Entradas válidas para su nueva fecha en julio.
El ciclo Noches del Botánico ha informado que debido a una intervención médica a Antonio Arias, componente de Lagartija Nick, el concierto de Omega 30º Aniversario previsto para el próximo 3 de junio pasará a celebrarse el 14 de julio.
Este concierto tan especial suponía el pistoletazo de salida a la 10º edición del festival madrileño, en cuyo cartel aparecen artistas como Van Morrison, Tom Jones, Garbage, ZZ Top, Biffy Clyro o Jean-Michelle Jarre entre otros muchos.
Desde Noches del Botánico se informa que todas aquellas personas que tengan entradas para este concierto no tendrán que hacer ningún tipo de gestión para asistir a la nueva fecha, ya que las entradas serán válidas automáticamente para la nueva fecha; entradas que por cierto están agotadas. En caso de no poder asistir al concierto reprogramado del 14 de julio, se podrá solicitar la devolución del importe total de las entradas a través del mismo canal de compra desde el que fueron adquiridas.
Cinco citas en los próximos meses.
UB40 regresarán a España este año con una nueva gira encabezada por UB40 featuring Ali Campbell, la voz original del grupo. Una oportunidad perfecta para volver a disfrutar en directo de una banda que lleva más de cuatro décadas formando parte de la historia del reggae británico.
Nacidos en Birmingham a finales de los años setenta, UB40 consiguieron crear un sonido propio mezclando reggae, pop y ritmos jamaicanos, dejando canciones que han pasado de generación en generación como «Red Red Wine», «Kingston Town», «Food For Thought» o «Can’t Help Falling In Love».
Conciertos de UB40 en España
14 de junio: BARCELONA (festival Blaumarí) – entradas
15 de julio: VALENCIA (Jardines de Viveros) – entradas
16 de julio: MARBELLA (Marbella Arena) – entradas
31 de julio: LAS PALMAS DE GRAN CANARIA (Gran Canaria Arena) – entradas
1 de agosto: SANTA CRUZ DE TENERIFE (Parking del Palmetum) – entradas
Cinco citas para volver a disfrutar en directo de una banda que, más de cuarenta años después de sus comienzos, sigue manteniendo intacto su espíritu sobre los escenarios.
El año pasado el Primavera Sound dedicó al POP (con mayúsculas) la temática del festival y nosotros nos amoldamos transformándonos en la SuperPop de 2025. Este año, dado que han basado su campaña en las Olimpiadas de Barcelona en 1992, hacemos lo propio y nos transformamos en El Enano Rabioso Deportivo para contarte las últimas novedades y planear nuestra crónica cuando falta justo una semana para que nos veamos las caras en el Parc del Fórum.

Novedades más importantes:
- Empress Of ha causado baja en el cartel, siendo sustituida por Ela Minus (Sala Apolo, domingo 7 de junio)
- Se ha añadido un concierto de Geese al programa del Primavera a la Ciutat, será el miércoles 3 de junio en la sala Paral.lel 62
- Ya tienes disponible el plan de movilidad para ir y venir al recinto
- Tenemos la programación de 3 escenarios “no principales”. Presta atención al Cupra Pulse porque es el más jugoso y donde más te costará entrar (hay que hacer cola)



Saldrá a finales de agosto.
Las británicas Grandmas House anuncian el lanzamiento de su esperado álbum de debut tras las buenas sensaciones ofrecidas en sus tres primeros EPs: Grandmas House (2021), Who Am I (2023) y Anything For You (2025).
Baby You’re A Winner es el título que llevará este disco compuesto por doce temas producidos junto a Ali Chant (PJ Harvey, Perfume Genius, Yard Act) y que verá la luz el 21 de agosto con Brace Yourself Records. Entre los temas que encontraremos aparece “DOG”, single del que os hablamos hace unos meses, o el que da nombre al álbum, el cual sirve como nuevo adelanto y del que el cuarteto de Bristol habla así: «“Baby You’re A Winner” es un himno de amor al rock and roll que trata de ver la belleza en tus seres queridos cuando ellos no son capaces de hacerlo. Trata de la frustración que supone que tus amigos o tu pareja no sean capaces de verse a sí mismos como los ganadores que son: una oda para animarte cuando te sientes decaído».
