Crónica de Roskilde 2024: los clásicos no mueren
Por 14 julio, 2024 23:280

Un año más, y van unos cuantos, hacemos el petate y viajamos hacia Dinamarca para asistir a uno de los grandes festivales continentales del verano. Aquí lo que dio de sí el Roskilde 2024.
MIÉRCOLES 3 DE JULIO
Cada vez los inicios del festival se nos hacen más cuesta arriba. Y es que transportar la tienda de campaña de 20kg para 6 personas desde Madrid hasta Roskilde, y en Raynair, dejó de tener gracia hace mucho tiempo. La resaca tras nuestra previa del martes en el reencuentro anual con la capital danesa tampoco ayuda. Pero nada de esto importa, nada nos quita la estúpida sonrisa de la cara. Desde la propia estación de Roskilde, ya se huele el alcohol y se respira la emoción de estas jornadas de música, camaradería, buen rollo y felicidad.
Después de conseguir las acreditaciones, instalar la tienda y hacer nuestro aprovisionamiento de alcohol y snus, estábamos listos para nuestro primer concierto. La elección no era sencilla, pero comenzamos en la intimidad del escenario Gloria con Sam Lee, una suerte de encuentro entre folk británico y la chanson française. Tan extraordinario como un fish and chips de un pub inglés acompañado con las burbujas de un buen champán.
Conseguimos llegar al concierto de Jessie Ware, quien transformó el escenario Arena del Roskilde Festival en una vibrante discoteca al atardecer. Con los últimos rayos del sol iluminando la carpa, la cantante británica deleitó al público con temas de su álbum “That! Feels Good!”, como “Ooh La La” y “Pearls”. Su enérgica presencia escénica y poderosa voz mantuvieron a la audiencia bailando durante todo el espectáculo. Para culminar la noche, Ware sorprendió con una emotiva versión de “Believe” de Cher, seguida de su propio éxito “Free Yourself”, dejando una impresión imborrable en los asistentes.
La tranquilidad de los primeros conciertos se vio alterada por el frenesí de Frank Carter & The Rattlesnakes y por un hedor espantoso que emanaba del suelo del escenario EOS. Tanto que incluso Frank comentó algo como: “Sé que es el primer día del festival, así que ¿por qué huele ya a mierda aquí?”. A pesar del olor, este concierto daría para escribir una reseña completa, tuvo momentos brillantes. Frank no dudó en saltar al público con el micrófono y levitar sobre un mar de gente. No faltaron los pogos, los saltos, los abrazos y las sonrisas, hasta la clásica escena de gente “remando” en el suelo. Fue una pasada gritar a todo pulmón con “Kitty Sucker” y “Cupid’s Arrow”, además de escuchar en vivo temas del nuevo disco, Dark Rainbow, que para mí son todos temazos.
Creo que fue en nuestro primer concierto en el Gaia cuando descubrimos nuestro bar de referencia donde podíamos conseguir tónica, que no es sencillo en Dinamarca, para mezclar con nuestra propia ginebra (recordaros que no hay problema en meter alcohol al recinto, por lo que en Roskilde no nos sentimos que engañamos a nadie y tampoco nos engañan a nosotros). Esos primeros gin-tonics ayudaron a disfrutar de los conciertazos que fueron Bar Italia, una banda británica de indie rock, y Snooper, un estilo más punkarra del mismísimo Tennessee y, aunque no lo conocíamos, seguimos en el mismo escenario aprovechamos el surtidor de tónica. Reconozco que nos lo pasamos teta, incluso acabamos hablando con el guitarrista en la trastienda y comprando sus camisetas de la gira, haciendo el papel de nuevos fans del grupo (nos costó la gracia de ser fan 75 euros por 3 camisetas)
El primer día estaba a punto de acabar, pero el festival aún guardaba el último cartucho con Heilung que nos sorprendió en el Arena con su viaje ancestral evocando rituales de la Europa nórdica de la Edad de Hierro. Para los que no lo conozcan, la banda fusiona sonidos paganos y elementos visuales impactantes. Utilizando instrumentos como tambores antiguos, cuernos y réplicas de armas, y ataviados con vestimentas tradicionales, crean una atmósfera mística que bajo la lluvia de Roskilde nos hizo transportarnos a tiempos remotos. El espectáculo, más allá de un concierto, fue una experiencia sensorial que conectó al público con las raíces más profundas de la cultura nórdica. He viajado muchas veces a los países nórdicos y he vuelto a Roskilde en incontables ocasiones, pero nunca antes había sentido cómo el velo del tiempo se desvanecía a mi alrededor, y bajo la lluvia, al ritmo de los tambores ancestrales, fui un vikingo más, perdido en un rito olvidado por la historia
Mientras caminaba hacia la zona de acampada, Jungle seguía sonando a lo lejos y la juventud bailaba bajo la lluvia incluso lejos del escenario, ajenos al cansancio; pero nosotros no, nosotros guardamos fuerzas para lo que se venía.
