Desde Taiwán a la Serranía de Ronda. Liu Cheng-Hsiang expone “Los Huesos de la Tierra, El Aliento de la Luz”, tras su paso por ARCOMadrid.
Nos adentramos en un lugar único, un secreto escondido en la provincia de Málaga. La Serranía de Ronda acuna en su zona oeste a un pequeño pueblo llamado Genalguacil, el único con categoría de Pueblo Museo de la región. Sus casi cuatrocientos habitantes conviven con obras de artistas internacionales de toda procedencia que coronan sus calles, de casas encaladas y claro trazado de pueblo blanco andaluz. Un mapa de arte contemporáneo que culmina en un recinto cerrado, el Museo de Arte Contemporáneo ‘Fernando Centeno’.
A este rincón del mundo fue a parar un conocido artista contemporáneo taiwanés, Liu Cheng-Hsiang. En los meses de septiembre y octubre del pasado año tuvo lugar su residencia artística, donde inició una investigación sobre el terreno y cuyo resultado ‘Los Huesos de la Tierra, El Aliento de la Luz’ ha presentado hace unos días en la Feria Internacional ARCOMadrid.
El sur: resistencia y arte
“Poder venir a Genalguacil como artista taiwanés, tras haber sido seleccionado por el Ministerio de Cultura de Taiwán y el museo de este pequeño pueblo español, ha sido para mí una experiencia única. Lo que me llevó desde un principio a presentarme aquí no fue solo la oportunidad de una residencia artística breve, sino también la posibilidad de que el arte penetre de verdad en el tejido de este lugar. Este pueblo, situado en las montañas del sur de España, no concibe el arte como una simple decoración, sino que permite que las obras, los habitantes, el paisaje y la vida cotidiana se entrelacen entre sí. Para mí, tales condiciones son un tesoro muy valioso. Implican que la creación no se aísla en un taller neutro, sino que se sumerge en un entorno cargado de un clima concreto, historia, texturas y la calidez de las relaciones humanas”.
También conocido como Shawn Liu, desarrolló en la Serranía de Ronda una instalación a gran escala que combina piedras de olivino local, madera carbonizada y proyecciones algorítmicas para evocar la memoria del paisaje y el fuego.
“Esta experiencia ha tenido un profundo impacto en mi obra. Hasta ahora, mis obras exploraban sobre todo las relaciones entre el tiempo, la experiencia sensorial, la generación de imágenes y el espacio. Sin embargo, en Genalguacil empecé a enfrentarme de manera más directa a la resistencia de los propios materiales, a las huellas en las superficies y al grosor que aporta el paisaje. El sol del sur de España es feroz, por lo que las sombras son cortas y definidas y el aire es seco. Las piedras, la madera, las paredes blancas, las marcas de quemado y los brillos de los minerales parecen haber sido tallados poco a poco con el paso del tiempo. Estas experiencias han cambiado la trayectoria de mi lenguaje creativo, que partía desde un enfoque en la composición de imágenes y la lógica generativa, ahora hacia una dirección más cercana a la tierra, lo que arde, la sedimentación y a la memoria de la materia.”
La inauguración en Genalguacil y el poder del arte
“(…) la resonancia más profunda de este proyecto ocurrió el día de la inauguración, cuando se acercaba el momento del atardecer. Habíamos completado la exposición siguiendo el ritmo cotidiano del pueblo y, durante mi discurso, se la dediqué a los vecinos. Tras la inauguración, dos señoras mayores españolas se acercaron y me dieron un abrazo profundo. No compartíamos idioma, pero en ese instante sentí con claridad que esa es la esencia más pura del arte: ser capaz de atravesar medio mundo, cruzando fronteras lingüísticas y culturales y llegar directo al corazón de las personas. Eso reafirmó mi convicción de que las obras no solo son producidas, sino que en realidad nacen lentamente del entorno, el paso del tiempo y la calidez humana”.
Arquitectura y arte contemporáneo en la trayectoria de Liu
“Creo que la relación entre ambas disciplinas es muy profunda, aunque no se manifieste de forma directa o superficial. Mis obras no siempre tratan explícitamente de la arquitectura, pero mi formación como arquitecto ha marcado mi manera de entender el mundo y de estructurar las experiencias. Me enseñó a reflexionar desde el espacio, la estructura, la proporción, los materiales, la luz y los movimientos humanos, en vez de ver la imagen solo como un resultado en un plano.”
“Por eso, en mi obra, la imagen no es simplemente un plano aislado, sino una disposición espacial, una forma de observar lo ocurrido. Lo que me interesa de verdad es: cómo una persona entra en la imagen, cómo se deja envolver por la luz y las superficies, cómo lee un espacio a lo largo del tiempo e incluso cómo percibe, a través de lo visual, la estructura, la presión, el ritmo y la dirección.
