Continuamos nuestro viaje a través del espejo del Primavera Sound 2023 contándote qué pasó el viernes, tanto en Barcelona como en Madrid. Para Barcelona, la mitad del camino. Para Madrid, el principio. No siempre elegimos el mismo camino y, cuando lo hicimos, no lo vivimos igual. Aquí te lo contamos:
Viernes Primavera Sound Barcelona 2023, María José Bernáldez.
- Julia Jacklin: Mereció la pena dejar la comida a medias para poder llegar al espectáculo de mi favorita entre las tres Julias del cartel: una Julia Jacklin que supo mezclar mediostiempos, baladones y canciones más animadas a un público que se quedó sin habla y entró de lleno a vivir el concierto que fue subiendo de intensidad en un ritmo muy bien pensado y se metió en el bolsillo de su precioso vestido a los más madrugadores.
- Yves Tumor Dj Set: Quisimos probar la nueva Boiler Room, una adaptación de la arquitectura del Teatro de Almagro, y entramos a ver la primera de las 5 actuaciones de Yves Tumor en el festival. Un set de dj muy de principios de los dosmiles con truquitos para subir el ánimo al público, que a las siete de la tarde ya estaba en el mood de no salir de allí en todo el día.
- Gabriels: Podríamos decir que una de las grandes sorpresas, pero fuimos al concierto convencidas de que acertábamos con la elección. Despliegue de efectos, colores, coristas y un frontman, Jacob Lusk, hipnótico. El predicador que todo festival necesita. No suele haber mucho soul en los festivales pero es siempre una apuesta segura, sobre todo con el extra de espectáculo que puso a todo el mundo a bailar.
- Depeche Mode: La muerte de Andrew Fletcher parece haberle dado al grupo nuevas alas para el estudio y para el directo. La que escribe siempre ha sido muy, pero que muy, fan del grupo. Los había visto en directo antes, sí, pero no estaba preparada para el espectáculo que vi. Un setlist perfecto, coros del público incluso en las canciones nuevas, ver atardecer mientras suena tu canción favorita. Dave Gahan sigue siendo el mejor en lo suyo: enfervorizar a los presentes y seducir hasta al micrófono. Matrícula de honor y una lagrimilla al recordarlo. Quizá sea la muerte lo que nos une a todos, quizá sean las canciones.
- Kendrick Lamar: Habiéndole visto en la gira que hizo en otoño por Europa, llamó la atención una puesta de escena bastante más sobria que la de esos shows ( logísticamente hubiera sido una pesadilla), convirtiendo su concierto en una liturgia seria, convincente. Kendrick juega con el poder de las palabras y sin efectos especiales, vende una experiencia que atrapa a los que no son fans y enloquece a los que sí lo somos. Un repaso a casi toda su carrera, a casi todas sus experiencias vitales. Un ejercicio de terapia para todos, sin más artificio que la rima y la honestidad.
- Yves Tumor: La primera de la actuaciones “reales” le sirvió a Yves Tumor de nuevo baño de masas pero con más interacción. El show de este disco es un chorro de energía y conexión en el que todo el mundo quiere tocar a un dios que es un círculo y está por todas partes. La banda de glam rock que siempre el acompaña, perfectamente engrasada. Hip hop, psicodelia, glam rock. Yves es todo, en todas partes. Y el escenario Cupra, el más mágico del festival, se convirtió en nuestro paraíso particular para poder estar cerca de él.
- Lebanon Hanover: No es un Primavera Sound completo si no cierras el festival algún día viendo a una banda de postpunk haciendo más oscura la noche debajo de la placa solar. Este año, por horarios, fueron Lebanon Hanover los agraciados y resolvieron de manera bastante funcional dicho encargo, aunque podrían haber aportado algo más de emoción.
Viernes Primavera Sound Madrid, 2023. Javier Benítez.
El viernes amanecimos respirando las atmósferas de diferentes planetas y lunas, con las que Julia Holter y su banda, invadían el auditorio Santander. Una banda de patrones sincopados, que junto a las líneas de un bajo sin trastes, marcaban el camino a unas composiciones que invitaban a viajar con la voz de una Julia Holter en la que la referencia a Kate Bush es más que evidente, y en la que la experimentación toca fronteras exploradas por artistas como la mismísima Bjork (aunque desde la sobriedad). Música de altas miras y composiciones brillantes y magnéticas nos brindó la californiana en la mañana en la que empezamos a ver la luz de esta edición madrileña del festival.
