Velada de contrastes en las Noches del Botánico. El experimento de unir en un mismo cartel a los suecos Viagra Boys con los sevillanos Califato ¾ resultó de lo más excitante. Proyectos musicalmente muy diferentes pero que encuentran un nexo de unión en cómo ambos incitan a la fiesta y reivindicación desde lo alto del escenario, contando con sendos ‘frontmen’ que son puro espectáculo.
La siempre difícil papeleta de abrir le tocó a los sevillanos, quienes regresaban a la capital apenas un año después de haber pisado la arena de Las Ventas. Había ganas de pasarlo bien y ya desde bien temprano la pista del recinto presentaba un aspecto envidiable, no así las gradas medio vacías.
Con su nueva formación engrasada, con una María José Luna llevando gran parte del peso vocal junto a Manuel Chaparro y un Guillermo Iniesta dándole brío a la guitarra, el combo destapó el tarro de las esencias para montar una buena fiesta, y ni el parón que sufrieron por problemas técnicos al poco de empezar pudo frenarlos. Su ya icónico “Crîtto de lâ Nabahâ” sirvió para prender la mecha y comenzar la rave a ritmo de marcha de Semana Santa. Un guiño cultural que impregna el relato del grupo, donde lo identitario juega un papel muy importante, con letras llenas de referencias al sur, a una Andalucía que sufre y llora como en “Çambra der Huebê Çanto”, a paisajes de su ciudad con la Alameda de Hércules presente incluso en las pantallas (“Alegríâ de la Alamea”), pero sobre todo a la fiesta y todo lo que la rodea: bebidas, sustancias, resacas… Contaba el bueno de Chaparro que ya no se va de rave, pero más de uno se hubiera ido. Y es que alguno pudo sentirse identificado con “La bía en roça”, “Buleríâ del aire acondiçionao” o “Dime Dónde Bâ – A Bendêh Tomatêh-” y sus ganas de pasarlo bien, con guasa, ya sea tirando de ritmos breakbeat o aflamencados. Y puestos a tirar del imaginario andaluz qué mejor referente que Lola Flores, de quien rescataron su versión de “Historia de un amor” del EP con el que le rindieron homenaje hace un par de años, o en otra escala menor con la visita al remix de “La Puerta” de la malagueña Le Parody, a quien le mandaron un abrazo.
El discurso musical se fue intercalando con algunas intervenciones con más o menos ironía: desde la proclama a favor de Palestina, pasando por criticar que el actuar sin camiseta parece que sea un derecho solo para los hombres, a los dardos hacia Madrid, con reinterpretación del himno andaluz para hacer referencia a la capital o la modificación de la bandera de la comunidad introduciendo un oso, enjaulado, y un madroño.
Para chapar el chiringuito los Califato quisieron acordarse de uno de sus primeros éxitos, “L’ambôccá”, de su homónimo EP, y cerrar el círculo con otra marcha de semanasantera con toque breakbeat como muestran en “Çilençio ∞”. Alegato contra el maltrato femenino. Porque una buena fiesta no tiene porque estar vacía de mensaje.
Con el tiempo casi justo para visitar el baño y pedir un refrigerio Viagra Boys salieron a escena sin guardarse nada, directos a provocar que el público estuvieran saltando desde la primera canción. Un público que ya venía calentito y al que pocas palmas le hicieron falta para lanzarse al desenfreno. Fue comenzar a sonar los primeros acordes de “Man Made of Meat” y prenderse todo.
Lo que en sus discos en un post-punk normal, en directo se transforma en un bomba, y parte de la culpa la tiene su cantante Sebastian Murphy. Sin camiseta, para que pudiéramos ver sus decenas de tatuajes y su “barriga cervecera”, no paró de deambular por el escenario haciendo muecas, tocándose los pezones, y bebiendo… tanto como para prepararse él mismo un cubata. Un personaje de los que te levanta a un muerto, salvando las distancias como Pelle Almqvist, de los también suecos The Hives. Y aunque siempre los focos y las miradas se los llevó Murphy, Oskar Carls, que lo mismo te toca el saxo que el bajo, también ejerció de polo magnético a su manera con sus bailes. Un contrapeso sobre el escenario que completa la puesta en escena mientras el grupo descarga toda su intensidad.
Con su reciente último disco bajo el brazo, Viagr aboys salió a finales de abril, el grupo se centró en presentarlo a fondo sin dar tregua. Así fue cayendo casi encadenadas “Dirty Boyz”, “Uno II” o “Pyramid of Health”, intercalándose con la esquizofrénica “Ain’t No Thief” o “Troglodyte” de su anterior álbum Cave World. A diferencia del bolo de Califato ¾, en este hubo menos proclamas. Destacaremos el tirito al fascismo de Donald Trump. La intención fue tocar todo lo que fuera posible, que no hubiera demasiado tiempo para coger aire.
Con la gente ya extasiada llegó uno de los momentos cumbres: “Sports”. Una cápsula de felicidad para sus fans que la corearon y saltaron como si fuera la última, cosa para sí que parecía que ocurriría con “Research Chemicals” de su primigenio EP Consistency of Energy. Aunque en su versión de estudio no llegue a notarse tanto, en directo se me vino a la cabeza el “Swastika Eyes” de Primal Scream. Aquí Murphy tiró la casa por la ventana para echarse a los brazos de las primeras filas y enarbolar una bandera palestina. Podría haber sido el broche perfecto, pero prefirieron tomarse un breve descanso para cerrar con “The Bog Body” y la oscura “Worms”.
Visto lo visto tendremos que pedir fervientemente que no tarden tantos años en volver y que sea en una sala para que el ambiente sea ya de locos.
Galería del concierto de Viagra Boys en Madrid