JUEVES 4 DE JULIO
El jueves estuvo marcado por una mezcla de emociones y desafíos climáticos. La jornada comenzó con la actuación de Zar Paulo en el escenario Gaia. La banda danesa, conocida por su enérgico directo, no defraudó, aunque su sonido recordó a influencias más comerciales. A pesar de ello, el público local disfrutó de su entrega y conexión. Posteriormente, nos dirigimos al escenario Arena para presenciar a While She Sleeps. La banda británica de metalcore ofreció una actuación intensa y apasionada, destacando la entrega de su vocalista y la potencia de su sonido, que resonó con fuerza entre los asistentes.
Aprovechando un respiro de la lluvia, la tarde nos llevó al escenario Avalon, donde Belle and Sebastian ofrecieron un concierto memorable bajo el cálido sol nórdico. A pesar de un inicio titubeante por problemas técnicos, la banda escocesa pronto retomó el pulso, deleitando al público con clásicos como ‘The State I Am In’ y ‘I’m a Cuckoo’. La complicidad de Stuart Murdoch con la audiencia, incluyendo una invasión de escenario durante ‘The Boy With the Arab Strap’, fue, para mí, uno de los momentos álgidos del festival. Escuchar esa canción evocaba la alegría despreocupada de mis años universitarios, pero hacerlo ahora, bajo el sol y rodeado de mi familia roskildiana, me hizo sentir que, año tras año, Roskilde no es solo un festival, sino un hogar al que siempre regreso.
Sin embargo, la lluvia hizo acto de presencia durante la tarde, complicando nuestros planes para ver a The Beaches. Las intensas precipitaciones nos obligaron a buscar refugio y reorganizar nuestra agenda, perdiéndonos su actuación. Este contratiempo climático es una muestra de los desafíos que a veces presenta el festival, pero también forma parte de su esencia y del espíritu de adaptación de los asistentes.
Con la noche cayendo, Skrillex tomó el escenario Orange, transformando el recinto en una gigantesca pista de baile. Con un espectáculo de luces impresionante y una selección de temas que si bien abarrotaron el Orange no estaba hecha para nosotros y poco duramos.
Para cerrar la jornada, nos dirigimos al escenario Pavilion para ver a Angel Du$t. La banda estadounidense fusionó elementos de punk y hardcore con melodías más accesibles, ofreciendo un set dinámico que, aunque no exento de cierta previsibilidad, resultó entretenido con los últimos pogos del día acabando por completo con nuestras escasas fuerzas. A pesar de los contratiempos climáticos, el día dejó momentos inolvidables, reflejando la diversidad musical y la resiliencia que caracterizan al Roskilde Festival.
VIERNES 5 DE JULIO
Por fin llegaba el día más esperado por muchos (incluidos nosotros) con Foo Fighters como cabezas de cartel destacados, amen de unos apasionantes cuartos de final de la Eurocopa entre Alemania y España para los más futboleros. El día empezó con importantes chubascos, que nos obligaron a mantenernos a resguardo en nuestras tiendas de campañana durante toda la mañana. Pero tras la tempestad, llegó la calma, y pertrechados con botas altas de lluvia (para sortear todo el barrizal en el que se habría convertido el festival) e impermeables, nos dispusimos a empezar el dia viendo a Alvvays en la carpa Arena. El sonido de los canadienses llenó el aire con una sensación de nostalgia y calma. Desde el comienzo con “Pharmacist” hasta el final con “Easy on your Own?”, pasando por grandes temas como “Archie, Marry Me” y “Dreams Tonite”, la voz de Molly Rankin se deslizó sobre el público con una elegancia natural que derivó no en una multitud de gritos frenéticos, sino de personas que se dejaban envolver por la belleza melancólica de las canciones. Acabados Alvvays, nosotros decidimos acercarnos a la zona de prensa para ver el partido de Alemania-España rodeados de una clara mayoría de periodistas alemanes, lo cual acabó dándonos una mayor satisfacción tras la heroíca victoria de España en la prórroga, en lo que supuso el perfecto preámbulo para Foo Fighters en el escenario Orange. 7 años llevaban sin aparecer por el festival danés, tiempo en el que muchas cosas habían cambiado, incluyendo por supuesto la trágica muerte del batería Taylor Hawkins, así que había unas ganas enormes de contemplar cómo se desenvolverían sobre el escenario Dave Grohl y los suyos con nuevo batería en la formación. Pero desde los primeros acordes de “All My Life”, estaba claro que Foo Fighters vinieron a conquistar Roskilde. El concierto fue una descarga de adrenalina pura, con el público saltando, cantando y gritando cada letra con entusiasmo. Temas como “The Pretender” y “My Hero” se sucedían uno tras otro, con una energía imparable. Grohl, siempre cercano y carismático, jugaba con el público, invitándolos a participar en el espectáculo (marca de la casa). El punto álgido del concierto llegó con “Aurora”, dedicada al fallecido batería, seguida por la archiconocida “Best Of You”, que consiguió sacar saltos, gritos y lágrimas a partes iguales entre todos nosotros. Sin duda, el mejor concierto de todo el festival (y uno de los mejores de este año).
