«Señalado por la muerte» de Irvine Welsh

Por Marcos Gendre 0

Irvine Welsh

Después de treinta años enganchados (perdonen el chiste fácil, pero resulta inevitable) a la historia de Renton, Big Boy, Spud y Sick Boy, llegamos a lo que el propio Irvine Welsh ha calificado como «el Grand Finale de la saga».

Desde luego, cerrar una de las sagas más carismáticas de los años noventa no iba a ser tarea fácil, más cuando estamos hablando de una que, más que ninguna otra, respira gracias a la empatía natural surgida hacia los desastrados personajes que la conforman. En este sentido, Welsh no sólo ha conseguido hacer honor a lo que se entiende como un cierre a la altura de las circunstancias, sino que ha vuelto a regalarnos un relato electrizante, repleto de ironía de trazo grueso, escenas pasadas de rosca y crítica social escupida a golpe de martillazo narrativo.

Lo de este hooligan del Hibernian es puro ingenio. No en vano, estamos ante una novela que va mucho más allá de seguir la historia de nuestros cuatro jinetes del apocalipsis de la generación X escocesa. Lo que en realidad tenemos aquí es un fresco humano equilibrado perfectamente entre la depravación surgida del penúltimo capítulo en la vida de sus personajes y el contexto de un mundo que, realmente, no ha cambiado en absoluto para ellos con el paso del tiempo.

El instinto de supervivencia no ha funcionado con la misma suerte para Renton y compañía. Ni mucho menos, lo cual queda fabulosamente trazado en el póquer de historias paralelas aquí planteadas, hasta que confluyen en un relato conjunto rodada en torno a un conjunto de subtramas que, en la mayoría de los casos, superan con creces el delirio.

Sea cual sea el argumento trazado, lo que siempre transciende es el ritmo frenético que Irvine Welsh marca en todo momento, lo cual hace al compás de una sucesión de diálogos y reflexiones de barra de pub a la altura de su versión más inspirada y descacharrante.

Huelga decir que para el disfrute completo de esta novela se hace imprescindible haber seguido las anteriores aventuras de nuestros antihéroes favoritos. Eso sí, incluso si esta es la primera lectura que vas a hacer del universo Transpotting el mono está más que garantizado. Y es que la adicción que el escocés genera en sus lecturas es la que define a quién no tiene ni rival ni heredero a la vista dentro de su propio terreno. El mismo que aquí vuelve a transitar en una nueva demostración de lo que significa “literatura de fregadero”, con todo lo bueno que comporta dicha afirmación.