«Dr. Vértigo» de Martí
Por atrás0

Editado originalmente en las páginas del Víbora, tras haber devorado este tomo autoconclusivo de 64 páginas, un servidor entiende la perfección por qué este clásico a reivindicar del cómic español se llevó el premio a la mejor obra en el Saló del cómic de Barcelona en 1990. No es para menos, ante el caudal de talento desbordado que fluye por estas páginas. Las mismas que nos retrotraen de forma inevitable hacia el Charles Burns de los años ochenta. Sin duda, los paralelismos están ahí. En este sentido, seguramente, la excursión planteada en Dr. Vértigo por el subconsciente hasta el mismo epicentro del origen de nuestras pesadillas es una temática muchas veces desarrollada por el genio de Washington D.C.
Donde también se palpa una conexión más que evidente con el autor norteamericano es en el trazo de brocha gorda con los perfiles negros. Dicha línea gráfica entronca directamente con una mirada altamente inquietante, de alma Pulp. Una consciente de su arraigo con esta tendencia en los años cincuenta, a la que hay que sumar el gusto por trazar una estética que abarca desde los tonos noir a la vertiente sci-fi terrorífica que bebe, principalmente, de la mítica publicación Eerie.
Bajo dicho marco estético y actitudinal, brota un cómic fascinante muy distinto, aparentemente, a “Taxista”, cumbre del cómic nacional por la que siempre será recordado Martí. Pero, a lo que vamos. En “Dr. Vértigo” (por cierto, un título que bien podría haberse cocinado en la sesera de Burns), el malogrado guionista y dibujante barcelonés se sumerge en un relato laberíntico que elude las premisas de la narración al uso. En su lugar, nos propone una inmersión total hasta las entrañas de un año de documentación psiquiátrica a la que da forma a través de una excursión pesadillesca, altamente, inquietante y cruda en su exposición sin medias tintas de la tortura psicológica a la que es sometida la ama de casa, protagonista de este cómic, expuesta a los métodos de un Dr. Vértigo impúdico a la hora de aplicar a su víctima toda clase de métodos para arrastrarla a los vertederos emocionales de su psique.
Se mire por donde se mire, una joya, tremendamente inquietante, por la que hay que agradecer a La Cúpula tan oportuna reedición.
