Hosting WordPress

Entrevista a RIPOLL – Resistencia al desencanto

Por Ana Rguez. Borrego 0

RIPOLL

A David Ripoll, a Koldo, le conocemos hace tiempo. Su cara nos resulta familiar pues ha formado de diferentes grupos. Pero hay proyectos que necesitan un descanso, que se acaban por diversas razones, y algunos de sus músicos necesitan continuar. Porque de alguna manera las notas, las melodías son algo que dan sentido a la vida. Y así surge RIPOLL, un nuevo proyecto que nos ha ido descubriendo poco a poco en forma de canciones. Adelantos que desgranaban una nueva personalidad, más allá de géneros y modas, que se caracteriza por la pulcritud de su sonido, por la empatía de sus letras.

Para saber sobre su disco de debut, El sueño fantasma (Lunar Discos, 2024), entrevistamos a RIPOLL:

Alborotador Gomasio, El Pardo, Viaje a Sidney… Es inevitable pensar que ha costado un poco el que te lanzaras a presentarte en solitario. ¿Cómo surgió, cómo te decidiste?

Un poco por necesidad, más que por gusto. Cuando acabó Viaje a Sidney, tenía algunas canciones y yo quería seguir grabando y tocando en directo. Hacer carrera en solitario, la verdad es que nunca ha sido algo muy de mi antojo. Aunque con RIPOLL, todo el proyecto gire en torno a mi apellido, me sigue gustando la idea de pensar que las personas que me acompañan formamos un grupo y seguimos funcionando como banda. Las personas que apuestan más por ser intérpretes en solitario, en lugar de preferir el funcionamiento de un grupo no son de fiar.

Una de las cosas que más me gustan en RIPOLL es que sigo haciendo esto con amigos, capaces de aguantarme y de afrontar entre todos nuestras “películas” en el local de ensayo. De RIPOLL forman parte Francisco Jiménez (batería) y Juan Pedro Gálvez (bajo) -a los que ya conozco de mi etapa en Viaje a Sidney-, Manuel Dacosta (guitarra) -de los buenos de Gente Terrible-, y Miguel Breñas como productor, con el que compartí unos cuantos años en Alborotador Gomasio y otros tantos en El Pardo y Hazte Lapón. En los grupos se viven sensaciones de una manera más espontánea y ágil. Son instantes compartidos dentro la colectividad de la amistad, la convivencia y, además, fruto de la efervescencia juvenil que a veces ejerce de motor en esas ocasiones.

A medida que pasa el tiempo, si te gusta seguir contando “lo tuyo” a través de las canciones, lo vas a seguir haciendo pero, quizá, el hecho de hacerlo de la manera más sincera respecto a tus emociones pone más difícil poder compartirlo y ponerlo en común en un mismo espacio, y que a la vez cuadre en el discurso de un grupo de 4 o 5 personas. Eso te puede ir creando el impulso de querer contar las cosas más a tu manera. Además, los tiempos de una narrativa propia creo que invitan a un ritmo menos frenético que el que lleva una banda, y eso ayuda a que haya algo más de espacio para la introspección a la hora de elaborar tu relato personal.

En este sentido, creo que he conseguido que se vea mejor y de manera más clara lo que quiero transmitir en lo que cuento en RIPOLL con respecto a otras etapas mías anteriores.

Algo que llama la atención desde los adelantos son las colaboraciones de diferentes músicos. ¿Fue fruto de cómo estaba quedando la canción, de alguna conversación previa…? ¿En algún momento se te pasó por la cabeza que cada uno de los temas tuviera una colaboración?

Fueron surgiendo después de acabar las mezclas de las canciones. Al escucharlas, iba imaginando que cada una de las personas que han colaborado tenían voces que podían hacer que esos temas quedasen mejor. Al principio, todo lo fuimos haciendo entre Miguel Breñas, Fran Jiménez, Borja Pérez y yo. Después intenté hacer ese espacio un poco más grande, e intentar que hubiera colaboraciones que también reflejasen que hay una ayuda y que existe una comunidad entre los diferentes grupos que convivimos en un mismo espacio.

El disco va un poco sobre hacer “piña”, y me gustaba también la idea de que terminase siendo muy colaborativo.

Lo interesante es que cada uno de ellos se asocia a un género totalmente diferente pero se acomodan a la perfección a tu sonido, sumando matices propios. ¿Qué aportaron?

