Death Cab For Cutie – I Built You A Tower
Por atrás0

Tras cuatro años desde su último LP, la banda de Ben Gibbard nos regala un disco más que destacable.
Que Death Cab For Cutie es una banda que se ha ganado a pulso estar entre las referentes de la música indie pop internacional tras el inolvidable “Trasantlanticism” no hay, bueno alguien habrá, quien lo discuta. En este caso, el quinteto de Seattle vuelve a la independencia con un disco redondo, nervioso y bastante menos nostálgico de lo que su biografía invita a pensar. Hay bandas a las que el paso del tiempo les sienta como a esos bares que un día cambiaron de dueño: siguen en la misma esquina, pero ya no sabes si entrar por cariño o por simple costumbre. Death Cab for Cutie llevaba unos años moviéndose en ese terreno raro. Ni habían dejado de ser relevantes ni parecía que fueran a incendiar nada. Estaban, digamos, instalados en una solvencia educada. Con I Built You A Tower, como ya hicieran con su predecesor, la banda retoma el pulso de sus inicios, que sin llegar al nivel brutal de Transantlanticism y Plans, sí que vuelve a poner a la banda en el lugar del que nunca debió moverse.
Con una madurez vitalista, como si fuese obra de un becario senior, el disco que cuenta con la producción de John Congleton, pone de manifiesto que este vuelve a ser decisivo y con mucha aportación positiva a lo publicado por la banda. Congleton entiende algo importante sobre Death Cab: que el grupo funciona mejor cuando parece ligeramente incómodo. “Punching the Flowers” es el ejemplo más claro. Gibbard ha reconocido que venía de escuchar mucha disonancia y bastante a Fugazi, y la canción suena justamente a eso: a una banda que ha decidido buscar más el qué que el cómo. “Pep Talk” tiene esa vieja virtud de Death Cab para envolver la desgracia en una melodía casi amable; “How Heavenly A State” introduce una agitación casi post-punk sin perder el centro melódico; y “Trap Door”, escrita con Zac Rae, abre una pequeña ventana sintética que recuerda que esta formación no solo sabe mirar atrás. De hecho, una de las noticias menos subrayadas del disco es que varias canciones aparecen acreditadas de forma compartida.
El arranque con “Full of Stars” descoloca ya que apunta más a un cierre que a una apertura de disco. “I Built You A Tower (b)” clausura el disco bañada en feedback, asumiendo errores propios ante las transiciones vitales culposas. “Riptides” es una canción que brilla por si sola. El single enlaza el agotamiento íntimo con una sensación más amplia de colapso alrededor, y ahí Gibbard acierta en algo que muchos compositores de su quinta han olvidado: el malestar propio gana interés cuando deja de fingir que es el centro del mundo. “Stone Over Water” empuja esa idea un poco más lejos y formula una de las decisiones clave del álbum: gritar o aprender a vivir sin aquello que se pierde. No es exactamente resignación. Es una forma adulta —y bastante poco vistosa— de seguir en pie.
I Built You A Tower pone de manifiesto que la voz de Gibbard (tan de adolescente), las melodías, el lo-fi y las letras, vuelven ha hacer un compendio musical difícilmente rebatible, todo lo contrario. Entendemos que estamos ante uno de los que pueden llegar a ser disco del año, aunque todos pensemos que ellos mismos ya se pusieron el listón muy alto.