Después tocaban Swans, favoritos del festival. Nos traían su sinfónica de lo oscuro y de lo profundo. Se iban construyendo los temas bajo la batuta de un enérgico Michael Gira, que agitaba a los suyos a golpe de aspaviento, imprimiendo con el carácter de su voz los imperativos de los textos. El rasgueo de su guitarra acústica abría paso al resto de instrumentos, despertando a los monstruos que habitaron durante una breve hora y media el auditorio de Príncipe Pío.
Ya por la tarde llegar a la Ciudad del Rock fue una auténtica odisea, pero una vez allí todo empezaba a mejorar. Después de ubicarnos en el enorme recinto, encontramos el escenario donde The Mars Volta empezaban a desplegar su arsenal de ritmos. Eso de llegar con una banda importante tocando y poder ubicarte en cuarta fila no deja de sorprenderme. Pudimos deleitarnos con la maestría instrumental de la banda (su baterista es prodigiosa) y cómo no, con los bailes de su incansable frontman Cedric Bixler-Zavala. Como a todo grupo de rock progresivo, el concierto se hizo cortísimo…tanto que solo les dió tiempo a tocar una sola canción de su último álbum, de título homónimo.
Depeche Mode, cabeza de cartel de la noche, salió con media hora de retraso (debido al retraso en el transporte y los accesos). Podíamos comprobar que ahí sí que había gente…pero quizás no tanta como es habitual ante esta banda legendaria. Salieron cuando el día agonizaba, y el comienzo del concierto contribuyó a esa sensación intimista. Empezaron con las dos primeras canciones de su último disco My Cosmos is Mine y Wagging Tongue. Después tocaron Walking in my Shoes y así empezó la máquina imparable de hits de los británicos. Salvo alguna concesión (A Pain I’m used to, John the Revelator) , la mayoría eran canciones que llevamos cantando décadas. Fin de fiesta con I just can’t get enough, Never let me Down Again y el sempiterno Personal Jesus” Dave Gahan estuvo entregado, aunque quizás no en un estado vocal óptimo. Martin Gore, casi siempre en un segundo plano, tocando más guitarra que teclados y encargándose de las segundas voces, salvo en la celebrada “Home” en la que hace de frontman.
Hubo un sobrio homenaje al fallecido Andrew Fletcher en World in my Eyes, muy aplaudido por el público. Te echamos de menos, Fletch.
No hacía ni un minuto que había terminado Depeche Mode cuando Kendrick Lamar empezó su actuación. Se basta y se sobra, llena el escenario. Su propuesta es tan apabullante que incluso conquista a los menos familiarizados con su obra. Rap por encima de todos, y pequeñas pinceladas de rock, soul y mucho más. Un repertorio con fuerte presencia de su último álbum, Mr. Morale & the Big Steppers, pero en el que no faltaron suss éxitos Money Trees, Humble o King Kunta. Además, cantó Family Ties, con su primo Baby Keem, que también actuaba en el festival. Un maestro.
Llegamos con la actuación de Nation of Language ya avanzada. Tocaron algunas de sus canciones más recientes, como Sole Obsession, pero son sus clásicos modernos los que nos hacen emocionarnos, como esa dupla al final del concierto de The Wall and I y Across the Fine Line. Tuve la impresión de que, a pesar de el esfuerzo de su cantante Ian Richard Devaney, no acababan de llenar el escenario. Unos visuales hubieran venido muy bien. Sin embargo, tienen lo más importante: las canciones.
El concierto de Christine and the Queens me pareció un acontecimiento. Aquí pudimos encontrar a una de esas estrellas que parecen destinadas a actuar en un escenario, con una presencia escénica como pocas veces hemos visto. Sus impactantes looks, su dramatismo, su manera clásica de bailar… Ella me pareció simplemente icónica. El concierto estuvo muy centrado en su último disco “Paranoïa, Angels, True Love”, con un relato argumental a lo largo del concierto, igual que en el disco. Muy poco sabía de su música hasta la mágica noche del viernes en el escenario Amazon, pero ahora soy un seguidor convencido.
Terminamos la noche con Yves Tumor y su carismática banda. Este concierto empezó de una manera algo atropellada, y entraba en la categoría de “subgraves que te echan de las primeras filas”, aunque el sonido fue volviéndose más tolerable. El concierto fue en gran parte dedicado a su último álbum, de larguísimo título, con algunos guiños a discos anteriores, como Jackie o Kerosene!. Un artista especial con un estilo único.
Galería del viernes del Primavera Sound 2023