Tras habernos dejado hasta la última gota de sudor en Foo Fighters, nos acercarmos al Arena para ver a Róisín Murphy. Si Foo Fighters habían sido una tormenta de energía, Róisín Murphy fue la calma electrificada que el público necesitaba. Con su estilo único, mezcla de pop experimental, electrónica y un toque de house, la cantante irlandesa transformó el escenario en una fiesta hipnótica al son de canciones como “The Time is Now” o “Sing It Back”. Un sabor de boca inmejorable tras el vendabal anterior de los Foo Fighters y, aunque aún quedaban bandas interesantes por tocar en varias de las carpas más pequeñas, nostros decidimos plegar velas y poner punto y final a un día corto para nosotros en lo musical, pero intenso como pocos, con el pase a semifinals y una actuación de Foo Fighters auténticamente memorable.
SÁBADO 6 DE JULIO
Y así, casi sin darnos cuenta, llegamos al último día del festival, un día que prometía música vibrante y variada, con ritmos que iban desde la samba brasileña hasta el caos del rock experimental. Comenzamos la jornada con Bixiga 70 en el Arena. La banda, con su fusión de samba, jazz y ritmos afrobrasileños, inundó el espacio con metales potentes y percusiones hipnóticas. Su sonido cálido y festivo hizo que la multitud se moviera al ritmo de la música, creando una atmósfera de alegría y celebración. Cada tema era un viaje al corazón de Sao Paulo, con todos nosotros dedicados al baile más desenfrenado. A continuación, English Teacher en el Gloria, donde esperaban a los ingleses con bastante expectación colas de gente nunca antes vistas. La banda británica ofreció una dosis de post-punk y pop experimental que mantuvo al público en un constante estado de tensión. La voz de Jess Shweitzer fue el motor de un show enérgico, marcado por guitarras crudas y un ritmo frenético. Con temas como “This Could Be Texas” o “Albert Road” llevaron a los asistentes a un lugar de caos controlado, donde la música se tornaba un grito visceral de juventud y rebeldía.
Tras ellos, tiempo para la diosa musical PJ Harvey en el Orange. Otra asidua de tierras danesas (aunque llevara 8 años sin pisar Roskilde), llegaba esta vez para presentar su nuevo álbum ‘I Inside The Old Year Dying’. La británica cautivó a todos con un set introspectivo y emocional, rayando en la obra de teatro (que probablemente hubiera lucido aún mejor a cubierto en la oscuridad de una carpa). Con una puesta en escena minimalista, la intensidad de su voz, combinada con las guitarras punzantes de John Parish, crearon una atmósfera tensa, cargada de misterio. Con un setlist dedicado mayoritariamente a canciones de sus últimos discos, la multitud sin embargo pareció disfrutarlo más cuando fue el turno de temas más conocidos como “Angelene”, “Down By The Water” o “To Bring You My Love”.
Tras ella, turno para Jane’s Addiction en el Arena, que trajeron consigo la fuerza arrolladora del rock alternativo de los 90. La guitarra de Dave Navarro y la inconfundible voz de Perry Farrell crearon un ambiente eléctrico que mantuvo a la multitud saltando y cantando a lo largo de todo el show. Clásicos como “Ted, Just Admit It…”, “Jane Says” o “Been Caught Stealing”, y un desplegue de sonido ciertamente arrollador, hicieron que disfrutásemos como enanos de estos veteranos americanos. De hecho, supusieron una grata sorpresa y sobrepasaron nuestras expectativas con creces, dados los problemas de voz que acecharon a Perry Farrell en fechas anteriores de la gira.
Concluímos el festival en el Avalon con una de las experiencias más extremas de la noche, The Armed, cuyo post-hardcore desató un vendaval sonoro de ruido, distorsión y agresividad. Cada canción fue un torbellino de energía bruta, un muro de sonido que no dejó espacio para la indiferencia del menguante público que quedaba a esas horas de la madrugada. Y así, acabamos nuestro periplo por tierras danesas. Un año más, una experiencia única y memorable como siempre. Aunque escribimos estas palabras con el inevitable post-Roskilde blues, los recuerdos de los momentos vividos nos arrancan también una sonrisa, y nos consuela pensar que ya queda menos para la próxima edición del festival. ¡Nos vemos en 2025, Roskilde!
