«Doctor Extraño: amanecer de otoño» de Trad Moore y Heather Moore

Por Marcos Gendre 0

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Como si el Jodorowsky más simbólico se hubiera servido de una versión híper barroca alucinógena de Moebius. Así de fascinante es lo que Trad y Heather Moore han plasmado en un cómic directamente influenciado por un viaje por las iglesias de Roma y de sus colosales vidrieras. De dicho caldo de cultivo, el dibujante más talentoso y personal de su generación nos entrega una obra de arte que podría entrar dentro de los postulados del cómic de autor de superhéroes.

No en vano, aunque en este caso la excusa de Moore es una aventura del Doctor Extraño, lo cierto es que el argumento es lo de menos. Dicho así, podría sonar como un debe a la hora de valorar “Doctor Extraño. Amanecer de otoño”, pero es todo lo contrario. De hecho, estamos ante una de las demostraciones más apabullantes que nos ha ofrecido lo que podría entenderse como una inmersión sin oxígeno hasta las entrañas de la psicodelia en el noveno arte. Y es que en esta alucinación repleta de entidades de poder ilimitado, otros mundos y misiones imposibles, lo que prima ante todo es una experiencia total y absoluta, en la que los Moore hacen todo lo que les viene en gana a la hora de articular sus herramientas con los lápices y el color.

A todo ello, ayuda la espectacular edición llevada a cabo por Panini, que no ha escatimado mimo, tamaño y dedicación para apoyar el tremebundo impacto visual de un cómic que tanto bebe de los cuadros de El Bosco como de la influencia que han tenido los guiónes de Steve Englehart, el más delirante y místico guionista con el que ha contado la serie del Dr. Extraño, en los años sesenta.

De esas entidades conocidas por Eones a Bythos o Coin, los Moore despliegan el escenario perfecto de ciudades astrales y seres de otro plano para potenciar la libertad de unas viñetas donde los diálogos y pensamientos del Dr. Extraño van clavando picas argumentales para no perdernos en el salto sin red al que nos abocan estas dos figuras indispensables para poder entender que el universo Marvel puede ser mucho más que cómics pensados para llevar a la gran o pequeña pantalla.

Definitivamente, esto es otra cosa. De hecho, estamos ante el otro extremo más alejado de lo que significa crear algo bajo patrones de condicionamiento para las masas. Lo dicho, una bendita flipadura, en la que los ojos del lector/a bailan al son de una función ilimitada de talento sin aranceles de ningún tipo.