El sencillo va acompañado de un vídeo irónico, al estilo de un concurso televisivo, dirigido y producido por Clump Collective, que refuerza el tono lúdico del título del álbum.
Tracklist de Baby You’re A Winner
1. Baby You’re A Winner
2. DOG
3. Blue Oblivion
4. The Table
5. Hurricane
6. Dance
7. Next Big Hit (Choo Choo)
8. Taxidermy
9. Soaked
10. I Miss That House
11. How It Is
12. Spring
Foto de portada por Marie Dutton.
Duro revés por la visita del Papa a Madrid.
Cuando quedaba casi una semana para su celebración, el Blockparty 2026 se ve obligado a cambiar de ubicación. Así se ha comunicado en el día de hoy después de que el Ayuntamiento de Madrid haya revocado la autorización para su celebración en la Explanada de Usos Múltiples del Parque Madrid Río con motivo de los distintos actos que la visita del Papa León XIV acogerá.
La sala Mon, situada en cerca del metro Moncloa, acogerá los conciertos el mismo día 6 de junio con su atractivo cartel encabezado por las estadounidenses Die Spitz junto a Mujeres, Uni Boys, Fast Kids y Sandré, mientras que las pinchadas de Head & Banger y Blanca db se trasladarán a la céntrica sala Wurlitzer Ballroom, donde se realizará un afterparty especial. El cambio de un recinto al aire libre a uno cerrado quita magia al evento, pero para intentar paliar este contratiempo se permitirá entrar y salir de Sala Mon con pulsera, facilitando que el público pueda moverse por la zona durante la jornada. Por supuesto todas las entradas adquiridas hasta ahora siguen siendo válidas para la nueva ubicación, y a través de su web se pueden seguir comprando entradas a un precio de 45 euros más gastos.
Desde la organización se ha querido agradecer a los artistas implicados y sus agencias, además de la ayuda inestimable de Magnetic Producciones (Sala Mon) y Wurlitzer Ballroom para permitir que la cita se siga celebrando.
A continuación os dejamos el comunicado emitido donde se puede palpar el malestar por este:
La organización ha recibido la notificación oficial de la resolución municipal por la que se decide “DENEGAR su solicitud para la celebración del evento BLOCK PARTY 2026 el día 6 de junio de 2026 en la Explanada de Usos Múltiples del Parque Madrid Río”. El motivo, según recoge el documento, es el informe desfavorable emitido por la Coordinación General de Vicealcaldía, Seguridad y Emergencias, que alude a “la coincidencia temporal con el Viaje Apostólico de su Santidad el Papa León XIV a Madrid, previsto entre los días 6 y 9 de junio de 2026”.
La propia resolución señala que, ante el dispositivo previsto para esa visita, “se considera NO VIABLE la prestación de apoyos para la realización del evento por parte de esta Policía Municipal” y añade que “los múltiples desplazamientos asociados a la citada visita de Su Santidad podrían afectar al normal desarrollo de los actos en vía pública”. Es decir, Blockparty no cambia de recinto por decisión propia ni por una cuestión de producción, sino por una denegación administrativa comunicada apenas una semana antes de su celebración que deja sin margen de maniobra y produce unos daños y perjuicios evidentes ante los cuales pondremos en manos de nuestros servicios legales para su estudio y posterior reclamación correspondiente.
Es curioso que este mismo problema al que aluden (la falta de efectivos de la Policía Municipal) no se tenga en cuenta para otros eventos coincidentes con la visita del Papa. También llama la atención que nuestro evento nunca ha necesitado de la participación de dicho cuerpo de Policía para la realización, puesto que es un aforo limitado a 1.000 personas y sin incidencias de ningún tipo en ninguna de sus ediciones anteriores. La tramitación del permiso se solicitó oficialmente el 13 de diciembre de 2025, mucho antes de que se anunciase la famosa visita del Pontífice y desde ese día se han formalizado todos los trámites solicitados por la Junta Municipal De Arganzuela, sin ninguna incidencia y tal como se ha realizado en ediciones anteriores.
