«La decimotercera planta» de John Wagner, Alan Grant y José Ortiz

Por Marcos Gendre 0

La decimotercera planta

Si hay una evidencia que resalta con la edición de los diferentes volúmenes que conforman “La decimotercera planta” es que estamos pasando unos años gloriosos para recordar el arte a los lápices del gran José Ortiz.

Ya sea a través de cómics reeditados como las “Mil caras de Jack el destripador” o “La casa del diablo”, publicados por Isla de Nabumbu, un hecho prevalece por encima de todos: la enhorabuena por poder disfrutar de un genio a los lápices. El mismo que en su etapa británica junto a John Wagner y Alan Grant (de quienes surgieron clásicos de la ciencia ficción como “Perro de Estroncio” y “Juez Dredd”) nos regaló su habilidad única con el género de terror por medio de “La decimotercera planta”. No en vano, estamos hablando de otro de esos clásicos que nos brindó la gloriosa cosecha ochentera del cómic británico. Una en la que Ortiz tuvo algo que ver gracias a su don a la hora de extraer oro puro de los inquietantes juegos de sombras con las que definió unas historias cortas, aunque unidas a través de sus personajes a lo largo de los diferentes volúmenes que glosan esta colección.

Enmarcado en una franja donde humor negro y ciencia ficción de domótica terrible se fusionan en un cuadro de terror inapelable, los guiones hilados por Wagner y Grant se aprovechan de la habilidad de Ortiz cuando se trata de plasmar los extremos emocionales generados por el horror.

Pero si por algo se define este clásico del género es por su crisol de manifestaciones costumbristas, unas que beben directamente de los seriales de terror que hicieron de la BBC2 la verdadera reina de la televisión entre los años cincuenta y ochenta, con joyas a redescubrir como la inquietante “Zafiro y Acero”.

Otra característica que aflora a lo largo de la lectura de este cómic es la inspiración central de este cómic, que data de 1984, se debe a la mala experiencia que tuvo Grant viviendo en un barrio al sur de Londres, lo cual le sirvió para alimentar a unas musas que en este ascenso a la temida decimotercera planta estuvieron, ciertamente, sobresalientes.