The Lions Constellation es una banda formada en 2007 que combina melodías pop con guitarras intensas y atmósferas envolventes. Tras una primera etapa activa y una larga pausa, el grupo retomó su actividad con una visión más madura. Con su nuevo trabajo, New Moon Rising, consolidan un sonido propio que equilibra ruido y sensibilidad, manteniéndose fieles a sus influencias.
Después de más de diez años en pausa, habéis vuelto y la reacción ha sido muy positiva. ¿Qué os llevó a retomar la banda en 2021? ¿Ha cambiado vuestra forma de vivirla desde entonces?
La verdad es que, desde que se formó la banda a finales de 2007, todo fue bastante rápido: empezamos a dar conciertos enseguida y en 2009 editamos nuestro primer disco. Hasta nuestra última referencia, publicada en 2021, habían pasado bastantes años.
En un principio, desde 2009, tuvimos mucha actividad como banda, tocando y realizando giras estatales con grupos de fuera. Después, cada uno de los miembros empezó a centrarse más en sus propias prioridades y el grupo se fue diluyendo poco a poco. Aun así, continuamos activos hasta 2012 o 2013, aunque hubo cambios en la formación y dejamos de sacar material nuevo.
Si no recuerdo mal, hacia 2018 o 2019 volvimos a juntarnos para ver qué feeling había. Con una nueva formación y energías renovadas, empezamos a componer canciones nuevas e intentar volver a tocar en directo. Pero llegó el COVID y todo se frenó bastante, aunque conseguimos editar un EP. Más o menos ocurrió lo mismo que en el anterior parón. Aun así, los tres que seguimos en la banda decidimos darnos otra oportunidad e intentar darle continuidad al proyecto, esta vez desde una perspectiva más madura y sin ningún tipo de pretensión, más allá de tocar y escribir canciones que realmente nos llenaran.
Nuestra intención inicial era grabar un EP, pero finalmente salieron doce canciones, que grabamos en solo cinco días. De hecho, a menos de un mes de entrar al estudio, solo teníamos cuatro temas. Todo surgió de forma muy natural: al final, somos una banda con un espíritu muy punk.
La verdad es que, como te comento, no teníamos muchas expectativas más allá de volver a grabar y darle continuidad a aquel disco de 2009. Pero, a medida que íbamos enseñando el nuevo trabajo, empezamos a notar cada vez más interés. Todo hay que decirlo: ese interés siempre ha venido de fuera de nuestras fronteras. Cada vez que mostrábamos el disco aquí, la gente nos daba muy buen feedback y buenas críticas, pero también nos comentaban que era difícil moverlo dentro del panorama nacional. Finalmente, el disco ha sido editado en Estados Unidos, Europa y Asia, pero ningún sello español apostó por publicarlo.
Siempre se os ha identificado con ese “wall of sound” tan potente. En este nuevo disco, New Moon Rising, ¿cómo habéis trabajado las guitarras y las atmósferas? ¿Hay algo que hayáis hecho diferente esta vez?
Creo que, desde nuestras primeras grabaciones hasta el último EP, ya se podía percibir un cambio en nuestra forma de escribir. Este disco es, en cierto modo, la evolución de lo que empezamos allí.
No renegamos del sonido de nuestro primer disco, pero sí queríamos hacer algo más controlado. Aquel primer trabajo, aunque tuvo más tiempo de desarrollo, surgió de una manera más espontánea. En cambio, este disco, a pesar de haberse hecho en mucho menos tiempo, ha sido más consciente. O quizá no tanto, porque, como te decía, se ha grabado todo muy rápido, muchas veces a primeras tomas, pero sí teníamos muy claro cómo queríamos sonar.
Aun así, siguen estando presentes esos ecos de nuestros inicios. Seguimos siendo una banda de pop con guitarras, muy amante del fuzz, pero queríamos ver si éramos capaces de canalizar todo eso de otra manera, sin perder la rabia juvenil que llevamos arrastrando desde hace casi veinte años.