Llegados a este punto, la organización tenía dos opciones: suspender la edición de 2026 o buscar una salida que permitiera mantener en pie el festival. Blockparty ha elegido la segunda. Gracias a la colaboración de los artistas implicados y sus agencias, además de la ayuda inestimable de Magnetic Producciones (Sala Mon) y Wurlitzer Ballroom, el festival seguirá adelante el 6 de junio, aunque con los cambios lógicos derivados del traslado a sala. Ya no será en Madrid Río ni al aire libre, no habrá mercadillo y tampoco se podrá mantener una de las señas más queridas del festival, la posibilidad de entrar con tu bocata. La jornada, sin embargo, conserva lo fundamental: cinco bandas, una sola fecha y el mismo espíritu con el que Blockparty lleva años resistiendo a pandemias, tormentas, burocracias y demás pruebas de fe.
Blockparty 2026 no será exactamente como estaba previsto. Será en Sala Mon, será bajo techo y llegará después de una de esas vueltas de guion que ningún festival pequeño necesita a estas alturas. Pero seguirá siendo Blockparty: mismas bandas, mismos horarios y las mismas ganas de petarlo.
Se celebrará del 2 al 4 de octubre.
El festival SON Estrella Galicia Posidonia celebrará en este 2026 diez años, y para arrancar una edición tan especial la cita balear acaba de confirmar sus fechas. Formentera será el incomparable recinto de este evento que se celebrará los días 2, 3 y 4 de octubre y que seguirá con su carácter exclusivo, ya que tan solo contará con 350 entradas.
Para su décimo aniversario el encuentro confirma que “recuperará a varios de los artistas más destacados que han actuado durante esta década con nuevos nombres, incorporaciones que contribuirán a seguir impulsando su evolución y crecimiento. Asimismo, volverá a muchos de los espacios que lo han convertido en lo que es hoy en día y sumará también algún nuevo enclave”. Os recordamos que durante todos estos años han pasado por Formentera artistas como The Vaccines, Baiuca, Maria Arnal i Marcel Bagés, Carlos Ares, Roosevelt, Queralt Lahoz, Israel Fernández o Jorge Drexler.
Entradas para el SON Estrella Galicia Posidonia 2026
La organización del festival ha confirmado que las entradas para el público general se pondrán a la venta en su página web en dos tandas: el 3 y el 10 de junio a las 12:00h, además de avisar que habrá un cupo en preventa el 28 de mayo dirigido a asistentes de ediciones anteriores para premiar su fidelidad.
Ya podemos escuchar su primer adelanto.
Miguel Rivera, quien fuera vocalista de la banda sevillana Maga, regresa con “Una casa nueva”, un single que sirve como adelanto del que será su primer álbum en solitario y que el propio artista define así:
“Hace años no me imaginaba aquí: con una familia, con otra forma de entender la vida, el tiempo, las prioridades y también a mí mismo. Durante este tiempo han cambiado muchas cosas. Algunas de forma consciente, otras simplemente han ido ocurriendo. Supongo que esta canción nace justo ahí: en el momento en el que te das cuenta de que ya no eres quien eras, y de que eso no tiene por qué ser algo malo. UNA CASA NUEVA no es un cierre. Es más bien un punto de partida. El lugar desde el que empieza a tomar forma todo lo demás”.
Miguel ha contado con Lost Twin para la producción de esta canción que supone un viaje donde lo acústico y lo electrónico se entremezclan creando paisajes intrincados y luminosos, cantando a una nueva y elegida vida.
Miguel Rivera – “Una casa nueva”
Tema producido por Manuel Cabezalí.
La artista zaragozana Laura Cebrián, más conocida como Elem, nos presenta”Estar sin ti”, un nuevo single que llega pocos meses después de su EP Recreo donde versionaba a Bad Bunny, Aitana, Arde Bogotá o Nek.
En este nuevo paso Laura vuelve a contar con la producción de Manuel Cabezalí, continuando el desarrollo de su peculiar imaginario pop en una canción que se mueve entre la melancolía, la nostalgia y la necesidad de seguir adelante.
