La banda cierra su gira en Sevilla con un concierto lleno de verdad y emoción.
El Cartuja Center de Sevilla fue el escenario elegido por Morgan para poner el broche final a su gira por teatros el pasado 6 de junio. Desde el primer instante se respiraba un ambiente especial, como si público y banda compartieran un pacto tácito: entregarse por completo a la música. La sala, llena de fieles y nuevos seguidores, acogió al grupo como quien recibe en casa a viejos amigos.
La apertura fue pura intimidad: Nina de Juan, sin micrófono, interpretando “Arena” mientras la banda descendía por los laterales de la sala. Un inicio casi ceremonial que marcó el tono de un concierto que osciló entre la delicadeza y la euforia contenida. A partir de ahí, fueron desgranando los temas de Hotel Morgan, su último trabajo, en un viaje emocional donde cada canción encontraba su lugar.
“Intro: Delta”, “Error 406”, “El Jimador” o “Pyra” fueron construyendo una atmósfera densa y vibrante, mientras que piezas como “Paranoid Fall”, “Attempting” o “Alone” mostraron la capacidad del grupo para moverse entre el susurro y el estallido emocional, siempre con la voz de Nina como epicentro. Ella, más cercana y suelta que nunca, combinó la introspección con la complicidad del humor, mostrando esa mezcla de carisma y vulnerabilidad que la hace única sobre el escenario.
Arropados por una banda impecable —Ekain Elorza en la batería, Paco López y David Schulthess a las guitarras y teclados, Willy y Gabi Planas en las bases rítmicas, y los coros de Alejandro Ovejero y Carolina García—, el repertorio fluyó sin fisuras. Cada miembro aportó matices precisos a un sonido que trasciende lo musical para convertirse en experiencia.
Con “1838”, “Cruel”, “River” o “Praying”, el concierto alcanzó sus momentos más conmovedores, mientras que “Radio” y “Another Road (Gettin’ Ready)” pusieron el acento final con un groove elegante y contagioso que incluso permitió algún guiño inesperado al “Rapper’s Delight”.
Los bises, con Nina al piano en “Volver” y el emotivo “Sargento de hierro” ya con la banda al completo, cerraron la velada con ese tipo de belleza que permanece flotando en el aire cuando se apagan las luces. Como un susurro que sigue latiendo después del aplauso.
Anoche Morgan no ofreció simplemente un concierto, sino un acto de verdad musical. Un viaje donde la emoción es la protagonista y donde el público, una vez más, salió recordando por qué ciertas canciones logran quedarse a vivir dentro mucho tiempo.
Galería del concierto de Morgan en Sevilla