En primer lugar, tengo que dar las gracias a todos y a todas las que se han ofrecido para ayudarme a sacar el disco adelante, grabando voces o instrumentos en muchas de las canciones. Aparte de los nombres que aparecen en las colaboraciones, tengo que agradecer a Alberto Robla (Alborotador Gomasio, Puzzles y Dragones) y a Begoña Casado (Cómo vivir en el campo) el haberse prestado para grabar coros en muchas de las canciones; a Alfonso Moreira por los arreglos de violín; a Álex (Junio), por su riff en ‘Insomnio’; y a Borja Pérez (Yawners, Confeti de odio…) por hacer que todo suene en su sitio con la mezcla, el mastering, y por nuestras conversaciones sobre El último de la fila.

Con Frankie de Camellos, la colaboración se me ocurrió porque la letra de la canción en la que participa, ‘Historia Universal’, cuenta con un guiño al tema ‘John Wayne’, de Los Enemigos. El grupo de Frankie, Camellos, tienen una colaboración con Josele Santiago, y de ahí que me pareciera gracioso que fuera él quien cantase la parte de John Wayne.

En el caso de Olaya, de Axolotes Mexicanos, siempre he admirado el carisma de auténtica estrella del pop que desprende desde siempre, desde que la vi por primera vez en un concierto. Es de estas personas que tiene un imán para que el público la siga cuando está encima de un escenario. Uno de los mejores estribillos pop que tiene el disco, creo, es el del tema ‘Septiembre’, así que pensé en ella inmediatamente para que grabase su voz en esa parte de la canción.

Sobre ‘Marinero sentimiento’, aparte de lo que ya conté antes, solamente añadir que se barajó como nombre para el disco. Finalmente, fue el nombre de nuestro primer EP. En muchas canciones de El Pardo, Raúl y yo teníamos esas partes a doble voz, él hablando y yo gritando de fondo, como así sucede en las estrofas de esta canción… así que, en este caso, salió de la manera más natural.

Humo y heridas’, el tema en el que colabora Algora, es probablemente el más melódico de todos los que hay en el LP. Creo que la voz de Víctor encaja como un guante en una canción de este tipo, y hace claramente que sea mejor.

Más allá de ellos hay otro músico en el disco con el que has coincidido en más de un grupo, que en esta ocasión se ha encargado de la grabación y producción: Miguel Breñas. ¿Cómo ha sido? ¿Fue algo de lo que ya habíais hablado o fue una propuesta de uno al otro?

Miguel y yo hemos estado muchos años pegados haciendo música, sobre todo en la época de Alborotador Gomasio. Somos muy amigos y nos conocemos muy bien. En un disco echas mucho tiempo y es importante hacerlo con alguien de confianza, con el que sabes lo que quiere decir en cuanto levanta una ceja. Tenía claro que era la persona que mejor me iba a entender y le propuse desde el principio que produjese todas las canciones. Estoy muy contento de cómo ha ido todo este tiempo de trabajo conjunto y de cómo ha quedado el resultado final.

Lo cierto es que, junto al resto de personas que me han ayudado, le tengo que dar las gracias por haber currado tanto en los arreglos de las canciones. Nos hemos metido en terrenos de arreglos de cuerda, trompetas y algunas cuestiones de producción algo más clásicas que en otras ocasiones no veníamos utilizando, y siempre he ido con él a “mesa puesta” con los arreglos grabados: decirle lo que quería que sonase en cada canción y no tener que sentarme a grabar ni una sola de las notas que no fuesen las guitarras que yo grabé. Le obligaré a repetir.

Tanto al escuchar los adelantos, uno por uno, como al hacerlo con el disco al completo, de alguna manera sorprende el sonido. Un pop que va más allá de modas y artificios, casi atemporal. ¿Es parte del mensaje? ¿Lo pensabas así durante la composición?

Es la ocasión en la que más he intentado salirme del terreno de “sólo guitarras”, que era el que venía siendo habitual hasta ahora en los grupos en los que he estado. Es verdad que me sigue gustando tener muy presentes las guitarras, como sucede en canciones del disco como “El sueño fantasma”, “Historia universal” o “Marinero sentimiento”, pero también es cierto que, como decía antes, hemos grabado violines, cuerdas o trompetas, que eran elementos que para mí son totalmente nuevos a la hora de arreglar las canciones.

Los temas que trato en el disco y el tipo de composición van más hacia un terreno algo más clásico, un poco más una especie de pop rock de autor que es con el que más identificado me siento ahora mismo. El cambio de rumbo hacia ese tono, entiendo que sí que ha marcado bastante distancia con respecto a otras etapas mías, y yo también lo percibo en cierta forma más atemporal que en otras ocasiones. No sé si sería buscado, pero lo que está claro es que el camino nos ha llevado a eso de manera muy natural y es el terreno en el que me siento cómodo ahora mismo.

