Decir que el Canela Party es un festival especial es, a estas alturas, un secreto a voces. Y no solo por su ya legendaria fiesta de disfraces del sábado. Un cartel distinto a la inmensa mayoría de los que se pueden encontrar, un público con el que te irías al fin del mundo y una comodidad y complicidad difíciles de encontrar en eventos de este tipo son los culpables. Y un año más volvieron a cumplirse las expectativas.

Si bien sobre el papel el cartel era menos llamativo que el de otros años (no por demérito, es que veníamos de 3 ediciones in-cre-í-bles), sobre el recinto del parking de la Plaza de Toros de Torremolinos el balance fue francamente favorable. Conciertos memorables como los de Blonde Redhead, Diiv, Bob Vylan, Amenra o Tropical Fuck Storm tienen buena parte de culpa (por citar solo el top 5). Pero con otros tan redondos como los de Frankie And The Witch Fingers, Bar Italia, Shego, Ecca Vandal, Fat Dog, Biznaga o MJ Lenderman & The Wind, salir perdiendo es imposible.
Resulta, eso sí, necesario lamentar la baja a última hora de los británicos Maruja, que también se cayeron de forma inesperada una semana antes del Paredes de Coura y del Pukkelpop. Quienes pudimos verlos el pasado otoño en la minúscula Sala B de Madrid bien sabemos que habrían ido directos al podio de los mejores conciertos de esta edición. Dedos cruzados para que los repesquen el año que viene…
Este año, volvió a brillar la calidad y volumen de los escenarios Jarl y Fistro, la práctica nula espera para ir a baño y barra, el buen rollo y respeto del público y, como novedad, destacar la eliminación del slot de primera hora, con lo que las jornadas comenzaban alrededor de las 19.30h cada día. Algo más apropiado para evitar las horas de más calor, pero que contó con el regalo inesperado en esta ocasión de unas temperaturas mucho más disfrutables que en ediciones pasadas.
Sin más preámbulos, vamos con el Top 10 de momentos del Canela Party 2025:

1. El confetti negro de Amenra. Si alguien merecía que no fuese multicolor, quién mejor que ellos.
2. La salida al escenario de Shego disfrazadas de Sabrina Carpenter, Chappell Roan, Charli XCX y Billie Eilish, cada una entrando al ritmo de una de sus respectivas canciones. Sin duda, la banda mejor disfrazada del día.
3. Bob Vylan agradeciendo a la organización del Canela la rápida llamada cuando empezaron los “problemas” (aka censura por posicionarse contra el genocidio de Israel) con sus visados y cancelaciones por el Glastonburygate.
4. La salida al escenario de Nina Cristante de Bar Italia al más puro estilo PJ Harvey, top negro y ventilador en el suelo incluidos.
5. La locura colectiva durante el concierto de Fat Dog. Tan intensa como necesaria.
6. Tim Harrington de Les Savy Fav con ¡12! lanzamientos de confetti durante su actuación (en lugar del único de rigor) o subiendo una valla de seguridad al escenario.
7. Diiv en el punto álgido de su actuación proyectando un gigante “America Is The Great Satan”.
8. Ese “She’s Leaving You” de MJ Lenderman con gran parte de las primeras filas coreando lo de “It falls apart, we all got work to do/It gets dark, we all got work to do”.
9. Ecca Vandal emulando en la recta final de su actuación el mítico grito “all girls to the front” de Kathleen Hanna (Bikini Kill/Le Tigre), seguido de la llegada masiva de público femenino a las primeras filas.
10. Los mensajes de las pantallas del Canela Party entre concierto y concierto. En su Instagram están todos recopilados: “sí al pogo, no a la guerra”, “bailar sí, dar chapa no”, “menos fondos de inversión y más fondos de diversión”…
11. Sé que dije “top 10”, pero es obligatoria una mención aparte para la fiesta de disfraces, el público de la fiesta de disfraces y las interacciones que allí se producen. Top personal: el encuentro involuntario entre Cecilia con su Ecce Homo y las dos Macarenas (la restaurada y la añorada). Pero hay tantos como tiempo da a recopilarlos en las diez horas de diversión sin pausa que acontecen cada sábado del Canela Party.
Con la lista de highlights, es ya turno para la crónica por días.
JUEVES 21
Este año empezamos el festival el jueves, perdiéndonos la jornada de presentación del miércoles (que en 2026 de hecho ya no tendrá lugar, quedando el festival adecuadamente ajustado a los tres días principales).

