Crónica del concierto de Deafheaven en Madrid (sala Mon)
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El concierto de Deafheaven en la Sala Mon de este pasado 21 de noviembre es uno de esos que difícilmente se le olvidará a los que asistimos.
El arranque de la velada corrió a cargo de Zeruel, artista americano, que no tenía muy localizado, que los ha acompañado en el tour con su marca personal de “post-rock, shoegaze y metal inspirado por metroidvanias” (descripción de su bandcamp). Un inicio bastante tranquilo para lo que proponen los siguientes en entrar a la acción: Portrayal of Guilt.
El grupo de black metal que ya acompañó a Deafheaven en su gira europea de 2019 (un abrazo a esa edición del ya desaparecido en combate AMFest) volvieron a poner una dosis de brutalidad para calentar motores, con una caja y un bombo que sonaban cada uno como un escopetazo en el pecho, y una agresividad que llevaban guardándose desde la última vez que vinieron a España. Destacar sobre todo el cierre con The Crucifixion, tema de CHRISTFUCKER (2021), pesado como una lluvia de yunques, dejándonos a todos a tono para la cabeza de cartel.
Quiero empezar con lo malo del concierto del grupo de “post black metal”, “blackgaze” o como lo queramos llamar a estas alturas para centrarme exclusivamente en lo bueno; que no fue poco. El sonido dejó muchísimo que desear, desde casi cualquier ángulo de la sala. Luego de acabar de algún modo en el pogo y terminar en primera fila y hablar con bastantes personas, las guitarras a veces no eran muy distinguibles entre sí, a la batería del increíble Daniel Tracy a veces no se le notaba del todo la caja y el bajo tampoco sonaba demasiado; cosa que fue especialmente triste luego de que la batería de Portrayal of Guilt sonase como una ametralladora montada en un camión Iveco cargado de dinamita.
Sea como fuere a las 21:30 Deafheaven estaban preparados para todo, después de una gira del que es su disco más aclamado hasta la fecha tanto por detractores como fans, Lonely People With Power (2025), disco en el que su marca personal blackgaze que empezó en Sunbather (2013) se ve refinada al máximo, casi más como un testimonio de que todo lo que han hecho desde entonces tenía como propósito llegar a este punto de perfeccionamiento de su fórmula. Y sí, incluimos al pobre Infinite Granite en la ecuación.
Y ellos son conscientes del cariño que ha recibido el disco; salvo “Brought to the Water”, “Sunbather” y “Dream House”, todo el concierto fueron canciones de este último disco, y esto no es en absoluto una queja. Un arranque tremendamente violento con “Doberman” marcaba el ritmo que iba a tener toda la velada y el público estaba completamente entregado desde el primer minuto. Tardó la gente un poquito en animarse a siquiera moverse, pero George Clarke, el vocalista, comandó al público a moverse como bien pudiesen.
La avalancha de gente me llevó de un lado a otro de la sala, justo a tiempo para el inicio de uno de los dos singles del disco, “Magnolia”, con el que la gente ya estaba bailando de la palma de su mano y la energía estaba por las nubes.
Siguió un doblete de temas de su pasado, “Brought to the Water” del New Bermuda y “Sunbather” del disco homónimo hicieron que los fans que llevamos más de 10 años ahí llorásemos de felicidad, un caramelito para todos.
“The Garden Route” es un tema algo más tranquilo que en directo gana otra dimensión de intensidad, y sirvió casi más como un “descanso activo” que como un interludio, con el grupo estando claramente en su salsa, con un feedback constante y recíproco de energía entre ellos y el público.
Esto sirvió para que el vocalista, en completo control de la situación ordenase al público a subirse al escenario para empezar con el stage diving. “This is one of our favourite songs to play. Get the fuck up, I order you to stage dive!” gritó, y no menos de 20 personas subieron en los 5 minutos que dura Body Behavior, ese tema que casi parece “glam black metal” y tenía a todo el mundo en un estado cambiante constante de bailar/saltar/pegarse con el resto. Cerraron el bloque con Amethyst y se fueron tras bambalinas, imagino que a respirar un poco. El ambiente era completamente eléctrico y el público no tardó en empezar a gritar “ONE MORE SONG” aún sabiendo que quedaba concierto por delante.
Empezó a sonar “Incidental II”, uno de los múltiples interludios del disco dando paso a la apisonadora de tema que es “Revelator”, y la masa de público era perfectamente consciente de que “en este tema hay un paroncete”. Para entonces, como Moisés partiendo las aguas, George comandó al público. Se abrió en medio el mar de personas, esperando a que Tracy volviese con esa batería, causando una pared de la muerte cuya energía podría haber suministrado un continente entero con electricidad de aquí al 2050. Cuerpos volando por los aires, stage diving intercalado con un pogo que no paraba, un circle pit que te sirve para hacer cardio y no tener ningún problema del corazón en lo que te queda de vida.
Pero bueno, que me alargo. “Dream House”, del Sunbather, es un momento casi religioso para la sala entera. Clarke directamente se tira al suelo y es arropado por la primera fila, dándole el micrófono al público que se la sabe al dedillo. “Is it blissful?” pregunta, y el público retruena con “It’s like a dream” y casi se siente más como una misa dedicada al amor entre gente que ni se conoce que como un concierto cualquiera.
El cantante termina su baño de masas para indicar que “Todo lo bueno tiene que terminar. This is Winona” y las guitarras con reverb empiezan a prepararse para un último crescendo victorioso, casi bíblico, a lo que los platos de la batería empiezan a preparar al público que empieza a dar saltitos como un perrete que está viendo a su dueño abrir una lata.
Cuando la canción rompe y hasta los mismos Deafheaven están bailando en el escenario, dándolo todo y se les nota que se están divirtiendo, esto es una fiesta. Yo esperaba Winona como un momento solemne, casi de respeto sepulcral, pero tanto el grupo como el público no dejan de moverse, de bailar, de dar órdenes. Hay júbilo, hay alegría, y un último pogo. Muchas personas se tiran del escenario y aterrizan un poco como pueden. No tengo claro que nadie querría que acabase ese concierto. Se podía palpar la absoluta euforia del momento.
Al cerrar agradecieron a todo el mundo, se les dio una ovación bastante larga y todo el resto de mortales a sus trabajos y casas de nuevo. Muchas gracias por tanto Deafheaven, no os merecemos.
