Wavves: lo eficaz de lo básico

Por Lobo López 0

Hay conciertos que funcionan como cápsulas del tiempo y otros que, sin pretenderlo, se empeñan en sonar nostálgicos y algo desfasados. Lo de Wavves en Madrid perteneció a esta segunda categoría.

Lejos de instalarse en una evolución musical pareja a la celebración de los años, la banda de Nathan Williams machacó con su fórmula —surf punk de nervio melódico, urgencia rítmica y estribillos coreables— a los reunidos en la madrileña sala Copérnico el pasado viernes.

Pero antes fue el turno NO FUCKS que abrían aún con la sala a medio gas. Los de Gijón ofrecieron un directo un tanto deslavazado, debido a lo mejor al tiempo alejado de los escenarios de la banda. No faltaron temas como “Punkipop” o “Antes lo sospechaba”, puntas de lanza de su punk-pop que tiene a California y a la nueva ola surfera como referentes, tanto musical como culturalmente hablando.

Tras la salida del escenario de la banda telonera, Wavves arrancaron de inmediato con “Way Too Much”, casi sin margen para el tanteo, Nathan debió aprender de visitas anteriores. Los de San Diego afilaron sus instrumentos para desempacar “Idiot” y “King of the Beach”, de su celebrado disco de 2010; Pitchfork llegó a darles un inflado 8,4. De esta forma se invitaba a un pogo desmedido a los allí reunidos, dejando más que claro que la noche no iba a ser tranquila.

Wavves

Con “Afraid of Heights” o “Demon to Lean On” bajaron revoluciones y sirvió a Williams y los suyos para tomar un poco de aire y recuperar cierta forma física algo tocada. Mientras tanto, el público asumió buena parte de los estribillos que lejos de percibirse como una carencia, reforzó la sensación de comunidad. En los temas más celebrados, el volumen de la sala se duplicó gracias a unos coros espontáneos y generacionalmente diversos. El repertorio conjugo clásicos y material reciente con gran destreza, sonando canciones de aquel disco homónimo perfectamente integradas con piezas de su última etapa.

Pero si algo define a Wavves es su capacidad para convertir la apatía en combustible. Así en la recta final, la intensidad volvió a dispararse con temas como “My Head Hurts”, “No Shade” o una sonrojante “Bozo”. El momento más físico de la noche llegó con un pequeño caos controlado, que el propio cantante, Nathan Williams, se encargó de organizar, llenando la sala madrileña de euforia desbordada, sudor y sonrisas cómplices.

El cierre llegó con la catártica “Green Eyes”, sin grandes discursos ni gestos ampulosos; bastaron guitarras aceleradas y un último estribillo gritado a pleno pulmón para sellar la comunión.

Parecen ya lejos los tiempos en los que Nathan y los suyos vivieron su edad dorada, pero Wavves siguen defendiendo una idea sencilla y efectiva: canciones directas, estribillos básicos, emoción sin filtros y una celebración compartida. Lo suyo es nostalgia y tozudez.

Galería del concierto de Wavves en Madrid