En esta ocasión, las canciones han nacido principalmente desde una guitarra acústica. Aunque mis conocimientos musicales son bastante limitados —no soy músico—, he intentado crear diferentes atmósferas que aportaran continuidad al disco, desde el primer tema hasta el último. Además, hemos contado con la ayuda de otras personas que han sabido cubrir esos espacios a los que nosotros no llegábamos.
Si echamos la vista atrás, desde Flashing Light hasta ahora, seguís teniendo un sonido muy reconocible, pero también se nota una evolución. ¿Qué sentís que habéis aprendido en todo este tiempo?
Como ya te comentaba antes, creo que también la perspectiva que da el tiempo y la experiencia —desde entonces hemos grabado muchas más canciones con otros grupos— nos ha permitido enfocar las canciones de otra manera, y eso se ve reflejado claramente en este trabajo.
Aunque siguen siendo canciones pop, como en el primer disco, hemos intentado cuidar especialmente tanto las melodías como las estructuras. Aun así, creemos que, en esencia, seguimos siendo los mismos: haciendo las canciones que nos gustaría escuchar. Nuestros referentes, por supuesto, siguen muy presentes.
RJ, has pasado por proyectos muy distintos. ¿Qué es lo que hace especial a The Lions Constellation para ti? ¿Qué te ofrece que no encontrabas en otras bandas?
Cada una de las bandas en las que he tocado tiene algo especial. Siempre intento hacer cosas diferentes en cada proyecto en el que me involucro. Por otro lado, como ya te comenté, no soy músico, y me resulta muy difícil formar parte de una banda en la que no escriba los temas. Al no tener una formación musical, necesito componer mis propias canciones y tocarlas a mi manera. Quizá eso haya podido limitar a mis bandas, pero es parte de mi forma de entender la música.
Como te decía, cada uno de mis proyectos cubre pequeños huecos dentro de mis gustos estilísticos, que son bastante variados y amplios. Además, aunque compongo siempre con guitarra acústica, en los directos suelo tocar distintos instrumentos dependiendo de la banda.
Habéis tocado con grupos como Interpol, Wire o The Horrors. Mirando atrás, ¿hay algún concierto o momento en vivo que recordéis como especialmente importante?
Sí, siempre es genial tocar con bandas con las que compartes afinidad o que, de alguna manera, han sido un referente. Además, girar con ellas también te abre a nuevos oyentes y te permite tocar para mucha gente que, de otro modo, probablemente no conocería tu música.
Cada concierto es especial y, a veces, el que menos esperas acaba siendo increíble. Siempre hay anécdotas. Ahora mismo me viene a la mente aquel concierto en el que abrimos para Interpol: la sala Apolo estaba llena a reventar. Salimos a tocar y, de repente, parte del público empezó a taparse los oídos… No sé si por el volumen y la intensidad del directo o porque, simplemente, no les gustábamos nada.
Ahora mismo el shoegaze está viviendo un nuevo renacer. ¿Cómo hacéis para mantener vuestra identidad dentro de esa escena?
Sí, es algo que nos están preguntando con bastante frecuencia. Supongo que, después de veinte años como banda, se espera que tengamos alguna respuesta al respecto. Pero tengo que decir que desconozco bastante el nuevo fenómeno del shoegaze; parece que hoy en día todo es shoegaze.
Lo único que puedo decir es que cuando nosotros empezamos no se hablaba tanto de este término. De hecho, aun siendo muy jóvenes, lo vivimos en primera persona y no fue algo tan sonado como lo es ahora. Muchas de las bandas que hoy se consideran referentes, en su momento no dejaban de ser grupos relativamente pequeños.
Para nosotros siempre ha sido algo natural: empezamos a tocar siguiendo a nuestros referentes, a las bandas que veíamos en directo cuando estaban de gira. Además, cuando editamos nuestro primer disco, aún faltaban muchos años para que todas esas bandas regresaran y se convirtieran en referentes para nuevas generaciones.
Me parece perfecto que la gente monte grupos y tome influencias actuales; si ahora el shoegaze está de moda, es lógico que surjan nuevas bandas dentro de ese sonido. Supongo que nosotros estamos un poco fuera de ese movimiento, tanto por una cuestión generacional como porque seguimos haciendo, en esencia, lo mismo que hacíamos hace veinte años.
