Con una propuesta que entrelaza electrónica y emoción Atzur se ha consolidado como una de las propuestas más singulares del panorama alternativo. Su universo sonoro se mueve entre la intensidad y la sensibilidad, con una narrativa muy cuidada que se percibe tanto en la música como en lo visual.
Ahora regresan con Humble, su segundo disco: un trabajo que expande su sonido y reafirma su personalidad artística. Con este lanzamiento como punto de partida, les planteamos ocho preguntas para adentrarnos en esta nueva etapa.
HUMBLE es un título que llama la atención desde el primer momento. Cuando habláis de humildad, ¿de qué estáis hablando exactamente? ¿Por qué sentíais que ahora era el momento de reapropiaros de esa palabra y darle la vuelta?
Rechazamos el concepto de humildad cuando se utiliza como arma de manipulación. La humildad que debilita, que reduce. Cuando descubrimos que el que había sido nuestro manager nos había estado estafando, fue en ese momento cuando dijimos “basta”. Vamos a hacer las cosas a nuestra manera.
Tras vuestro debut, Strange Rituals, da la sensación de que con este segundo disco hay un salto claro. ¿Dónde notáis más esa evolución: en el sonido, en el concepto, en lo personal… o en todo a la vez?
Todo a la vez. Nuestra música es algo vivo. Nosotros cambiamos y evolucionamos, y todo cambia y evoluciona con nosotros y a nuestro alrededor. Con HUMBLE, el salto sonoro es más grande, más arriesgado, más sin miedo, más libre. No nos escondemos detrás del concepto.
El disco suena enorme, expansivo, casi pensado para grandes escenarios. Y, sin embargo, sois solo dos. ¿Cómo construís esa sensación de grandeza en el estudio?
Trabajamos siempre con el directo en el foco. Cada detalle cuenta: el espacio, la reverb, el silencio justo antes del drop… La dinámica en las canciones es clave. Ser dos es una ventaja porque no hay ruido externo. Si algo nos emociona a los dos, se queda, si no, fuera.
En HUMBLE os movéis con naturalidad entre el pop alternativo, la electrónica, el reguetón o incluso el hyperpop más épico. ¿Cómo sabéis hasta dónde tensar cada canción sin perder lo que os define? ¿Os sentís cómodos viviendo en ese riesgo constante?
No lo vemos como un riesgo, sino como libertad creativa. La canción (o la visión) guía siempre por encima de todo. El límite no es el género, es la honestidad. Las emociones definen las canciones sin importar en que idioma o género se traduzcan.
«hate me» es uno de los momentos clave del álbum y casi una declaración de principios. ¿Qué hay detrás de esa frase “Even if you don’t love me / new people will love me”? ¿Cómo surgió la idea de mezclar el verso en castellano con ese ritmo más cercano al reguetón?
La mezcla de idiomas siempre ha sido algo natural. Desde las primeras canciones siempre hemos mezclado español e inglés. Somos un dúo que habla 5 idiomas a nivel materno. Para «hate me» la canción lo pidió en ese momento. El beat de reguetón era perfecto: tiene ese algo corporal. Queríamos que doliera… pero bailando.
Hay mucha vulnerabilidad en el disco, pero expresada desde ángulos muy distintos: el duelo, la fragilidad, la euforia casi catártica. ¿Qué pasa con todo eso cuando lo lleváis al directo? ¿Cómo se gestiona esa intensidad sobre el escenario?
Gestionarlo es cuestión de entrega. No puedes protegerte. Sales, te rompes un poco y confías en que el público te sostiene. Y siempre lo hacen.
Venís de girar por Europa central y del este, con varios sold outs, y ahora empezáis la etapa española. ¿Habéis notado diferencias entre el público de fuera y el de aquí? ¿Cómo imagináis estos conciertos en Barcelona, Bilbao, Valencia, Madrid, Sevilla y Oviedo?
Totalmente. De hecho, nos ha sorprendido muchísimo la entrega fuera. En Europa central y del este hemos vivido audiencias increíbles: gente cantando todo, gritando, bailando… Más que diferencias de actitud, sentimos matices en la energía. Cada ciudad tiene su propia forma de vivir el concierto, pero cuando algo conecta, conecta igual en cualquier idioma. La etapa española la imaginamos igual de intensa. Más que comparar, queremos sumar. Que cada fecha sea una celebración distinta, pero con la misma sensación: comunidad, euforia y cero distancia entre escenario y público.
Justo antes de arrancar la gira, tocaréis en el 20º aniversario de Ticketmaster España, después de haber sido elegidos entre más de 300 propuestas. ¿Qué supone para vosotros actuar ante profesionales de la industria en un evento así, de la mano de The Spanish Wave?
Somos un proyecto 100% independiente. Estar ahí, en un evento así, demuestra que hacer las cosas a tu manera también puede abrir puertas. Que nos hayan elegido entre más de 300 propuestas valida el trabajo silencioso de años. No es suerte, es constancia. Al final, si conectas de verdad, da igual quién esté delante. Público es público. Y nosotros no sabemos hacer otra cosa que ir “all in”. Estamos muy agradecidos a Ticketmaster España y a The Spanish Wave por confiar en nosotros y darnos esta plataforma.

