«Sin City: el duro adiós» de Frank Miller
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Pues sí, una nueva edición de “Sin City”. Pero, en esta ocasión, seguramente, la definitiva, No en vano, estamos ante una revisión por todo lo alto de esta obra magna, que también incluye una edición de lujo. Y es así porque, por fin, podemos disfrutar de un formato más grande y visual que nunca, además de una rotulación que hace plena justicia a la odisea definitiva del blanco y negro que Frank Miller desplegó a lo largo de esta revisión de los cánones ligados a la idiosincrasia noir. Los mismos que radicalizó a través de un dibujo tosco y expresionista, en una brutalización suburbial sin parangón en dicho género, que dio lugar a personajes tan icónicos como los que se pasean por “El duro adiós”.
En este primer tomo de la resurrección del universo “Sin City”, es donde nos podemos topar con Marv, Nancy y y el jefe mafioso Roark. Sin duda, tres de los pilares sobre los que rota la narrativa de un Miller que, para la ocasión, depuró al máximo el lenguaje de un cómic donde todo el guion surge de las apabullantes viñetas perfiladas, en una especie de versión cinematográfica de lo que también plasmó en su momento el gran Sampayo por medio de “Alan Rickner”, la otra obra cumbre del noir en el noveno arte, sin olvidar el memorable “Parker” del siempre añorado Darwyn Cooke.
Lo que, precisamente, nos ofrece esta edición es la posibilidad de absorber el apabullante despliegue visual desarrollado a través de un cómic que se lee constantemente a través de la voz en off de Marv, que clama venganza por la muerte de Goldie.
Aquí las viñetas están ensambladas en un encadenado gráfico donde su composición nos ofrece un carrusel desarmante de planos detalle, ángulos cenitales o memorables escenas que encierran todo el lenguaje cinematográfico del plano secuencia en una suerte de relato que subraya los arquetipos del género para llevarlos al límite de la mugre suburbial que bulle en cada pulsión de tan magnética ciudad del pecado. Sin duda, uno de los puntos culminantes de la trayectoria de un Miller que, en aquel momento, ya no tenía nada que demostrar tras títulos canónicos de como “Batman: el regreso del caballero oscuro” y su providencial incursión en el universo Daredevil junto a Klaus Janson.
Sin duda, un manjar de cinco tenedores que hace del ejercicio de estilo la mejor excusa para poder deconstruir un género y vampirizarlo de una forma tan icónica, personal y, sí, definitivamente, atemporal.
