Crónica del concierto de Jero Romero Madrid (Teatro del Barrio)
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Segundo concierto de Jero Romero en el ciclo que va a llevar a cabo en el Teatro del Barrio de Madrid.
A veces tienes las expectativas ante un evento musical tan por las nubes que después hay cierta decepción y frustración porque de lo esperado a lo vivido hay un no se que incumplido que, según el criterio de cada uno, decepciona emocionalmente. A los que somos optimistas vitales esto nos suele pasar, no muy a menudo, pero a veces. El sábado nos citábamos con alguien que hace de la intermitencia, devoción. Alguien que nos tiene atrapados en un modelo de relación modulada, aceptada por todas y cada una de las partes que formamos este todo en torno a su figura. El sábado volvía a Jero Romero. Pero como en nuestros lapsos de tiempo de “relación” (para mí de amigo con el que comparto formas de ver la vida y al que envidio desde el máximo de los respetos y el cariño su capacidad artística para contarlo) había componentes que habían variado para ambos.
Jero ha decidido “reaparecer” en formatos más íntimos, con un ciclo de muchas fechas en Madrid, en un teatro (Teatro del Barrio, pásense a conocer sus propuestas) con un aforo muy alejado del mundo de masas a los que podría acceder el toledano. Sí, como The Beatles en The Carvern. Jero quiere tocar para escucharse también a sí mismo, para volver a unos inicios o a unos momentos que para él son más que gratificantes, son casa y ha decidido compartirlo íntimamente con un público que sabe que poder hacerlo con él es todo un milagro. Y allí, coincidiendo exactamente con la hora marcada para el inicio del concierto, las 22:15, nos sumergimos en una especie de cámara lisérgica donde, a pasar de la penumbra y de la escasa luz, todo nos pareció brillante y emocionalmente único.
La elección del espacio, del reducido aforo, de las connotaciones que rodean al propio teatro con su clara vocación inclusiva, hacen que el protagonista gane en seguridad, a pesar de los nervios que según sus palabras tenía. El respeto del público, la prácticamente ausencia de móviles (creo que solo dos personas cometieron la tropelía/imprudencia de hacer un par de fotos), la calidez del espacio y el susurro a modo de acompañamiento en cada una de las canciones, hizo que todo fuese mágico. Y claro, Jero, guitarra en mano y en su máximo esplendor, se transforma en ese sitio donde te quieres quedar a vivir, a disfrutar.
Nos regaló algo más de hora y media de concierto, donde no faltaron anécdotas donde aparecieron su madre y sus miedos por el formato, el señor del mercado de Toledo al cual “no lo engaña”, las canciones “odiadas” por ganarle la partida al resto por aparecer en “Café y Libros”, etc. Sonaron gran parte de las canciones que componen su discografía en español, integradas en sus tres largos y en su EP (2010/Los Cadáveres). Además, como su ascendencia andaluza lo lleva a ser especialmente generoso aunque “Punta Umbría esté cada día más fea, sin ti” (doy fe de ello, Jero), compartió con nosotros una versión de “Oda al amor efímero” de Tulsa, que grande es, y una nueva canción titulada “La Gran Insolación” (otra maravilla de la fábrica creativa del toledano) para cerrar el concierto. Los gritos de “te quiero” que algunos le espetaron, que algunos le trasladamos, les aseguro que son absolutamente sentidos y acorde a lo que nos da porque su valía es infinita. Como el mismo díce y tras las reuniones de amigos donde el disfrute es mucho, las conversaciones largas y gratificantes, queda siempre ese poso de “tenemos que repetir” y por ello nosotros lo volvemos a ver en Valencia en SerialParc el próximo 25 de mayo y repetiremos en Madrid en Junio y las ganas no es que sean las mismas, es que se han multiplicado como algo “Miracoloso”. Gracias infinitas, Zé Pequenho.