuela y los Cakirukos” es más bien un regalo para gente adulta que necesita conectar con su niño interior. Un viaje a la infancia en toda regla asfaltado sobre un camino de referencias que incluyen “El club de los cinco”, la ciencia ficción más alocada y cierto componente posmodernista en ciertos tramos de su lectura.

Más allá de toda descripción estilística de este cuento infantil, lo que prevalece por encima de todo es la personalidad intransferible de Brieva, adaptada para la ocasión en un viaje donde, ante todo, prima la intención de arrastrarnos a una aventura inolvidable, en clara consonancia con las dinámicas de estilo propuestas en los años ochenta con películas como “Los Goonies” o “El chip prodigioso”.

En un principio, el pulmón narrativo nos propone la clásica aventura de verano con unos niños protagonistas. Sin embargo, nada que provenga de Brieva se puede adherir a los lugares comunes. Tampoco con este cuento mágico, de una belleza, sencillamente, desbordante, a través de la cual todo lector/a con un mínimo de sensibilidad se verá arrastrado sin remisión. Uno que además abre una nueva faceta dentro del ya, de por sí, amplio abanico de versiones de sí mismo que el autor andaluz lleva sumando a su currículum desde hace dos décadas.

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