Los Planetas, concierto esencial en Sevilla
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Los Planetas, a cielo abierto y sin artificios en el Patio de la Diputación de Sevilla.
El formato Concierto Esencial convirtió el Patio de la Diputación en el escenario perfecto para descubrir, de la forma más descarnada posible, qué hay detrás de Los Planetas menos eléctricos. Nos transportamos a Granada, al flamenco y a una extraña sensación de estar asistiendo a algo excepcional y extraordinario.
Cuando «saltaron» al escenario Florent y J el pasado viernes se les veía con ganas y eso, para los que somos de la religión planetaria, sabemos que es garantía de conciertazo. Como decimos por aquí, J «tenía el cuerpo flamenco» y no, no nos equivocabamos. Para comenzar, el amigo J decidió sacar la «malafollá» con toda la mala hostia que ésta es capaz de contener y soltar nada más salir un «Buenas noches. Somos Los Planetas» y, créanme, ese «somos Los Planetas» era un dardo muy bien dirigido, muy pensado y diría que casi escupido. Tras el incidente y la implosión de la banda, que siempre ha tenido a J como líder supremo. con motivo de la celebración del aniversario del Super 8, de la que fueron excluidos inicialmente Banin y Eric, si bien este se reincorporó más tarde, la banda transita en estos momentos en una especie de duo con el que colaboran otros.
Banin acaba de lanzar proyecto nuevo y su disco se titulará «Plutón ya no es un planeta» (más claro agua) y con sus nuevas canciones no se acuerda especialmente para bien de J. No deben haber sido buenas las relaciones entre ambos en los últimos años. Esta introducción la hago para desligar claramente las facetas personales y las artísticas que rodean a estas bandas tan referentes e históricas. Para mi es la banda de referencia patria que me lleva acompañando los últimos treinta años de mi vida, de la que gracias a su concierto último en el Contempopranea nació mi matrimonio (fíjense si les debo) y de la que personalmente no conozco más allá que lo que se dice o comenta (bueno de Eric con sus libros y documentales, algo más sé. También de la banda primigenia gracias a la película «Segundo Premio«).
La cita formaba parte del Festival del Patio + Metrópolis y llegaba bajo el nombre de Concierto Esencial, una fórmula que reúne a J y Florent con David Montañés al piano y Edu Espín a la guitarra flamenca. Nada de la descarga eléctrica ni de psicodelia que asociamos a tantos conciertos de la banda, ni de esa muralla sonora dentro de la cual durante décadas J ha escondido —y protegido— sus canciones. Esta vez había espacio y, sobre todo, proximidad.
El Patio de la Diputación contribuyó decisivamente. Probablemente pocos escenarios sevillanos podían ajustarse mejor a esta versión de Los Planetas: público sentado, dimensiones reducidas, noche abierta sobre las cabezas y esa sensación, tan difícil de fabricar en un festival, de que músico y espectador estaban compartiendo prácticamente la misma habitación. Las entradas habían volado y el concierto colgó el cartel de completo prácticamente nada más ponerse a la venta.
Y entonces comenzó “Los poetas”, tema poco conocido de su repertorio que incluso alguno de sus fieles casi no reconoció de lo poco que lo suelen tocar. Después llegó “Islamabad”, quizá una de las canciones que mejor encontró acomodo en el nuevo traje: piano, guitarras y la voz de J ocupando un espacio que habitualmente comparte con capas y capas de electricidad. A partir de ahí apareció una primera colección de clásicos extraordinaria: “Segundo premio”, “Corrientes circulares en el tiempo”, “Experimentos con gaseosa” y “Santos que yo te pinte”. En este momento, permítanme que les diga, que ya todos los asistentes se daban por recompensados con el precio pagado por la entrada y la espera delante del ordenador para hacerse con ellas (F5 en bucle).
Llegaron después “Una cruz a cuestas”, “Se quiere venir”, “Amanecer”, “Siete faroles” y “David y Claudia”. Y con ellas el concierto fue desplazándose poco a poco hacia otro territorio. Porque si algo ha convertido a Los Planetas en una banda verdaderamente singular no es únicamente haber encabezado la explosión del indie español de los noventa. Es haber entendido, años después, que para avanzar también había que mirar hacia atrás.
Y nos fueron llevando hacia el Albaicín, hacia las cuevas de Granada, hacia el flamenco como identidad andaluza. Y el público seguía absorto y, porque no decirlo, en una nebulosa que solo generaba placer. La guitarra de Edu Espín fue ganando protagonismo hasta que aquello dejó de parecer una revisión acústica de Los Planetas para convertirse en algo bastante más interesante: una conversación entre el cancionero planetario y la tradición flamenca. “Siete faroles” ya procede de las cantiñas; “Soy un pobre granaíno” nació de la adaptación de una colombiana inspirada en el cante de Pepe Marchena; y “Alegrías de Graná”, con Espín precisamente como guitarrista en su grabación original, lleva una canción de rock al compás tradicional de las alegrías. No se trata de añadir flamenco como ornamentación. Forma parte desde hace años del vocabulario con el que Los Planetas han decidido explicarse.
Y nos regalaron “Alegrías del incendio” transitando desde la psicodelia, a la canción popular y al flamenco demostrando que llevan años conviviendo en el universo de J y los suyos. También hubo tiempo para el fútbol. J dejó bastante clara durante la noche su simpatía por el Betis, provocando la inevitable complicidad de una parte considerable del patio (siempre mayoría en verde y blanco allá donde vayas). Tampoco estamos ante una conversión de última hora: su beticismo viene de lejos. Ya en 2005 El País situaba a J entre el grupo de músicos aficionados béticos que celebraron la Copa del Rey conquistada aquel año. En una noche dedicada a las raíces, hasta aquello parecía encajar: Granada sobre el escenario y un pequeño pellizco verdiblanco para conquistar Sevilla.
Para los bises todavía quedaban dos piezas que terminarían de explicar el concierto. Primero “Ya no me asomo a la reja”. Uno de esos momentos en que resulta imposible separar definitivamente a los Planetas de la tradición jonda. La canción, incluida en La leyenda del espacio, trabaja sobre los fandangos, pero en este formato podía regresar todavía más limpiamente al lugar del que partió. Y después, cuando parecía difícil encontrar un epílogo mejor, “Danza ritual del fuego” de Manuel de Falla. Falla, Granada, flamenco, música popular y vanguardia. El camino recorrido por Los Planetas durante más de treinta años resumido casi sin palabras.
Tras la despedida nadie de los allí presentes se podía creer lo que habían presenciado y, créanme, allí estaban los fieles musicales que casi entienden la melomanía como una religión, una forma de vida. Los murmullos solo exhalaban un «increíble», «vaya pasada» o «hostia el concierto que se han marcado» y como si nos retroalimentásemos unos de los otros, nos mirábamos y sonreíamos gritando sin hablar «yo estuve allí».