Para todos sus seguidores recordar que la aragonesa estará actuando el próximo sábado 13 de junio en las Noches del Botánico de Madrid y el viernes 17 de julio en el festival Pirineos Sur.
Elem – “Estar sin ti”
Desde el colectivo Fiebre, en Extremadura, te traemos el Fiebre Rural 2026 con su II Encuentro de Artes en el Camino, una propuesta – no sólo musical – que forma parte de su leit motiv: acciones culturales en contextos periféricos.
Antes de que empiece la temporada de grandes festivales, volemos una vez más desde El Enano Rabioso a poner el foco en otras empresas más pequeñas que siempre son fuente de alegría: los microfestivales.

El lugar de encuentro en esta edición es La Zarza, un municipio a unos 15km al sur de Mérida de 3000 habitantes aprox en el que puedes recuperar el espíritu que tanto echas de menos de lo que solían ser los festivales…Y GRATIS. La fecha a reservar es ya de ya: el fin de semana del 29 al 31 de mayo, con la mayoría de las actividades concentradas el sábado 30 de mayo.
Las Petunias encabezan la lista de actuaciones, con Corte! y Ku! capitaneando los nombres más conocidos y proyectos extremeños como Lluvia, Oh Brava Dura o Gualter Sangre que te prometemos querrás ir a ver para poder decir eso de “yo ya los conocía antes”. Algo se mueve en Extremadura desde hace tiempo y, créeme, quieres ser parte de esa Fiebre.
Te dejamos todo el cartel y la información relevante para que te lo pienses y el enlace a su cuidadísima cuenta de Instagram en el que tienes horarios y el resto de detalles. Allí nos veremos.

El Degusta Fest volvió este año al recinto de Fermasa con pocos cambios visibles respecto a su primera edición. Y la verdad que en este caso no tiene por qué leerse como una falta de ambición. Hay festivales que se obsesionan con crecer, añadir capas, multiplicar estímulos pero la cita granadina parece que quiere jugar a otra cosa: una escala manejable, una propuesta clara y una experiencia que, al menos desde dentro, se vivió con bastante comodidad.
La diferencia más evidente respecto al año pasado fue la afluencia. A falta de una cifra oficial publicada, la impresión sobre el terreno fue la de una edición menos concurrida que la de 2025. También hay que ponerlo en contexto. El festival coincidió con un fin de semana especialmente competido en Granada: La Plazuela el viernes y Viva Suecia el sábado, dos citas con evidente cruce de audiencias capaces de seducir al mismo público natural del perfil del Degusta Fest.
Ahora bien, una cosa es la lectura de convocatoria y otra la experiencia del asistente. Y ahí la menor presión de público tuvo un efecto inmediato: todo fue más fluido. Menos colas para entrar, menos espera en las barras, menos agobio en los baños, menos embudos y una circulación cómoda por el recinto incluso en los momentos de mayor concentración frente al escenario. Fermasa funciona razonablemente bien dentro de sus propias limitaciones. No es un recinto espectacular ni especialmente escénico. El escenario principal sigue siendo sobrio, casi desnudo, sin grandes alardes visuales ni demasiada pirotecnia ornamental. Pero esa sencillez tampoco juega necesariamente en contra. Hay algo bastante honesto en un festival que no intenta disfrazarse de macroevento ni llenar cada esquina de tics comerciales o photocalls innecesarios.
Aquí el centro estuvo bastante claro: música, comida y tránsito cómodo. La parte gastronómica, además, este año la vi más asentada. Los puestos de restauración estuvieron bien planteados, bien distribuidos y orientados a sostener de verdad esa mitad del nombre del festival: el “Degusta”. En otros eventos, la comida funciona como simple combustible de supervivencia: algo que compras entre concierto y concierto para no caer al suelo. Aquí, en cambio, se nota una intención más cuidada. No hay una acumulación caótica de puestos ni una oferta disparatada sin criterio. Hay una zona reconocible, bien integrada y con voluntad de construir una experiencia propia. Ese equilibrio no es tan fácil como parece. Porque juntar música y gastronomía puede salir muy bien o puede acabar oliendo a feria Frankenstein bizarra. En esta edición la fórmula quedó bastante bien resuelta: la restauración no devoró al festival, pero tampoco apareció como un simple adorno.
