Crónica Canela Party 2026: Something worth waiting for
Por atrás0

Hace unos años, viendo como el Canela Party crecía por el boca a boca en redes predije esperando equivocarme que crecería tanto que se haría incómodo y perdería parte de la gracia. Me comí mis palabras porque, cuando por fin pude ir por primera vez (la tórrida, literalmente, edición de 2024) todo lo que esperaba del festival, que era mucho, superó con creces mis expectativas.
Juré no volver, porque de verdad que lo pasé fatal con EL CALOR, pero siendo como es un plan imbatible, no quedó más remedio que subirse de nuevo al barco. Mis expectativas, de nuevo, fueron aplastadas con la evidencia.
El Canela Party es uno de los mejores festivales que vas a pisar en tu vida.
Seguro que estás al tanto de todos los líos que han sucedido en redes sociales antes y durante el festival, pero en Torremolinos la vida real siguió su curso. Si quieres entender la realidad detrás de todas y cada una de las polémicas en torno al Canela, mi recomendación es que vayas y lo compruebes en persona porque sólo allí podrás tener el dibujo completo.
Como acreditada hice dos entrevistas: la primera, al taxista que nos recogió para la vuelta del jueves, que nos contó que, de todos los eventos que suceden en la ciudad, el Canela Party es en el que más les gusta trabajar, porque recoger a los canelers (es broma) es saber que tendrán cero problemas en la carrera y que se echarán unas risas.
La última fue para Los Canelo Brothers, a saber, los dos chavales que se tiran todos y cada uno de los conciertos bailando danza contemporánea sin descanso. Para ellos, una única pregunta: cuántos pasos les marca cada día del festival el podómetro del móvil. Lamentablemente, no llevan nunca el móvil encima. Sí que me dieron un billete de 50 euros. Creo que era falso, pero lo he guardado como algo valioso.
Puedes disfrazarte en muchos sitios, pero no verás gente tan entregada a la causa como en el Canela Party. Cada disfraz, una conversación, una explicación, un detalle, una carcajada. Si no vas disfrazado no pasa nada, claro, nadie se fijará en ti ni te preguntará nada. Por nuestra parte, 48h después de salir de la ciudad, ya tenemos una primera idea para el año que viene.
Pero vayamos a las cosas musicales que sólo pueden pasar en el Canela Party, que además de ser un pitote muy grande, es un festival de música.
Sólo en el Canela puedes emocionarte en plena solana con una banda de shoegaze haciendo oscuridades porque salte el confetti en el momento álgido de una canción. Un truco que ya esperábamos pero que en Gazella nos puso los pelos de punta.
Sólo en el Canela, también al sol, puedes descubrir que tus sospechas sobre cuál será una de las bandas del año se confirman: Man/Woman/Chainsaw en general y su violinista, en particular, persona del año.

En el Canela puedes ir con reticencias a ver una banda que nunca te ha convencido demasiado (Mannequin Pussy) y salir de allí queriendo ser presidenta de su club de fans. Una lección de rock que nos puso a todas en nuestro sitio
Sólo en el Canela puedes tener la certeza de quién fue la persona que mejor se lo pasó dentro y fuera del escenario. Geordie Greep dio una lección de petunismo tocando a lo loco con su banda y después se quedó viendo conciertos, disfrutando de la ciudad, siendo amable con todo el mundo que se acercó y le dio tiempo a sentar cátedra en redes sobre cómo la industria musical debería salir de las bandas de USA y mirar hacia otros lados justo en el momento en el que veía a Rufus T. Firefly que se la sacaron (la bata de guatiné) con uno de los conciertos más redondos que les hemos visto nunca, con un Víctor Cabezuelo en permanente estado de gracia, tan cómodo allí arriba que, efectivamente, salió en pijama.
Porque aunque las bandas también se disfrazan el sábado, algunas se tomaron la ley por su mano. Mala Gestión están dándole la vuelta a muchos cánones de las bandas de este país y además de demostrar que son mucho más que un onehitwonder, salieron de Phineas y Ferb el viernes a dejarse la piel en el escenario.