Comenzamos la jornada con Ecca Vandal, que actuó tras Casero y Mourn. La sudafricana afincada en Australia resultó para un servidor una auténtica sorpresa en directo. Y es que si bien esperaba algo más cercano al emo-punk (no tenía controlado su disco al completo, solo temas sueltos), lo que allí encontramos fue una mezcla de estilos que funcionó a las mil maravillas y que fluía de forma poderosa y sin rechinar en absoluto, todo regado por un sonido potente y a la altura de la propuesta. Con grandes fraseos que recordaban a Missy Elliot, una actitud que la podría emparentar con Jorja Smith, una energía desbordante y toda una coctelera estilística que resultó de lo más fresco de todo el Canela Party. Desde el punk al power pop hasta el R&B y el hip hop, sin despeinarse. Así, no fue de extrañar ese icónico “y guapa, y guapa, y reina, y reina” que le dedicó el público, ante lo que ella respondió que “definitivamente me tengo que aprender esa canción” y llamó a todas las chicas a irse a primera fila para las últimas canciones, al más puro estilo riot grrrl.
A continuación, Lambrini Girls lo tenían todo para arrasar, pero no terminó siendo así. La predisposición del público no decayó, pero algunos problemas técnicos que interrumpieron una de sus canciones y los largos discursos (combativos y necesarios siempre, sí, pero que llegaron casi a caer en una involuntaria regañina) terminaron por convertir la actuación en una montaña rusa. Lo mejor: los pogos cuando la música tomaba el carril de aceleración, la entrega de Phoebe Lunny y Selin Macieira-Boşgelmez y ese “Cuntology 101” con los asistentes replicando los coros al grito de “cunty, cunty, cunty!”.

Otra historia bien distinta -pero con intención y punto de partida similarmente político- fue la de Bob Vylan. Aquí todos los discursos no se sentían como una interrupción, sino como un excelente pegamento entre las canciones del dúo. Los mensajes -tan necesarios- para exigir el fin del genocidio en Palestina y las proclamas en pantalla sobre las malas condiciones salariales de la clase trabajadora o lo despiadado del neocapitalismo encajaban con el carisma que Bobby Vylan desprende al micro sobre las tablas, secundado por Bobbie Vylan a la batería (pseudónimos lógicamente en ambos casos). Qué locura fueron especialmente ese magnético “Pretty Song” o la abrasiva “We Live Here”, todo con una potencia y actitud que nos deja con ganas de repetir pronto. Ojalá más promotores valientes den el paso y los traigan de vuelta a España ya.
Llegó a continuación el turno de los siempre infalibles -y cada vez más- Biznaga. Con su redondisimo último álbum “Ahora!” (2024), lo que antes funcionaba como un tiro ahora va como cien cañonazos. El cierre de la mano de “Madrid nos pertenece” y “El entusiasmo” nos hizo olvidarnos por unos instantes de que Maruja finalmente no actuarían tras ellos.
Esta alteración a última hora del cartel hizo que Aiko El Grupo intercambiase puesto con Sal del Coche. La banda madrileña también es de las que mantienen una indudable trayectoria al alza, y quienes estuvimos presentes en su anterior paso por el Canela Party así lo atestiguamos. Aunque no hubiesen tocado su triunfal versión de “Toro” de El Columpio Asesino (que sí lo hicieron, para deleite del público), hubiesen salido igualmente victoriosas con su excelente buen hacer y el repertorio que han ido armando a lo largo de estos años. De las mejores de su clase, sin duda.
Con Sal Del Coche, en cambio, la sensación fue diferente. Ensamblan una propuesta que te mantiene todo el rato pendiente de por dónde saldrán a continuación, llena de riesgo y experimentación (casi como la primera vez que uno ve a Squid en vivo), pero que a la 1.30 de la mañana no encontró el hueco más propicio y adecuado. Mención especial a esa salida a escena con pitillo y melódica mientras las capas sonoras lanzadas por el trío iban buscando su hueco. Repetiremos sin duda en otra ocasión.
Para cerrar la jornada del jueves, Somos La Herencia sepultaron el escenario con un sonido cada vez más oscuro y ruidístico. Resultaron muy estimulantes y más para quienes conseguimos sumergirnos en el concierto, pero una vez lanzada la imprescindible “Parque de Atenas” en el primer tramo, fueron muchos quienes decidieron emprender el camino de regreso a la cama.
VIERNES 22
El viernes era, a priori, la jornada más floja. No por falta de grandes nombres, sino porque estaba menos equilibrada que las otras dos. Pero el encadenamiento de tres conciertazos seguidos como los que protagonizaron Bar Italia, Blonde Redhead y Amenra entre las 21.45h y las 00.30h, fue lisa y llanamente para enmarcar.
Abrimos la jornada directamente con Ducks Ltd (sacrificando a Bum Motion Club y Maple). Los canadienses ofrecieron un concierto correcto pero tal vez demasiado previsible y canónico. Sí, sonaban estupendamente, y si te encanta lo que hacen (fans de Go-Betweens o The Wedding Present, bienvenidos) difícilmente puede salir uno decepcionado. Pero sí uno espera alguna pequeña vuelta de tuerca a una fórmula ya exprimida y busca esa canción que te ponga del revés, pues con las ganas se queda. Echando la vista a la edición 2024 del Canela Party, ahí The Tubs se desenvolvieron mucho mejor, sin ir más lejos. No obstante, un buen calentamiento para lo que vendría después.

