«Succión» de Dave Cooper

Por Marcos Gendre 0

Dave Cooper

Aclamado como uno de los grandes autores del cómic underground estadounidense, en 1997, Dave Cooper hizo de “Succión” uno de los pilares de su trayectoria, jalonada por otros títulos imprescindibles de la ortodoxia independiente, tales que “Escombros” y “Dan y Larry”.

Pero ahora centrémonos en “Succión”, cómic reeditado por La Cúpula, en el que el protagonista, Basil, es arrastrado a una yinkana de microhistorias que sirven como fin para apelar a una profunda conciencia social que hará reflexionar de forma abrupta al lector/a.

La simbología sexual alienígena y turbadora a la que nos arrastra Cooper a través de sus viñetas puede entenderse como una especie de híbrido fantabuloso entre la imaginación mórbida de Charles Burns y los trazos grotescos del lápiz de Robert Crumb.

Seguramente, estos dos pioneros del cómic underground sean las referencias básicas para entender la metodología artística de Cooper, tanto en la semilla de sus guiones como en su forma de dibujar. En este último caso, la huella crumbiana es más que evidente, aunque Cooper consigue armar un estilo propio y definido

En “Succión”, es como si hubiera trazado su mensaje en torno a una idea central: plantear un universo de etimología contraria a los valores críticos de Moebius. Así, mientras el francés siempre busca un orden crítico en sus diferentes representaciones ecologistas, Cooper prefiere el caos total. Una suerte de entropía confeccionada de manera falsamente aleatoria. La misma que sirve como idea subyacente a lo largo de 148 páginas tejidas en forma de fábula delirante, a través de la cual asistimos al ciclo vital de Basil.

Bajo dicha excusa, somos partícipes de los miedos que van creciendo en torno a sus diferentes encontronazos con un mundo hostil, donde también hay lugar para una perspectiva romántica, donde la crueldad que se respira en todo momento es la respuesta la ingenuidad de la que hace gala Basil en mucho momentos.

En definitiva, un título obligatorio para todo ser con un mínimo de interés por la expresión más lúcida del cómic underground norteamericano facturado en los años noventa.

Dave Cooper