«Benito Boniato: el héroe del cómic» de Carlos y Luis Fresno
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Prosigue la recuperación de un título icónico del cómic nacional ochentero como “Benito Boniato”, del cual Dolmen editorial publicó recientemente este segundo volumen, que comprende los años que van de 1982 a 1985.
En los mismos, prosigue el deleite en torno a un dibujo que bebe de la escuela de Franquin, lo cual subraya el tono caricaturesco de unas viñetas ancladas a una sensación permanente de costumbrismo juvenil. Llegados a este punto del cómic creado por los hermanos Fresno, lo que queda patente con esta fabulosa edición de rescate es que “Benito Boniato” destacaba muy por encima de la media en aquellos años. En este sentido, hablamos de un título que, tal como se percibe en cada una de estas páginas, es hijo de su tiempo. Hecho del cual podemos extraer conclusiones en torno a la pervivencia de una ingenuidad muy típica de su época de la cual los hermanos sacaron el máximo partido a la hora de construir un retrato preciso, aunque lógicamente a las órdenes dictadas por el gag, de lo que era la vida de un adolescente de barrio en aquellos tiempos.
No obstante, cuando hablamos de “Benito Boniato” sobre todo, lo hacemos de un título que abruma por la sencillez con la que los Fresno extraen oro puro de su planteamiento, casi siempre, basado en situaciones armadas en torno un planteamiento recurrente: las ideas disparatadas de Benito para salir delante de las complicaciones que se va encontrando a lo largo de su periplo hacia la vida adulta.
Si bien es verdad que el modus operandi no ofrece signos de originalidad, ni la buscan, también lo es que los personajes creados para la ocasión generan empatía al instante gracias a unos estereotipos (los padres, los amigos de la pandilla) de los que ellos siempre consiguen plasmar en su punto álgido expresivo, lo cual redunda en la conexión que generan alrededor de un sinfín de situaciones que resuenan como la guía definitiva para amantes de toda esa cultura de los ochenta que va del cine de videoclub a esos cómics de “Zipi y Zape” en los que fueron publicadas las peripecias de un “Benito Boniato”. Los mismos que en esta segunda parte de su retorno a la vida rezuman nostalgia gratificante por los cuatro costados y un apartado gráfico, ciertamente, esplendoroso.
