«Le llamábamos Bebeto» de Javi Rey

Por Marcos Gendre 0

Le llamábamos Bebeto

Al ver este “Le llamábamos Bebeto” más de uno se preguntará qué relación tiene este cómic con el excelso delantero brasileño que propició el nacimiento de lo que llegó a ser conocido como “Súper Dépor”.

Aunque en el interior de estas páginas haya referencias futbolísticas al nueve más famosos del club coruñés, la mayor coincidencia con el mismo es el espacio temporal en el cual Javi Rey plasma su arte para ofrecernos un fresco de gran poder evocador. Uno centrado en los años que van de 1990 y 1996. Y más en concreto, en Carlos, un niño de ocho años que tiene que lidiar con la enfermedad mental de su madre en una época icónica en la infancia de tanta gente que, entre otras cosas, vivió los años de gloria de Miguel Indurain; sin duda, los más “virales” del deporte español. Precisamente, las hazañas del ciclista navarro hacen acto de presencia en diferentes momentos de este relato de marcado acento mediterráneo, ubicado en el Baix Llobregat.

No es baladí la relevancia del marco geográfico escogido para esta historia, sobre todo, en el apartado gráfico, a través del cual Rey nos embulle dentro de una saudade vital de colores vívidos pero serenos, incluso con viñetas a página completa sin bocadillos, básicamente, paisajísticas, que sirven para conformar un cuadro mental exacto desde el que también empujarnos a la última parte de las cuatro que conforman estas páginas, con un desenlace de tintes ensoñadores, que ayudan a enfatizar el poder nostálgico de los recuerdos de la infancia. En este sentido, la vía onírica aquí retratada fluye desde una mirada de gran sensibilidad, abordando temas tan delicados como la forma en la que un niño concibe la cercanía de la muerte de un ser querido.

No hay hilada sin punto en un cómic que también se puede entender como un álbum de fotos en movimiento. Toda una delicia que parece haber sido rescatada del subconsciente de la memoria colectiva de aquel momento para poder personalizarla en el día a día de un personaje inolvidable, tanto como esta demostración de amor de Rey por la ortodoxia realista de su dibujo, al que en esta ocasión introduce rasgos más curvados en su dibujo, como si de una aproximación a la BD original se tratase.

En definitiva, uno de esos cómics que triunfan por su alto grado de empatía, capaz de no caer en la banalización de algo tan serio como rescatar al niño que llevamos en nuestro interior.

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