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«Ciudad del Hampa» de Teddy Goldenberg

Por Marcos Gendre 0

Ciudad del Hampa

Compuesto por 21 relatos mojados en LSD puro, “Ciudad del hampa” es el cómic que habría hecho el cineasta Roy Andersson de haberlo creado tras vivir una pesadilla urbana, donde lo normal es el reverso de la verdaderamente lógico. O dicho de otro modo, la extrañeza de los actos surgidos de la más absoluta incertidumbre.

El israelí residente en Berlín Teddy Goldenberg es el autor de tan sucesión impagable de viajes hacia el reverso del raciocinio humano. Originalmente, publicado en 2022, es ahora cuando la elemental editorial Fulgencio Pimentel edita tan alucinógeno subrayado del absurdo que plasma Goldenberg en uno de los atentados más sacrílegos contra las convenciones de estilo que nos ha proporcionado el posmodernismo en estos últimos años. Sin duda, un clásico contemporáneo tras el cual ya estamos deseando ver en España editado su primer cómic largo, “Cobra II”, nada más y nada menos que una segunda parte del mítico film protagonizado por Sylvester Stallone, el cual podremos ver editado en España, de nuevo, gracias la editorial logroñesa.

Cómo no, tras haber devorado una obra tan particular como “Ciudad del hampa”, sería de ilusos esperar una continuación al uso de dicho film, y no tan irreverente como se muestran los microrrelatos reunidos en este cómic de absoluta personalidad autónoma.

Pero para lograr llegar a crear un artilugio artístico de condición rabiosamente independiente es necesario anclar los significantes en modelos de acción decididamente contrastados o absurdos en su postura ante la composición de la viñeta. En este sentido, el tic tac de la narrativa que aquí fluye parte de un pronunciado clasicismo de raigambre posmoderna.

Dicha base cobra forma a través del cuaderno de bitácora visual que timonea cada inflexión, gesto o movimiento amorfo aquí trazados por un dibujante que bebe de una estética marcada por su obsesión por la cultura norteamericana de los años cuarenta y cincuenta.

En cierta manera, “Ciudad del hampa” es un noir surrealista de tintes terroríficos nacidos del humor más descabellado o, directamente, surgido de la propia necesidad por congelar sonrisas, no por provocarlas. El ADN divertidamente tétrica que recorre la médula espinal de estos cuentos llega al paroxismo en episodios como “El sector público”.

La estética que define los latidos de relatos como el citado parte de un pop noir desenfocado, como en un disco de The Caretaker, donde todas las melodías apuntan a un estado permanente de amenaza en la sombra. Tal como sucede con el gurú del haunthology, LA SENSACIÓN está siempre por encima de la finalidad narrativa del guion.

La opacidad de estos personajes que brotan de un presente continuo, sin pasado, reluce en una colección desasosegante de diálogos protagonizados por una fauna de seres que parecen responder al extremo pavoroso de la ronda de la vida gestada por cineastas tremendamente humanistas como Aki Kaurismaki o Yasuhiro Ozu.

Aquí todo funciona en torno a una forma sin precedentes director de entender el ADN del humor fantasmagórico. Lo inaprensible se traduce en el resultado más normal de cada uno de los giros y finales hilados por tan meticuloso entomólogo de las emociones más extrañas que puedan definir nuestras rutinas vitales. Eso sí, si de algún hilo podemos tirar para buscar interpretaciones de lo aquí expuesto es a través de una perspectiva realmente impactante: la surgida de estar ante un catálogo sin precedentes de pesadillas marcadas por un tono extraído de cómo serían los cuadros de Hopper de haber sido compuestos como escenarios de las películas mudas expresionistas alemanas de directores tales que Rober Wiene o el primer Fritz Lang.

El caudal de referencias artísticas que se pueden argumentar tras esta lectura es tan rico como tenebroso en su propia personalidad, ciertamente, intransferible.

Se ha hablado del humor de Kamagurka como uno de los espejos en los que se ve reflejado este cómic y sin duda es así, tal como puede ser en el caso del misterio que acompaña a cada una de las viñetas del lado más enigmático del universo Charles Burns. Y es que a estos niveles de excelencia nos estamos refiriendo cuando hablamos de este viaje a las extrañas del surrealismo, aparentemente, sin rumbo, pero plagado de referentes culturales que nos resultan altamente familiares.

Así es desde ese centro comercial fantasma al que aluden en la primera historia aquí vertebrada hasta esas láminas inquietantes con las que parecen empujarnos a esa clase de obras que parten de las sagradas escrituras postuladas por Val del Omar en torno a la narrativa circular del “sin fin”.

Como si de una de vampirización libre de los comic books de misterio que popularizaron genios como Al Feldstein y Johnny Craig en los años cincuenta se tratase, “Ciudad del hampa” suma a sus impulsos expresivos la propia inspiración de Goldenberg, quien hace poco explicaba para “HJCK” cómo “me surgen ideas y cuando voy por la calle añado cosas, intento mantener cierta espontaneidad a la vez de darles continuidad. Aunque pueda parecer lo contrario, quiero que la historia llegue a algún lado, no me gusta el surrealismo absurdo por el placer de hacer el tonto, quiero llegar a alguna parte. Quiero ser divertido y a la vez inquietante, amenazante”, concreta.

Dentro de su modus operandi, Goldenberg también alude a la cohesión de lo imposible en una sucesión de relatos que, sin sentido a primera vista, son encadenadas en un guion del cual explica que, “aunque [los relatos] se hicieron por separado, el libro está hecho para ser leído de una sentada. He pensado mucho en la secuencia, que sea elusivo a primera vista no quiere decir que no tengan sentido como un todo. Algunos lectores que los habían leído por separado cuando los publiqué en internet, me han dicho que lo comprendieron al hacerlo todo seguido. O al menos me han entendido a mí como autor”, afirma.

En definitiva, estamos ante un cómic deliciosamente inquietante, en lo cual mucho tiene que ver los turbios claroscuros tonos apastelados de rotulador y una desapasionada colección de miradas perdidas, de finales inconclusos, absurdos y directamente lanzados al subconsciente como en el crimen inevitable de “Extraña historia” o en historias dignas del esperpento humano representado por Roy Andersson en sus películas, tal como sucede en “La fábrica de mi padre”. Aval más que suficiente para referirnos a este cómic con términos sinónimos de imprescindible, si lo que necesitas es descubrir formas de hacer un corte de mangas a todo listo acomodado que te venga con la cantinela del “todo está inventado”.