Había muchas ganas de ver a Bar Italia, sobre todo tras su baja del año pasado por enfermedad. La espera mereció la pena: si en disco pueden desconcertar con temas más calmados, en directo se lanzaron a por lo mejor de su repertorio. Con un tema de apertura que podría hacerles pasar por coetáneos de PJ Harvey o Mazzy Star, después tiraron de frescura y claras reminiscencias a los Sonic Youth menos caóticos. Intercambiando protagonismo constantemente, primero tus ojos se centraban en Nina Cristante y luego iban alternándose en los otros dos guitarristas/cantantes, Sam Fenton y Jezmi Tarik Fehmi, en función de quién llevase las tornas. El nuevo disco, “Some Like It Hot” (2025), que se publicará en octubre, promete grandes satisfacciones a tenor de lo visto en Torremolinos. Para muestra, las inmensas “Fundraiser” y “Cowbella”, los adelantos publicados hasta el momento. Por fortuna, tampoco faltó la redondísima “Nurse!” en la recta final.
Aún con la satisfacción de haber visto a una banda en su momento de eclosión, tocaba el turno de la descarga y la intensidad B-R-U-T-A-L de Amenra. Tan viscerales cuando desataban el infierno sobre el escenario como asfixiantes cuando dominaban los silencios previos a la hecatombe. Y sobre todo, una lección de post-metal y headbanging realmente hipnótica, toda envuelta en negro (guitarras, indumentaria… todo estaba dominado por la oscuridad). Y cuando decimos todo, decimos todo: por primera vez en la historia del Canela Party, el tradicional lanzamiento de confetti que sucede generalmente en la recta final de la actuación esta vez vino con sorpresa: lluvia de confetti negro en lugar de multicolor. Como explicaba la organización en redes sociales, ellos se lo propusieron a la banda belga y estos respondieron con un “si eso tiene que suceder algún día, tiene que ser hoy”. Absolutamente arrolladores.

Con estos preliminares (o llámalo sexo salvaje, más bien), Blonde Redhead lo tenían todo a favor para dar un concierto memorable. Y vaya si lo hicieron. Totalmente engrasados, deslumbrantes, entonadísimos y dando de sí su mejor versión. Tuve la ocasión de verlos en el ya lejano Primavera Sound 2007 y, ya tras su comeback, el año pasado en Oporto (donde para mi gusto estuvieron bastante lejos de sus mejores momentos). Pues bien: la del Canela Party fue con gran diferencia la mejor vez de las tres. Los nueve temas del setlist fluyeron sin tregua alguna, con una actitud sobre el escenario que rozó la perfección en varios momentos y que fue aún más allá con la sublime “23”. Con quien te cruzases, horas después seguía con su cabeza metida en el concierto y alabando lo presenciado. Probablemente, lo mejor de todo el festival.
Con The Get Up Kids, en cambio, la sensación de nostalgia fue más fuerte que el resto de emociones. Venían con la gira del 25 Aniversario del “Something To Write Home About” (1999) bajo el brazo, y a ello se ciñeron con profesionalidad y sin salirse del guión. Pero nadie que no fuese ya fan antes pudo salir reconvertido, todo sea dicho, y con ellos ya se notó la caída del aforo del recinto.
A continuación, Tatxers lo tuvieron difícil para retener a más gente, y como les pasó a Sal Del Coche el día anterior, tal vez con el sol aún presente hubiesen lucido más. Entrega no les faltó, eso sí. Con ellos, llegó también nuestro momento de dar por cerrada la jornada y guardar fuerzas para el día siguiente. Pena perdernos a Axolotes Mexicanos y a Depresión Sonora que venían detrás, pero había que reponerse y estar fresco para el gran pitote del sábado.
SÁBADO 23
Desde que uno cruza las puertas del recinto pasadas las 19h hasta que sale a las 5am resulta imposible no pasárselo como un enano (rabioso). Si el pueblo quiere fiesta, Canela Party nos la va a dar. Es difícil explicar la energía que hay en la plaza de toros de Torremolinos ese día, el buen ambiente que campa a sus anchas, las ganas de darlo todo y lo bien que sale la jornada estrella musicalmente hablando -que sigue siendo lo fundamental, siempre- del Canela Party. Si nunca has estado, estás tardando.

