«Ranciofacts 7» de Pedro Vera

Por Marcos Gendre 0

Ranciofacts 7

Seamos sinceros, si Pedro Vera no está considerado como uno de los cinco autores más importantes del cómic español es porque se dedica al humor de brocha gorda, entendido esto último por la brutalidad de sus gags, no por otra cosa.

Desde que dejó un sello imborrable a través de “Ortega y Pacheco”, su creación más mítica, por medio de dos depravados de la interacción social, sus cómics no han dejado de ser más y más imprescindibles. Sin duda, el azote más inteligente y voraz contra los manierismos adoptados por la élite social de nuestro país, hecho que lleva al límite en su desternillante serie “Ranciofacts”. La misma con la que ahora llegamos al séptimo volumen de este título con el acelerador a tope y un Vera más brillante que nunca en su radiografía sin piedad de los modismos televisivos procedentes de la salsa rosa y de retratos tan tétricos como el que lleva a cabo de Andrés Sobera, de quien nos regala momentos de carcajada volcánica en su retrato impúdico del programa televisivo First Dates.

En esta recopilación de páginas ya publicadas en El Jueves, nos encontramos con una dimensión más allá de lo rancio, adjetivo más que pertinente para entender la idiosincrasia de nuestro truculento entorno de famosetes, cuñaos y demás especies nunca en extinción de una fauna global repleta de excusas para que Vera componga un mural de viñetas dibujadas desde una parodia colindante al terror de cómic underground norteamericano, pero adoptando una serie de señas de identidad que integran el casticismo bocachanclista como lenguaje más reconocible en un entorno donde la cultura es lo que menos importa. Una de la que Vera también nos regala viñetas que irradian una capacidad intransferible para mostrar unos personajes de miradas perdidas y rostros desencajados ante una locura generalizada mostrada desde un plano de realidad zombie tan turbia como lo es su habilidad para sublimar la herencia del chiste malo a un nuevo grado de surrealismo casposo. Vamos, lo que se entiende como un acto de fumigación social tan doloroso para quien se vea reflejado como terriblemente cómico para todo ser con un mínimo de risa floja en el cuerpo.

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