Otro de los grandes aciertos del recinto fue seguir contando con esa gran nave central que ya estuvo el año pasado. Un espacio interior para descansar, sentarse, huir del sol de la tarde, desconectar un rato del exterior musical y tomar aire sin necesidad de abandonar el festival. Puede parecer un detalle menor, pero no lo es. En un circuito de festivales cada vez más pensados para empujar al público de un estímulo a otro, encontrar una zona real de pausa tiene algo casi revolucionario. Una cámara de descompresión entre concierto y concierto. Un lugar donde el cuerpo deja de funcionar en modo supervivencia y recuerda que también ha pagado por estar cómodo, no solo por resistir.
Pero quizá el mejor detalle del festival como engranaje estuvo en algo aparentemente secundario: los DJs entre concierto y concierto. Una cosa tan sencilla, y tan poco común. Y no, no es una tontería. Hay festivales que tratan los intermedios como un trámite administrativo: silencio raro, playlist sin alma de ultratumba o, peor todavía, publicidad metida con calzador justo cuando el público necesita seguir dentro del clima del evento. Eso corta la energía, enfría el ambiente, y al fin y al cabo te saca de forma abrupta de un buen (o no tan buen) viaje en directo. El festival hizo justo lo contrario. Los DJs se integraron en la escena de una forma espléndida y brillante. Buena selección, buen volumen, buen sonido y una música muy alineada con el espíritu del festival. Salvando las distancias, es algo que recordó a los primeros años del FIB, cuando una de las cosas más entrañables era precisamente lo que sonaba entre actuación y actuación. Luego aquello, como tantas cosas buenas, se fue perdiendo: entró la publicidad, desapareció la continuidad o se empezó a tratar el intermedio como una forma sutil de enviarte a consumir.
Ese fue, probablemente, uno de los grandes aciertos del evento: entender que un festival no solo sucede cuando hay alguien tocando sobre el escenario. También sucede en los márgenes, en las transiciones, en ese rato en el que decides si vas a por algo de comer, si te quedas cerca del escenario o si simplemente sigues moviendo la cabeza porque alguien ha puesto el tema exacto.
En lo técnico, el sonido general estuvo correcto. No fue un sonido memorable pero tampoco hubo sensación de desastre ni de pelea constante con la mezcla. La nota estaría alrededor de un 7. Bien. Funcional. Suficiente. Hubo cosas que sonaron muy bien y otras que se quedaron más regulares, más planas o menos definidas. Pero, en conjunto, el sonido cumplió sin convertirse ni en problema ni en protagonista.
Donde sí hubo un funcionamiento impecable fue en la puntualidad. Los horarios se cumplieron mucha precisión, algo que empieza a ser norma en muchos festivales y que conviene agradecer. Muy atrás quedan esos tiempos en los que la gente empezaba a silbar tímidamente como una señal entre queja y nerviosismo. Con un solo escenario, la puntualidad es clave. No hay solapes que amortigüen retrasos ni alternativas mientras esperas. Si un concierto se demora, se atasca toda la programación del día. En el Degusta no pasó. El engranaje funcionó y eso reforzó la sensación general de festival ordenado, sencillo y cómodo.
Al final la cita dejó una imagen bastante clara: la de un festival menos multitudinario que en su estreno, pero mejor respirado por quienes estuvieron dentro. Una cita todavía en construcción, con margen de crecimiento y con preguntas abiertas sobre su capacidad de convocatoria, pero también con una identidad editorial cada vez más reconocible: escala humana, comida bien integrada, tránsito amable, pocos artificios y una organización que, en lo esencial, funcionó.
Y quizá ahí esté parte de su valor. En un calendario saturado de eventos que compiten por ver quién grita más fuerte, el Degusta Fest propone algo más sencillo: pasar el día, comer bien, escuchar música, moverse sin sufrir y no sentir que has pagado por entrar en parque de atracciones dopaminado. No es poco.