Quizás es un juego dentro del disco, en sintonía con una de las frases de la primera canción, “Podemos seguir”, «El futuro es un recuerdo que han vendido ya». ¿El tiempo es un espejismo?

Hace años que vivimos en un ambiente hostil y de descrédito del concepto de hacer comunidad. Es algo que genera discursos tremendamente individualistas que hacen que crezca día a día nuestra sensación de fatiga y de soledad respecto a la proyección de un supuesto futuro que habíamos imaginado pero que no termina de concretarse. De ahí un poco el título de ‘El sueño fantasma’, esa especie de idea de futuro pasado que ya no nos pertenece y nos hace dudar de si en algún momento fue algo verdaderamente real o de si siempre fue un mero espejismo.

Por eso elegí ‘Podemos seguir’ como primera canción: “Podemos seguir, no importa nada más. Nuestro futuro es un recuerdo que han vendido ya”. Creo te introduce muy bien en el discurso que pretende tener el disco en su conjunto.

De alguna manera, el desencanto parece flotar en las canciones, pero en ningún momento es un disco triste. ¿Son formas de resistirse a él?

Creo que la mayor inspiración del disco es justamente esa idea de ir codo con codo con las personas a las que quieres para poder seguir, como dice la primera canción -“Podemos seguir”-. Estar atentos a lo que sucede en nuestro entorno, algo que afecta a nuestras relaciones familiares, de pareja o en el entorno laboral, y cuidar de esa red comunitaria que puede hacernos sobrellevar mejor el peso que nos cargan desde arriba.

Parte de esa resistencia parece surgir de esa invitación a sentir sin trabas, de verdad. Algo que desde nuestro alrededor parecen decirnos que nos hace débiles, pero tú apuestas por ello. ¿Fue parte de la inspiración de las letras?

Sí, es cierto. En las letras de las canciones de este disco intento contar las experiencias individuales pero entrelazarlas con el impacto que lo colectivo tiene en dichas experiencias. Nuestras relaciones de amistad, de amor y en el ámbito laboral, están todas expuestas y se ven afectadas por lo que suceda en nuestro entorno. En ese sentido, lo que he tratado de poner encima de la mesa es el retrato del desencanto personal junto con la reivindicación de las amistades, los gestos cotidianos y los lugares de encuentro como puntos clave de resistencia.

Aunque no hay una mención explícita, esa reivindicación de lo propio, más allá del postureo, de lo perfecto, ¿tiene algo de político?

Quiero creer que sí. No hago canción protesta, ni de autor, me queda muy grande pero en el disco hay algunas canciones muy explícitas sobre eso. Como “Tienen que arder”, ya que muchas veces sabemos que los quemaríamos después de la que están armando en la esfera política de este país, al menos que ardan en una canción, qué menos… Además, toda respuesta que acabes dando ante la realidad que te rodea, tiene lo quieras o no un posicionamiento político de forma implícita.

El disco tampoco puede huir de eso, y tampoco es que lo hayamos rehuido mucho precisamente, llamándoles “hijos de puta” directamente.

¿La realidad está en lo anecdótico, en esos detalles cotidianos que pueden verse como pequeños placeres?

Desde luego que muchas veces encuentras más consuelo en el banco de las pipas con tus amigos, que en cualquier otro sitio.

Más allá de ser el título de la última canción, ¿quizás por eso el disco se llama El sueño fantasma (2024), por esa búsqueda de lo real frente a las ilusiones que nos rodean? Sí, un poco lo que dije antes. Hay canciones en las que se mezclan los anhelos con la hostia de realidad que nos llevamos, como en “Insomnio”, “Marinero sentimiento” o “Episodio Nacional”, en las que estoy un poco más en ese rollo de ver cómo afecta lo que nos pasa en el día a día, en la realidad que nos imponen, sobre nuestras vidas.

Para cerrar, ¿cómo se va a presentar el disco en directo?

El 22 de marzo estaremos en la sala Cadavra (Madrid), presentando el disco dentro del ciclo de conciertos del Bee Week Festival. Esperamos veros a todos en esa primera fecha de presentación y arranque de la gira. Estamos preparando una fiesta muy especial para la ocasión, con una edición física limitada en cassette que hemos editado, y también procuraremos llevar a todas las personas que han colaborado con sus voces en algunas de las canciones. Además, vamos a intentar volver a engañar a Alfonso Moreira Rodríguez para que esté presente, el violinista que se ha encargado de los arreglos de cuerda del disco.

No os lo perdáis, que aparte es un festival que se hace por el bien de las abejas, conque ni siquiera el nuevo orden mundial os puede servir de excusa para no venir.

Hosting WordPress