La piel y todo lo demás: Carolina Durante. El extra. Puedes disfrazarte cuando quieras, puedes disfrazarte cuanto quieras. Su archiconocido set de The Office se disfrazó también, de carpa de circo, y ellos de sus ocupantes, cada uno más extravagante que el anterior. Por lo corto del slot metieron el mayor número de canciones posibles (algún record tendrá que haber de eso) y nos pusieron a todos en órbita.
Pero, repetimos, no hay necesidad de disfrazarse. Incluso si eres una de las bandas que toca el sábado. Del mismo negro riguroso que el confetti que salió con ellos, Deafheaven escalaron también puestos en nuestro ranking de favoritos por méritos propios. Sabíamos a lo que íbamos y nos metieron a todas en el mood de dejarse la voz y emocionar desde el hardcore más desatado.
Porque aunque aquí defendemos que el hardcore es más para el invierno, bandas como la de los madrileños FUET! nos puso un puntito en la boca. Un frontman arrollador, una sorpresa constante en directo. Defender un disco que nos había gustado mucho en invierno con lluvia a pleno sol de agosto no es para cualquiera. Lo tienen.
Sólo en el Canela puede salir Ángeles Toledano a dar una lección de neoflamenco con la única ayuda de un guitarrista y sus palmas y acabar en medio del público haciendo más que crowdsurfing, sevillanasurfing. Algo irrepetible.
Como ver a Joseluis transformado en Joselvis (10/10 al juego de palabras y el disfraz) desgranando el disco debut que le ha llevado a estar en boca de todos con razón. Y en boca de todos terminaron los Nation of Language. No tengo claro aún si iban de magos o de gnomos, pero desde luego magia hubo. Una banda de postpunk y sintes que nunca, jamás, bajo ningún concepto debes perderte en directo. Aunque no hayas escuchado nunca ninguna canción. Cambiará tu humor de repente, para mejor.
Porque hubo postpunk de todas las clases y maneras. Nos quedamos con el de High Vis, porque llevamos tiempo siguiéndoles la pista (telonearon a Turnstile) y porque cada palabra cantada o no que sale de la boca de su frontman merece ser escuchada.
Mucha guitarra oscura también para Basement. Reconozco que yo no los he conocido hasta este año. Lo que para muchos es un regreso para mí es una novedad. La portada de su disco del gato (que también apareció como disfraz el sábado) marcará nuestro 2026 y se notó que los fans antiguos disfrutaron de sus canciones antiguas tanto como los nuevos disfrutamos de las de ahora. Pocas cosas unen más generaciones que el emo.
No puedo ser objetiva con el concierto de Las Petunias porque servidora iba disfrazada de ídem (tranquilos, nos apartamos en todos los conciertos para no molestar a nadie con los pétalos). Sólo diré que elegimos bien el disfraz porque merecen no sólo ir persiguiéndolas por todos los directos que den, sino cualquier otro reconocimiento que se os ocurra. Vivan las guitarras.
Y vivan los vientos de Maruja. No tuvieron el mejor de los sonidos pero sí que andaban sobrados de actitud. Spoken word punk desbordado de emoción y mensaje, con un saxofonista que roba todo el espectáculo como el flautista de Hamelín.

Y cierro el repaso con la última cosa que sólo puede pasar en el Canela: lo que pasó con Friko. A principios del mes de agosto, Friko sólo tenían una fecha en la península, en el Paredes de Coura. Cuando terminó el mes, habían conquistado la península entera. Entraron en el cartel del festival sustituyendo a última hora a Unknown Mortal Orchestra y, para mí, fue una de las mejores noticias del año. La chavalería de Friko ronda los 25 años, viene de Chicago y han sacado uno de los discos del año, el Something Worth Waiting For que da nombre a esta crónica. Fui a verles al Dabadaba unas semanas antes porque entre ese disco y el anterior caí rendida a sus canciones. No llenaron la sala (imagina, era la Semana Grande de San Sebastián) pero todo el público salió con la sensación de estar ante el principio de algo muy grande. Tres semanas después estaban tocando en el escenario principal del Canela Party, en prime time, convirtiéndose en la nueva banda favorita de muchos de los que estaban allí que quizá hasta ese día no les habían conocido. O quizá estaban igual de emocionados que yo.
El Canela Party no cae dentro del saco de los macrofestivales y está a un ladito de los micro, escalando poco a poco por, como decíamos al principio, el boca a boca de su público y la labor de toda la gente que está detrás. Crecer y ser visible suele implicar acabar en berenjenales por descontextualizar muchas cosas pero en manos de todos está poner cada cosa en el sitio que merece. De momento, para empezar, ya tenemos reserva para el año que viene en Torremolinos. Y nos hubiera dado igual no tener adelanto del cartel a mano pero es que, además, tenemos todo esto. Y el disfraz ya en mente.

- Todas y cada una de las fotos son de Javier Rosa.