VIERNES
Ash llegaron al viernes como ese tipo de banda que no necesita mucha explicación: tres músicos, canciones afiladas y su forma “clásica” de entender el power pop, nada más, y nada menos. Tim Wheeler apareció con su Flying V, una guitarra con pinta de haber sido diseñada para invocar demonios en un pabellón de heavy y que encierra su trasfondo: en la luminosidad melódica de Ash siempre ha habido una querencia bastante clara por el riff duro, por cierta épica heavy y por el músculo guitarrero bien disimulado entre estribillos. El problema fue que el contexto no terminó de ayudarles. Un escenario grande, de día, con solo tres personas encima, puede parecer un solar de “Se vende”. No porque la banda no toque bien —tocan con oficio, pegada y solvencia—, sino porque visualmente cuesta llenar tanto espacio con una formación tan desnuda. Ash cumplieron, dejaron momentos reconocibles y recordaron que tienen canciones, pero el concierto tuvo algo de electricidad retenida. Estaban las canciones, estaba la actitud, estaba la guitarra en V, pero faltó quizá un punto más de volumen, aire y contundencia para que aquello terminara de prender.

Carlos Ares jugó en el extremo opuesto. Si Ash parecían tres tipos intentando domar un escenario faraónico a base de canciones, lo suyo fue ocuparlo todo y más: músicos, aparatos, decorado, iluminación, artefactos, movimiento, vestuario y energía. Vaya por delante que no es mi terreno musical, y eso conviene decirlo de frente, pero sería injusto no reconocer que el espectáculo estaba perfectamente dirigido hacia el público que había ido a verlo. Ares, salió enchufado, con un disfraz a medio camino entre Robin Hood y Flecha Verde, con una puesta en escena muy trabajada pensada para construir una experiencia audiovisual total más que un simple concierto: banda numerosoa, atmósfera, narrativa y una sensación constante de estar empujando hacia arriba. Quizá a quien no comulgue con su universo le pueda resultar algo grandilocuente, incluso demasiado diseñado, pero sus fans recibieron exactamente lo que esperaban: intensidad, melodía, entrega y una propuesta con ambición. En un festival donde el escenario podía tragarse a quien no viniera preparado, Carlos Ares hizo justo lo contrario: lo llenó hasta los bordes. No fue el concierto que más me tocó musicalmente, pero sí le reconozco que fue uno de los que mejor entendió dónde estaba, para que estaba y qué debía hacer.
Lori Meyers cerraron el viernes jugando en casa, o casi, y eso siempre les da una ventaja emocional evidente. Pero también me dejó una sensación algo incómoda: se está convirtiendo en una banda que sabe perfectamente cómo activar sus viejos himnos, pero que parece seguir buscando cómo hacer convivir ese pasado con su presente. El concierto tiró mucho de oficio, de hits y de una maquinaria ya muy engrasada, quizá demasiado. Hay momentos en los que Lori Meyers funcionan casi con piloto automático: entran los clásicos, responde el público, se levanta el recuerdo y todo parece volver a su sitio, pelillos a la mar. El problema aparece cuando intentan colar las composiciones nuevas dentro de ese mismo relato. Ahí se percibe una brecha importante entre los Lori Meyers de antes y los Lori Meyers de ahora. No hablo solo de canciones mejores o peores, sino casi de dos grupos distintos: uno con la electricidad generacional de sus grandes discos y otro más reciente, más acomodado, menos urgente, quizá más (ejem) adulto. Tampoco vi esa sensación de escenario atestado, de banda nacional intocable, que sí podían proyectar hace tres o cuatro años. Siguen siendo grandes, siguen teniendo repertorio y siguen sabiendo cerrar una noche, pero da la impresión de que están bajando poco a poco de aquella cima desde la que parecían liderar el indie mainstream nacional. No se han caído, pero ya no parecen mirar desde arriba. Y es que abusar de tu patrimonio y no ser capaz de reinventarte puede terminar devorándote.