No importa si trabajo con fotografías, vídeos, imágenes generadas o instalaciones, nunca los concibo solo como materiales, sino como formas de organizar experiencias y reestructurar la manera de mirar”. Desde este punto de vista, en realidad sigo siendo un arquitecto. Lo único que cambia es que ya no construyo únicamente espacios físicos, sino la propia mirada.
Las residencias artísticas
“Considero que es crucial, especialmente para los artistas contemporáneos. Una residencia no consiste solo en cambiar de lugar de trabajo, sino que ofrece una oportunidad para desprenderse temporalmente de las rutinas preexistentes y del ritmo cotidiano. En la vida cotidiana, los artistas somos fácilmente atrapados en tareas administrativas, en métodos a los que ya estamos acostumbrados o incluso en contextos culturales determinados; sin embargo, una residencia nos ayuda a crear un periodo de alta concentración que permite adentrarnos en un entorno y contexto cultural desconocidos, y recalibrar tanto nuestra forma de sentir como nuestros procesos creativos.
Si repasamos la historia del arte, los artistas europeos tradicionales solían ampliar sus horizontes a través del «Grand Tour», nutriéndose del contacto con distintas culturas, a la vez que se daban a conocer en el mundo. Para mí, las residencias artísticas de hoy en día han prolongado, en cierto modo, ese espíritu. Siendo un método a la vez retro e innovador: por un lado, las residencias artísticas continúan la tradición de elevarse a través de grandes viajes, la transformación personal y el intercambio cultural. Por otro lado, abren, en las redes internacionales contemporáneas, nuevas posibilidades de diálogo, colaboración y comprensión mutua.
Por tanto, el valor de las residencias artísticas va mucho más allá de lo que pueda aportar a un currículum. Lo verdaderamente valioso radica en cómo enriquecen la mirada del artista, transforman las condiciones en las que se crean las obras y las sitúan en nuevos contextos. No son solo lugares de producción, sino formas para tejer un diálogo profundo entre el artista y el mundo que lo rodea”.
El eterno problema del arte contemporáneo: el artista y la descodificación
“Creo que el primer paso no es apresurarse a explicar las obras, sino crear una puerta de entrada que invite al público a adentrarse. Muchos se sienten alejados del arte contemporáneo, no porque les falte la capacidad de comprender, sino por asumir de entrada que no están calificados para entenderlo. Esta barrera psicológica suele impedir el intercambio mucho antes de que la obra misma entre en juego.
Así, lo que los artistas pueden hacer no es fijar una única interpretación, sino habilitar un acceso abierto a la obra. Esta puede ser la textura de un material, un fragmento sonoro, una atmósfera espacial o una pregunta que resuene personalmente. Incluso creo que, en muchos casos, la tecnología, los métodos e incluso la intención creativa pueden quedar en segundo plano: lo más importante es volver primero al cuidado de la sensibilidad y dejar que la obra conmueva de manera pura y sincera.
La mirada en sí ya es el comienzo de la comprensión. El público no necesita dominar la teoría para tener derecho a acceder a la obra. Cuando una obra logra tener en cuenta primero la sensibilidad, hacer que uno se detenga, se sienta conmovido y atraiga su atención, entonces las capas más profundas – conceptos, técnicas y contextos- pueden empezar a desplegarse poco a poco. Para mí, el arte contemporáneo más potente no presume de su complejidad, sino que regresa a un estado puro y conmovedor”.
Actualidad: arte tradicional vs arte contemporáneo
“Creo que, en su proceso de recepción, el arte contemporáneo se ha vuelto realmente más desafiante. Esta dificultad no proviene únicamente de la extrañeza formal, sino también de la enorme complejidad de la realidad que aborda. Los artistas de hoy no solo necesitan un dominio de las técnicas creativas, sino también una amplitud de conocimientos, sensibilidad, capacidad de reflexión y la habilidad para entender y dialogar con el mundo. En cierto sentido, esto equivale a una exigencia casi de «educación integral»: los artistas no son sólo productores, sino también observadores, investigadores, cuestionadores e intérpretes. Creo que este es un desafío que la educación artística en Taiwán debe afrontar: ¿cómo formar creadores que no se queden en el entrenamiento técnico, sino que desarrollen una sólida base cultural, capaz de abordar la complejidad del mundo contemporáneo más allá de lo formal?
El hecho de que el artista deba vincularse constantemente con su tiempo, buscando anclajes formales que respondan al espíritu, las contradicciones y las transformaciones tecnológicas de la época, hace que su obra no pueda ofrecer, como el arte tradicional, una narrativa estable ni una belleza inmediata y fácilmente comprensible. No obstante, no considero que el arte contemporáneo sea «difícil de aceptar», pues aborda la tecnología, las condiciones de existencia y las estructuras sensibles que vivimos cada día. El arte contemporáneo exige más del artista y del espectador, pero también es precisamente por eso que refleja con mayor autenticidad nuestro tiempo”.
