«Saint-Elme 2» de Frederick Peeters

Por Marcos Gendre 0

Saint-Elme 2

Que Frederick Peeters es uno de los referentes de cómic europeo es tan cierto como que Saint-Elme es uno de los títulos más fascinantes que nos ha brindado el noveno arte en estos últimos años.

En esta segunda parte, publicada por Astiberri, el suizo alcanza, de nuevo la excelencia, a través de tan peculiar fauna humana, en este volumen timoneada por la presencia del detective Phillipe Sangare, que se va a encontrar en el centro de la telaraña de un pueblo que, como bien me expuso el experto en cómics Javier J. Valencia, se trata de algo único con muchos paralelismos con “Twin Peaks”. No en vano, la mezcla de personajes que hablan con espíritus, sádicos muy perturbados, mafiosos coenianos y hoteles que mucho tienen que ver con el Gran Hotel del Norte dibujan un mapa emocional único en el cual lo que menos importa es la trama noir urdida.

En este sentido, el guionista Serge Lehman y Peeters juega con maestría sus cartas a través de un cómic muy coral donde, al igual que la icónica serie de David Lynch, cada personaje esconde un secreto perturbador.

A partir de esta base, el guion siempre fluye en torno a un mural de conexiones que avanza sin miedo hacia puntos culminantes de tragedia, corrupción policial y todo un entresijo de soluciones narrativas, impulsadas por el estilo inconfundible empleado por el suizo en unas viñetas que rezuman una pulsión especial en el color. De hecho, el trabajo cromático de contrastes llevado a cabo por Peeters en esta ocasión subraya la perturbación general que se esconde en cada recoveco de Saint-Elme, un pueblo en las montañas donde los colores refulgen con un poderoso poder de atracción nocturno. A través de dicha dinámica de actuación, sorprende la memorable forma de atrapar al lector por medio de violetas eléctricos, rojos cegadores verdes cuasi fosforitos y toda clase de empleo del color como si de una historia narrada en la duermevela se tratase.

Para quien ya ha sido artífice de obras mayores como “Píldoras azules” o “Lupus”, quizá no sorprenda tanto el hecho de haber creado un pilar en su trayectoria como “Saint-Elme”, sin embargo, lo que tenemos aquí es, ni más ni menos, que la exaltación mayor de todos los poderes de Peeters como dibujante, que, con la prestación de Serge Lehman al guion, han dejado el listón demasiado alto para próximas ocasiones.

Por lo de pronto, toca perderse en este pueblo de condición única. Una vez más, prueba mayor de que el mundo del cómic es la disciplina artística más en forma de lo que llevamos de siglo.

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