El final del verano se acerca y con él el final de los macrofestivales. Mientras que en España lamentablemente el Kalorama, antes Cala Mijas cuando se celebraba en la Costa del Sol, no ha triunfado dentro del siempre difícil calendario madrileño, en Lisboa el festival sigue consolidado y los 110.000 asistentes este pasado fin de semana bien que lo corroboran. El festival parecía la excusa perfecta para poder disfrutar de un fin de semana en la capital portuguesa, pero por desgracia solo pude asistir el último de sus tres días, el más apetecible por otro lado.
A primera vista el parque de Bela Vista, donde se celebra el evento, parece un lugar idílico, pero a medida que se pasea por él se le ven algunas costuras: lo pesado que puede ser el tránsito entre los dos principales escenarios por culpa de las cuestas (sí, estamos en Lisboa, ciudad de cuestas), la tierra que se levanta por culpa de la sequía en el terreno, pero sobre todo por una escasez de baños que puede llegar a desesperar si no eliges bien el momento de orinar. En el lado positivo hay que destacar la cantidad de espacio que hay para tumbarse en el césped y descansar, o que lo escarpado del terreno del escenario principal facilite estar a los lados en alto sin problemas de visibilidad.

La inspección de terreno pilló cuando High Vis comenzaban a caldear el ambiente de lo que posteriormente sería una nube de polvo y felicidad. Así que la primera actuación en condiciones fue la de Wednesday. Tras poder verlos en febrero en la sala Copérnico de Madrid apenas a dos metros, la distancia festivalera podría haber sido un obstáculo que sin embargo la magia de Karly Hartzman se encargó de borrar. Su notable Bleeds fue el pegamento de un concierto de esos que te dejan una sonrisa en el rostro, la misma que la propia Karly mantuvo. Siempre es un placer volver a escuchar “Bath County” o “Bull Believer”, o disfrutar de un desgañitante cierre con “Wasp”.
Peaches dio la réplica cuando Wednesday aún no habían terminado. La canadiense hizo lo que mejor se le da: montar un show lleno de provocación, cambios de vestuario y mucha parafernalia. Su reciente trabajo No Lube So Rude ocupó gran parte del concierto, dejando a más de un seguidor de Deftones y Turnstile (siguientes en saltar al escenario principal) con el gesto contrariado, tanto como el que provocó la aparición del mismísimo Brenda Yates de Turnstile para cantar su mítico “Fuck the pain away”. Aquí haré un inciso sobre el leonino contrato que la artista obligaba a firmar a todos los compañeros gráficos que quisieran acceder al foso. Está feo robar el trabajo de otras personas.
Cuesta para arriba para ver qué tal sonaba la unión entre el rapero Freddie Gibbs y el productor The Alchemist. A pesar de lo entregados que se mostraron gran parte de los que me rodeaban, nunca llegué a contagiarme de dicha energía. Mucho “fuck police” o “give me money” como eslóganes entre canciones, y al poco estaba volviendo a bajar para, cerveza en mano, disfrutar de uno de los platos fuertes del día: Turnstile. Los de Baltimore no se andaron con rodeos y arrancaron con “Birds”. Poca broma. Si la gente quería mandanga aquello fue la mecha para que una nube de polvo cubriera gran parte de la zona de escenario. Un pogo de 50 minutos de sudor, de gritos y sobre todo de felicidad. El grupo está en su “prime” y a pesar de no tener mucho tiempo, hicieron que los que viajamos para verlos no nos fuésemos decepcionados, porque meterte entre pecho y espalda casi lo mejor de sus discos Glow On y Never Enough sana el alma.

Con todo el subidón en lo alto volver a subir la colina para ver por tercera vez en un año a Clipse no me pareció mal. Fuera por la adrenalina soltada, porque ya era noche cerrada o porque el frescor de Lisboa hizo que me pusiera una sudadera, esta vez sí que conecté con ellos. Las dos anteriores como teloneros de Linkin Park en Madrid no entré para nada en su juego y en esta ocasión, siendo su show clavado, me dejé llevar por las rimas rápidas entre Pusha T y Malice. Un estupendo puente para los grandes cabezas de cartel: Deftones.
Ya viajé a Londres el pasado mes de febrero para verles presentando el sobresaliente Private music y volver a cruzarme en su camino pocos meses después no me pareció una mala idea esperando ver si seguían dándole bola al disco o por dónde iban a salir con el setlist. Con setlist.fm si quieres puedes perder la magia y yo no quise destrozarme la película. Me emocioné como si fuera la primera vez que escuchaba “Be Quiet and Drive (Far Away)”, para mí una de sus mejores canciones, nada más empezar. Ver cómo soltaban casi sin descanso “Swerve City” y “Around the Fur” a continuación me hizo recordar el bolo londinense, con un Chino Moreno espídico, moviéndose por todo el escenario: de punta a punta o subiendo y bajando las escaleras. Y es que los californianos están en uno de sus mejores momentos en directo, totalmente entregados a sus seguidores, frescos, ágiles, como si no tuvieran 50 palos a sus espaldas. Pocos se acuerdan de que Stephen Carpenter no está gracias a la destreza de Lance Jackman.
El concierto fue un chorreo sin descanso de temas de casi todas sus épocas. Especial ilusión ver que rescaten “Korea”, que “Feiticeira” no se caiga, la sorpresa con “Risk”, lo bien que suena “Locked club” en directo o cómo te pueden dejar exhausto cerrando con “My Own Summer (Shove It)” y “Milk of the madonna”. Que alguien me diga cómo Chino llegó a ese punto del concierto con esa energía.
Hubo bis, y menudo bis. “Change (In the House of Flies)” hizo gritar a los presentes recordando lo bueno que es White Pony. Con “Lotion” Chino explotó y se tiró al foso para celebrarla junto a la legión de fans y como no, “7 Words” puso el broche a un concierto épico. Que alguien los vuelva a traer a Europa, pero si puede ser en España, mejor.
Galería del MEO Kalorama 2026










