«Amélie Nothomb II» de Amélie Nothomb

Por Marcos Gendre 0

Amélie Nothomb

Que Amélie Nothomb es una de las voces literarias más incisivas de este siglo es un hecho que ha quedado plenamente ratificado en novelas cortas como “Cosmética del enemigo”, “Antichrista”, “Ácido sulfúrico” y “Matar al padre”. Precisamente, estas cuatro forman parte de tan jugoso compedium como el aquí presente, también acompañado por novelas como “Diario de Golondrina”, “Viaje de invierno” y “Pétronille”. Entre todas, conforman casi seiscientas páginas de inspiración con cepo para noquear al lector a través de una dosis generosa de humor cáustico y situaciones de gran originalidad.

No en vano, por estas páginas desfila un crisol, ciertamente, inquietante de fauna vital. Ya sea a través de personajes que necesitan recuperar el deseo a través del asesinato o un demencial programa de telerrealidad, brota un carrusel de situaciones a cada cual más delirante, pero siempre con las sombras de la oscuridad acechando en todo momento.

No es nada exagerado decir que, en cierta manera, estas novelas aquí reunidas funcionan como siete partes de un mismo rompecabezas, por el cual se pasean reflejos literarios de Roland Topor y Bernard Quiriny, dos de las referencias más brillantes en el ¿noble? arte de retorcer los significantes emocionales de un grupo de seres atados al cruel destino que la titiritera Nothomb tiene planificado para cada uno de ellos.

En cierta manera, estamos ante uno de esos placeres de vouyeur necesitado de encontrar una mirilla hacia un mundo de absurdo, dolor y perversidad más fantástico que el ya conocido, y en el que también asoma la posibilidad de enfocar todo lo aquí contenido como una suerte versión francesa del Irvine Welsh autor de libros de cuentos tan gustosamente retorcidos como “Acid House” y “Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo”.

A pesar de cualquier tipo de referencia aquí establecida, lo que siempre asoma es la personalidad de una novelista simpar. Una capaz de rasgarle las vestiduras a cualquier resquicio de moralina capaz de asomar en semejante tormenta de sensaciones maceradas a martillazo de imaginación macabra.

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