SABADO
Los Coronas aparecían en una de esas horas ingratas en las que un festival todavía se está desperezando. Poco público aún quejoso, el sol apretando y el escenario como un campo inmenso vacío. Pero ellos salieron como si nada. Llegaron, tocaron, cumplieron y se fueron. Así de simple. Así de directo. Y, en el fondo, así debería ser muchas veces el rock: llegar sin pedir permiso y sin necesitar grandes discursos para dejar claro que hay oficio. Su surf instrumental funcionó como arranque perfecto del sábado: guitarras con polvo de carretera, ritmo, solvencia y esa sensación de banda que sabe exactamente cuál es su sitio. No incendiaron FERMASA, pero tampoco lo necesitaban ni lo querían. Se vaciaron y pusieron el festival en marcha con elegancia
Redd Kross fueron una de las sorpresas más agradables del sábado. Venían con ese cartel de banda de culto, veterana, excéntrica y un poco marciana, pero no se limitaron a posar como supervivientes ilustres de otra época. Al contrario: se entregaron con una mezcla exótica de profesionalidad, entusiasmo y sentido del humor. Fueron divertidos, coloridos, algo horteras en el mejor sentido posible, pero también muy comprometidos con el concierto. Redd Kross salieron a tocar en una hora difícil, todavía diurna y consiguieron plasmar algo muy valioso: la sensación de que aquello seguía vivo, de que detrás del historial queda ilusión y entrega. No fueron arqueología alternativa. Fueron una fiesta rara, eléctrica y bastante más seria de lo que aparentaba.

The Charlatans dejaron el concierto más bonito y entrañable del festival. Sorprendieron por sonido, por ejecución y por elegancia. Técnicamente estuvieron muy bien, con un setlist sólido y una conexión evidente con una legión de seguidores que quizá fue una de las imágenes más llamativas del día: carteles, camisetas, indumentaria de época, edad acorde, sonrisas iluminadas y una devoción muy reconocible. De hecho se notaba que para buena parte del público aquello fue una pequeña cita sentimental con Mánchester, con los noventa y con una forma muy concreta de haber vivido la música. Tim Burgess, con esa pinta de guiri simpático despistado pareció percibirlo. Estuvo risueño, agradecido, radiante y hasta casi sorprendido por el cariño recibido. Es verdad que al directo quizá le faltó algo de energía física, pero lo compensaron con oficio, melodías y una calidez muy de agradecer en estos tiempos de toca y corre. No fue incendiario, fue mejor, fue hermoso.
La M.O.D.A. jugó en un registro parecido al de Carlos Ares: espectáculo, emoción y entrega como motor principal. La banda sabe perfectamente lo que quiere provocar y cómo hacerlo. Su directo está construido para generar comunión, para levantar brazos, para empujar al público hacia una especie de celebración colectiva donde la emoción importa tanto como la canción. Puede que su épica y sensibilidad no conecte con todos los paladares (incluido el mío), y a ratos roce ese punto de plaza mayor emocional. Pero lo defienden con una profesionalidad indiscutible. Hay esfuerzo, hay honestidad escénica y hay una banda bien rodada que sale a vaciarse. Está claro que puede no ser tu casa, pero está muy bien levantada.
Primal Scream fueron otra cosa. No solo un cabeza de cartel, sino un pedazo de historia viva del rock puesta delante de tus narices. Y eso todavía pesa. Bobby Gillespie y los suyos son capaces de sacar de su monumental carrera un fragmento de electricidad, arrogancia, hedonismo, ruido y memoria, y escupírtelo a la cara con la naturalidad que solo tienen las bandas que han estado allí cuando algunas cosas importantes estaban ocurriendo. Técnicamente estuvieron impecables, muy correctos, muy profesionales, con esa arrogancia de quien ya ha pisado mucho charcos como para ahora perder el sitio. Pero también se notó algo: falta un poco de aquella energía suicida, de aquella inocencia feroz de cuando una banda sale a morir porque casi no sabe hacer otra cosa. Es normal. Los años pasan, la rabia se dulcifica y el fuego ya no siempre sale descontrolado. Aun así, conviene quedarse con lo importante: Primal Scream todavía pueden transportarte a ese universo mágico y fascinante donde un puñado de leyendas vivas vienen a recordarte el por qué todo esto sigue teniendo sentido.
Lo Mejor: música y djs entre conciertos
Mejor concierto: The Charlatans
Mejor momento: “Accelerator” de Primal Scream.
Galería del Degusta Fest 2026