Tras cruzar las puertas del recinto y dirigirnos a uno de los tres photocalls disponibles para plasmar nuestro disfraz mientras El Diablo de Shanghai inauguraba la jornada, nos fuimos directos a primeras filas de Shego. Como hemos comentado al principio, fueron las mejores disfrazadas de todos los grupos, saliendo como clones de Sabrina Carpenter, Chappell Roan, Charli XCX y Billie Eilish. Si la banda afincada en Madrid ya era una de las más prometedoras con su primer álbum “Suerte, chica” (2023), con su reciente “No lo volveré a hacer” (2025) se colocan ya como una de las mejores bandas nacionales sobre las tablas. Y es que en directo se multiplica exponencialmente su buen hacer, encadenando un repertorio adictivo que tiene su punto álgido en “Aunque duela”, “Curso avanzado de perra” y, por supuesto, la ya clásica “Vicente Amor”. Además, cayó también su inspiradísima versión del “Viva” de Los Punsetes.
Cambio de tercio a continuación para ver a MJ Lenderman (quien ya estuvo el año pasado a la guitarra con Wednesday), en esta ocasión capitaneando a The Winds. Vestidos de tenistas, dieron un concierto sólido y que pese a algunas dudas iniciales sobre si su alt-country no encajaría en el espíritu festivo de la jornada, estuvo (nunca mejor dicho) de pelotas. “She’s Leaving You”, con ese estribillo tan Pavement y ese solo de guitarra tan Teenage Fanclub, fue sin duda una de las cumbres de todo el festival.