El rol del artista en un mundo en crisis
“No creo que los artistas puedan ofrecer directamente una respuesta estándar de nuestra época. Pero en estos tiempos de incertidumbre y a veces fragmentada, sostengo que los artistas contemporáneos deberían asumir el papel de «conectores».
El mundo en que vivimos se encuentra cada vez más, sobrecargado de información, polarizado en sus posturas y marcado por emociones fugaces. En estas circunstancias, la labor del artista es conocerlo en profundidad y tratar de suturar, de conectar, este mundo roto. Es una tarea sumamente difícil, porque el lenguaje, la cultura y los contextos históricos a menudo representan abismos difíciles de atravesar; pero esto también constituye el núcleo de mi práctica: pienso siempre en cómo, a través de la obra, volver a unir extremos originalmente heterogéneos.
Intento, a través de la obra, enlazar materiales distintos, modos de sentir diferentes o espacios-tiempos originalmente paralelos. Cuando se tocan esos extremos heterogéneos, nuevas posibilidades nacen en ese punto de fricción. Por ello, el artista no se limita a crear objetos, sino que se asemeja más a un afinador de sensibilidades y a un puente. Custodiamos un espacio que aún permite la duda, la reflexión y la imaginación, permitiendo que, en medio de una realidad fragmentada, las personas puedan volver a percibir las posibilidades de conexión entre sí”.
Liu en ARCOMadrid
“Esta es mi primera vez en ARCOMadrid, y para mí ha sido una experiencia muy intensa y especial. ARCO no es solo una de las ferias de arte contemporáneo más importantes de España, sino también un nodo clave para el intercambio artístico en todo el mundo hispanohablante. En un entorno de esta magnitud y ritmo acelerado, las obras deben captar la atención rápidamente y, al mismo tiempo, sostener lecturas provenientes de distintas culturas.
Esta participación tuvo un significado especial para mí, porque las obras que llevé a ARCO no eran piezas aisladas, sino estrechamente conectadas con mi experiencia de residencia en Genalguacil. En un espacio que cada año atrae a cerca de cien mil visitantes y concentra un gran vocabulario contemporáneo internacional (junto con un bullicio constante), trajimos desde el pueblo un grupo de leños chamuscados y, siguiendo la topografía del lugar, las colocamos como una superficie receptora de proyecciones de imagen, permitiendo que la obra cobrara nueva vida en otro contexto.
Es un contraste muy intenso entre la velocidad de la mirada y el estado de la materia. Curiosamente, aunque el público no siempre conoce del todo el contexto detrás de las obras, cuando se detiene en medio del bullicio de casi cien mil personas a observar ese conjunto de leños chamuscados y sus superficies irregulares, sigue siendo atraído de forma intuitiva por la textura de los materiales, la luz y el sentido del tiempo, incluso llegando a ser conmovidos. Esto me recuerda una vez más que lo verdaderamente importante no es explicar todos los conceptos primero, sino si la obra puede ser sentida en el lugar. Cuando se siente de verdad, la distancia entre lenguajes y culturas empieza a acortarse, y entonces surge el diálogo auténtico. Para mí, este es también el aspecto más valioso de ARCO”.
El público ante el arte contemporáneo: guía práctica
“Primero les aconsejaría: no se apresuren a «entender», sino que primero practiquen el acto de «mirar». Frente al arte contemporáneo, muchas personas tienden a buscar de inmediato la respuesta: ¿qué comunica esta obra? ¿Cuál es su valor? ¿Por qué se realizó de esta manera? Sin embargo, considero que un punto de partida más sólido consiste en preguntarse primero: ¿qué percibo? ¿Qué siento? ¿Por qué me conecta o, por el contrario, por qué me distancia?
En segundo lugar, no vean el arte contemporáneo como algo demasiado lejano. Lo que aborda no son conceptos abstractos inalcanzables, sino el mundo que estamos viviendo, solo que presentados mediante métodos distintos. No hace falta que les guste de inmediato ni que estén de acuerdo al instante, pero sí pueden empezar por establecer una relación con él.
Por último, creo que lo más importante es permitirse «no saber». Muchas veces, el arte contemporáneo no ofrece respuestas, sino que abre un espacio de preguntas. Estar dispuestos a permanecer en ese estado aún incierto es, en realidad, el comienzo de la comprensión. A veces ni siquiera es necesario entender primero el concepto de la obra, sino sentir cómo su luz, su superficie, su sonido o sus materiales actúan sobre ti; muchas de las comprensiones más importantes suelen comenzar desde allí”.
La exposición ‘Los Huesos de la Tierra, El Aliento de la Luz’ se puede visitar hasta el 18 de octubre en el Museo de Arte Contemporáneo Fernando Centeno (calle Lomilla 9 de Genalguacil) de jueves a domingo, 11:00–14:00 y 16:00–19:00 y cuenta con entrada gratuita.


