«El rey de la torre» de José Ortiz y Alan Hebden

Por Marcos Gendre 0

el rey de la torre

Autor de clásicos del comic underground posapocalíptico como “Hombre”, José Ortiz también puso su arte a los lápices en otras obras del mismo nicho genérico como la que hoy nos toca reseñar, y que expertos arqueólogos de la reedición como Isla de Nabumbu han devuelto a la vida para regocijo de todos los fans del genio español, quien en esta ocasión se dejó acompañar por Alan Hebden al guion para dar vida a un universo que bulle de intensidad a lo largo de un encadenado eléctrico de viñetas que desprenden trazos y sombras con gran visceralidad para sumergirnos en un apocalipsis retrofuturista en un Londres irreconocible. Uno plagado de plagas como el ejército de Spencer, los demoledores o las ratas del metro y toda clase de poderosa excentricidad armada en torno a una visión que encuentra su equilibrio entre las miradas de George Miller y Ken Russell, con cada uno en un extremo.

De estética medieval-madmaxiana, este clásico de culto emerge con rasgos autónomos por medio de un uso sobresaliente de la tensión. Hebden no necesita recurrir al giro de guion para mantenernos atados con correa a una lectura que simboliza la atmósfera británica de los cómics de aquellos años, como si de una alternativa medievo posacopalíptica de “Juez Dredd” se tratara. De hecho, este cómic parece responder a una fantasía húmeda como la de imaginarse cómo sería un cómic del gran Carlos Giménez para la mítica editorial 2000 AD.

A partir de dicha base, toda elucubración en torno a una joya como ésta seguro que va a ser solventada por medio de un cumplimiento de expectativas total. El que sólo pueden ofrecer artilugios tan infecciosos como “El rey de la torre”, que incluso ha sido resucitado por medio de una edición en la que no falta textos harto representativos, como una entrevista a Hebden o un artículo clarividente de Javier Alcázar, además de historias cortas pertenecientes a “The Amstor Computer”, otro proyecto de los autores de este cómic, que ponen el broche final a un global de extras que no hacen más que subrayar la condición de imprescindible a este incunable de nuestro cómic.

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