Lo que vino a continuación con Frankie and the Witch Fingers fue un jodido deleite para fans de Thee Oh Sees o King Gizzard & The Lizard Wizard. Superando con creces lo que ofrecen en disco, su directo fue enérgico, desenfrenado, con una comunión simbiótica entre artistas y público y en el que demostraron que tienen muchísimo que decir en el panorama del psych-rock actual. Un torbellino que no dio tregua alguna y que nos dejó una “T.V. Baby” que se quedará grabada para siempre en el hipotálamo de los allí presentes. Que vuelvan pronto, por favor.
Tras esta tralla, tuvimos que sacrificar a Joyce Manor para reponer fuerzas en la zona Gromenauer (comida y DJs), en donde uno se encuentra con la otra cara de la magia del Canela. Compartes mesa con Fernando Arrabal, Rita Barberá, Rafael Amargo y Ortega Cano (aka “los borrachos legendarios”), acabas rociado de purpurina a cargo de varias hadas, saludas a Demi Moore y su doppelgänger en La Sustancia, presencias el encuentro entre Cecilia y su Ecce Hommo y las Macarenas antes y después de ser restaurada o te cruzas con el mismísimo Pueblo de Los Malditos, mientras esquivas a los captadores de la ONG Canelacef salvando al último malagueño del centro de Málaga de su extinción.
El respiro conciertil era necesario para estar listos para darlo todo con Fat Dog. Se preveía que iban a liarla gorda y fue lo más parecido a una rave salvaje del Manchester de los 80/90s que uno puede recordar. Pura locura colectiva. Tan a piñón que olía casi a suela quemada y que acababa siendo necesario salir un poco hacia atrás a tomar aire, para acto seguido volver al pogo a volar. “Running” o “Vigilante” prometían en directo, y cumplieron con creces hasta la extenuación.
Pasado el vendaval, llegaba el plato fuerte de la jornada: los neoyorquinos Diiv en una nueva visita a nuestro país. Posiblemente esta fue la mejor de todas, y es que están en un estado de forma pletórico: “Doused” sonó gloriosa, solo superada por la catarsis de “Blankenship”, pero todo el set rozó la perfección. Tan pronto te cubrían y acurrucaban con una manta de sonido que pasaba sobre tu cabeza como te llevaban en volandas y zarandeaban al más puro estilo My Bloody Valentine, como con la bruma shoegaze de su más reciente “Brown Paper Bag”. La ecualización de voces e instrumentos fue tan cristalina como contundente, cosa que pocas bandas pueden lograr sin sacrificar una parte por la otra. Y mención adicional también para los lemas proyectados en pantalla sobre fake news, calentamiento global o el miedo a Estados Unidos. Francamente soberbios. Si no fuese por el bolo de Blonde Redhead, suyo sería el oro de esta edición.
Aún flotando, de repente el mítico tema de Campeones de Oliver y Benji dio la bienvenida por megafonía a unos Derby Motoreta’s Burrito Kachimba disfrazados del New Team. Y qué burrada de concierto también este. No se cansan de ir en línea ascendente y perfeccionar una fórmula que ya en sus comienzos fue todo un soplo de aire fresco y de buen hacer. Coreada y bailada masivamente fue “Las leyes de la frontera” (con un pulpo gigante con iluminación incluida atravesando las primeras filas del pogo, uno de los disfraces más memorables del festival). “El salto del gitano” no se quedó atrás, pero el culmen absoluto llegó con la ya eterna “The New Gizz”. Larga vida a Dandy Piranha y los suyos y a la kinkidelia.
La tregua no acabó, ni mucho menos, con los australianos Tropical Fuck Storm, ya claramente muy superiores a su anterior banda The Drones. Su repertorio es el caos en estado puro y en el mejor sentido de la palabra, con los espasmos a la guitarra de Gareth Liddiard y los enérgicos contoneos del resto de la banda. Hacen que su repertorio fluya como lluvia torrencial y que te parezca mero txirimiri, o al revés. Todo para acabar desembocando en la increíble “You Let My Tyres Down”, con la que resulta imposible no berrear aquello de “I’d give you anything/at anytime”. Como colofón, su versión del mismísimo “Stayin Alive” de Bee-Gees para firmar otro de los grandes highlights del festival.
Aún quedaba el fin de fiesta con Parquesvr, Les Savy Fav y Grande Amore. Los primeros son clásicos infalibles del Canela Party y saben ir desde la ironía festiva de “Lance Armstrong”, “Almodóvor/Amenábor” o “Pero” hasta piezas más recientes que te tocan el corazón como “Arde, quema, duele” o “Tu nombre es una puerta por cerrar”. Buen concierto aunque la entrega del público decayó frente a los sets anteriores, cuando uno esperaba lo contrario.

El cansancio acumulado también se dejó ver en el público de Les Savy Fav, que no respondió con igual intensidad que en su paso por el festival dos años atrás. No obstante, ver a Tim Harrington dar más de tres cuartos del concierto entre el público (encargado involuntario de sujetar el cable del micrófono allá por donde se incursiona) y ver cómo se lo pasa mientras su banda lanza trallazos sigue siendo una experiencia altamente recomendable. Esta vez, no faltó la estampa del carismático frontman subido a lomos de un palé flotando sobre el público, su intento -exitoso- de subir una valla de seguridad al escenario o verle con la cabeza casi metida dentro del tubo de confetti mientras se sucedían los disparos (hasta doce, como avanzamos al comienzo de la crónica). Las canciones de su regreso tras una década de silencio no sonaron tan pletóricas como su repertorio clásico, pero es que llegar a las cuotas de “Let’s Get Out Of Here”, “The Sweat Descends”, “Patty Lee” o la inicial “Equestrian” es prácticamente imposible. Mención especial para ese “where is the hurricane?” que espetó Harrington al comienzo de su actuación, en referencia al vendaval que obligó a pausar durante horas el Canela Party 2023 y dio origen a una improvisada fiesta en las afueras del recinto en la que él mismo se dejó ver como uno más.
Y con esto llegamos al cierre de la edición, con el estreno de Grande Amore en el Canela Party al fin. Vestidos como Turbonegro, Nuno supo disfrutar y hacernos disfrutar con su buena ristra de temazos acumulados a lo largo de ya tres discos. No faltaron “Pelea”, “Vémonos no baño” ni, por supuesto, el esperadísimo clímax de “Esta pena que a veces teño”, en esta ocasión con la suma de Raquel de Shego a la guitarra. Excelente fin de fiesta para la fiesta de todas las fiestas: el pitote del verano. ¡Larga vida al Canela Party!
