«Los 200 primeros casos de Mortadelo y Filemón» de F. Ibáñez
Por 2 junio, 2025 23:200

Justo después de la reedición de los álbumes que abarcan de 1969 a 1971, con hitos de nuestro cómic el “El sulfato atómico” o “Valor y… ¡al toro!”, es cuando Bruguera nos regala este tomo repleto de historia a lo largo de sus páginas, en las que cuales asistimos a Los 200 primeros casos de Mortadelo y Filemón. O lo que es lo mismo, el arranque de Francisco Ibáñez con el título más icónico de la viñeta nacional.
En este sentido, lo que aquí nos vamos a encontrar es con todo un festín de extras a lo largo de una edición, al mismo tiempo, con un precio más que asequible, en relación con el jugoso contenido reunido para la ocasión. Uno encuadrado en los años que van de 1958 a 1961, en los que Ibáñez se dedicó a explotar su enorme potencial por medio de la influencia inequívoca de la familia Bruguera de aquellos tiempos. En especial, de Vázquez, de quién tomó el gusto por el minimalismo como forma de entender la composición gráfica, con fondos casi invisibles, entre otras directrices estilísticas adoptadas, como la estructuración del gag a través de historias de una página en las que Ibáñez dio lo mejor de sí, tal como queda refrendado en “13 Rue Le Percebe”, la otra gran obra maestra del autor barcelonés.
Porque, no nos engañemos, antes de que Ibáñez se empapara totalmente por los modismos aplicados por Franquin en “Spirou y Fantasio”, cuando dio lo mejor de sí fue en viñetas como estas, trazadas bajo el don de las distancias cortas, espacios narrativos reducidos, en los que Ibáñez no sólo fue sembrando su fama desde las páginas de Pulgarcito, sino que nos proporcionó una de las etapas más inspiradas del tebeo español. El mismo para el cual estos 200 primeros casos de Mortadelo y Filemón no sólo constituyen un pilar irreductible de su historia y, sobre todo, evolución, sino que más de sesenta años después resuenan con la misma frescura que “Los cuentos de tío Vázquez” y “Anacleto”, de Vázquez, el gran maestro de un Ibáñez que, en aquellos años, aún trabajaba con la perseverancia de un catalizador de referencias. El mismo que encontró un sello propio que iremos viendo a lo largo de la propia evolución expresada viñeta a viñeta en este volumen, sencillamente, imprescindible para todo amante de la serie como de cualquier que, aparte de la sobredosis de carcajadas incluidas, quiera contar con todas las cartas que conforman el castillo de la historia del cómic nacional. Ni más ni menos.
