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«Blake y Mortimer» de Edgar P. Jacobs

Por Marcos Gendre 0

Blake y Mortimer

Que una saga como la de “Las aventuras de Blake y Mortimer” es una de las más relevantes de la historia del noveno arte queda constatado en un hecho que destaca por encima de otro: cómo sobrevivió al fin de los días de su creador al frente de la serie a través de clásicos del cómic como “El valle de los inmortales” o “El último faraón”. En ambos, los encargados de recoger el testigo de Edgar P. Jacobs, su creador, dan una lección soberana de respeto y evolución estilística, respetando los cánones del cómic original. Precisamente, este último título es la continuación de “El misterio de la gran pirámide” (1950), el segundo de los álbumes aquí reunidos y el más brillante de los dos.

Lo que hoy tenemos aquí es nada menos que el primer tomo de una reedición por todo lo alto llevada a cabo por Norma editorial, en la que, además de arte inédito del genio belga, también contamos con sendas, y reveladoras, introducciones con Antonio Altarriba y Jorge García como encargados de las mismas. Digo esto último porque recomiendo encarecidamente no empezar con las dos aventuras aquí recogidas sin leer estos textos, gracias a los que podremos disfrutar de cada viñeta bajo la perspectiva y detalles ofrecidos por ambos estudiosos del cómic, ya sea con sus reflexiones en torno al perfeccionismo de Jacobs en la estructuración del dibujo del espadón como en el rigor histórico que nutre cada escena de “El misterio de la gran pirámide”.

Tanto “El secreto del espadón” (1947) como este último título son los primeros de una serie que, todo sea dicho, incluso va a ir a más en las siguientes entregas programadas por Norma editorial. No en vano, no debemos olvidar nunca que en una lista de los mejores cómics de la historia la ausencia de títulos como “La marca amarilla” o “S.O.S. Meteoros” debería estar penada de alguna forma.

De todos modos, sería de necios obviar la fastuosa acción bélica aérea del primer tomo y el brillante uso de la egiptología, de moda en aquellos años, a través de la que fluye la segunda entrega, con un libro de bitácora metodológico más definido.

“Las aventuras de Blake y Mortimer” tuvieron su hueco en la mítica revista “Tintín”. Tal hecho no es ninguna coincidencia, ya que este cómic es claramente deudor del clásico por el cual Hergé siempre será recordado como uno de los autores indispensables del mundo de la viñeta.

A partir de la segunda mitad de los años cuarenta, Jacobs formó parte del equipo creativo del belga. Su pertenencia al universo de Tintín fue una sana influencia tanto en su detallista estilo claro de dibujo como en la capacidad para mezclar géneros en una fórmula única donde aventura, humor e historia se dan la mano en una lectura que resulta difícil contemplar como un trabajo de hace ya casi ocho décadas.

Estos dos cómics son deudores de su época, lo cual también es símbolo de modernidad y clasicismo, a partes iguales. Por ejemplo, una de las características más reconocibles de Jacobs ha sido siempre su gusto por los bocadillos de texto enormes, algo que, lejos de ser una sobre explicación, funciona como pausa y timón ideal de un ritmo endiablado de acción e intensidad que irá siendo perfeccionado en las siguientes entregas de un cómic que tuvo a Jacobs al frente hasta su muerte, en 1987, pero que sigue vivo a día de hoy gracias a autores ilustres como Jean Van Hamme o François Schuiten. Pero eso ya es otra historia. Grande, pero otra historia.

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