Crónica del concierto de Andrés Calamaro en Sevilla (Cartuja Center CITE)

Por Javier Sierra 0

El argentino brilló como un clásico vivo del rock en español.

Anoche, en un Cartuja Center CITE casi abarrotado, Andrés Calamaro ofreció una lección magistral de autenticidad, oficio y talento, confirmando por qué su nombre sigue ocupando un lugar destacado en la aristocracia del rock en español.

La cita formaba parte de la gira con la que el músico argentino celebra Honestidad brutal, ese disco doble y monumental que lo catapultó en 1999 como una voz esencial del género. En este nuevo recorrido, Calamaro no solo rinde tributo a aquel álbum, sino también a sí mismo, a su historia y a una manera muy suya —innegociable— de habitar el escenario.

Desde el saludo inicial, con gorra en mano como quien pisa una plaza de toros, hasta la despedida entre pases a la verónica mientras sonaba el pasodoble Nerva, el artista se mostró fiel a su estilo: provocador, elegante y sin concesiones. Sevilla fue testigo de un concierto sobrio en puesta en escena pero desbordante de emoción y energía.

Con una banda impecable y una sección de vientos que añadió matices nuevos a los temas más icónicos, Calamaro ofreció un repertorio generoso que recorrió los puntos más altos de su discografía: desde la crudeza sentimental de Crímenes perfectos y Paloma —coreada a capela por un público completamente entregado— hasta clásicos como Estadio Azteca, Flaca, y los eternos himnos de la época de Los Rodríguez como Para no olvidar o Sin documentos.

Uno de los momentos más celebrados fue Alta suciedad, donde la banda se creció con una interpretación potente, casi punk, que recordó que detrás de cada melodía hay una actitud. También hubo espacio para la exaltación más festiva con Los chicos, que sonó como si se cantara en una cancha.

Calamaro volvió a hacer gala de su devoción por la tauromaquia, aludiendo a figuras como Morante de la Puebla y defendiendo su posición sin filtros. Más allá de las polémicas, lo que se impone es su coherencia: no busca gustar a todos, sino permanecer fiel a una forma de estar en el mundo y en el arte. Ese gesto —tan escaso hoy— es parte de su leyenda.

El argentino, que venía de actuar en París, no escatimó elogios a la capital andaluza, a la que calificó como “la capital de la cultura europea y del mundo”. Anoche, ese amor fue correspondido con ovaciones y con la complicidad de un público que no solo lo admira, sino que lo siente suyo.

En definitiva, el de ayer no fue solo un concierto: fue una celebración del rock como actitud vital, y de Calamaro como uno de sus últimos grandes caballeros. Después de todo, y antes que nada, Andrés sigue siendo eso: un rockero de raza.

Galería del concierto de Andrés Calamaro en Sevilla