En aquel momento no había una escena internacional como tal, y mucho menos en España. De hecho, siempre tuvimos más aceptación fuera que aquí. En algunos medios internacionales nos están mencionando como referentes, pero nos parece algo exagerado; nada más lejos de la realidad.
En vuestras canciones hay una mezcla entre ruido e intensidad, pero también mucha delicadeza en las melodías. ¿Cómo trabajáis ese equilibrio cuando componéis?
No dejamos de ser una banda de pop en la que prima la melodía, aunque después la vistamos de ruido. Son canciones melancólicas y, en cierta medida, nostálgicas. Supongo que eso les da ese aire de atmósferas etéreas y delicadas, pero a la vez con cierto hedonismo ruidoso. Cada canción tiene vida propia y te pide cosas diferentes, pero, al formar parte de un disco, intentamos que todas mantengan una coherencia entre sí.
El 10 de abril presentáis New Moon Rising en Club Sauvage, en Barcelona. ¿Cómo imagináis ese concierto? ¿Qué os gustaría que se llevara el público de esa noche?
Esperamos que sea una noche especial, con momentos intensos y ruidistas, y otros más delicados e íntimos. Queremos que la gente que venga vuelva a casa con una sonrisa y con la sensación de haber escuchado canciones que los hayan llevado de viaje a momentos entrañables de su vida. Quizá haya sorpresas y toquemos canciones nuevas en las que ya estamos trabajando para un próximo lanzamiento.
Las entradas anticipadas para este concierto se pueden comprar a través de DICE.
Entradas ya a la venta.
Teenage Fanclub volverán a nuestro país tras sus visitas en 2023 y 2025. Para esta ocasión los escoceses no han querido escatimar en fechas y han confirmado una docena de paradas a lo largo de nuestra geografía, donde no solamente las grandes ciudades como Barcelona o Madrid podrán disfrutar de su power-pop clásico, si no que localidades como San Fernando, en Cádiz, Oviedo o Pamplona también lo harán.
Gira de Teenage Fanclub por España
4 de octubre: SAN FERNANDO (Teatro de Las Cortes) – entradas próximamente
5 de octubre: SEVILLA (Sala Custom) – Entradas
6 de octubre: GRANADA (Teatro CajaGranada) – Entradas
7 de octubre: MURCIA (Sala Mamba!) – Entradas
9 de octubre: SANTIAGO DE COMPOSTELA (Capitol) – Entradas
10 de octubre: OVIEDO (Kuivi Almacenes) – Entradas
11 de octubre: BILBAO (Kafe Antzokia) – Entradas
12 de octubre: ZARAGOZA (Jardines de Invierno) – entrada gratuita
14 de octubre: PAMPLONA (Zentral) – Entradas
15 de octubre: MADRID (Lab / Wagon) – Entradas
16 de octubre: VALÈNCIA (Moon) – Entradas
17 de octubre: BARCELONA (Razzmatazz 2) – Entradas
El álbum verá la luz a través de Primavera Labels.
Las madrileñas Aiko el grupo están de vuelta con nueva música tras su EP de 2024 A tomar por culo. “Modo sigilo” supone el primer adelanto del que será su tercer álbum, el primero que lancen en Primavera Labels tras su fichaje en 2024 con el citado EP.
Grabado, producido y mezclado por Santi García en Ultramarinos Costa Brava, este single “habla de reacciones involuntarias, de nostalgia asociada a lugares y de un dolor que no te gustaría sentir”.
Aiko el grupo – “modo sigilo”
Próximos conciertos de Aiko el grupo
18 de abril: GIJÓN (Gijón Sound)
6 de junio: BARCELONA (Primavera Sound)
13 de junio: OPORTO (Primavera Sound Porto)
31 de julio: TORREVIEJA (LOW Festival)
Foto de portada por Ayla Autumn.
Presentarán su último trabajo Fearless Nature.
Los británicos Kid Kapichi, a los que teníamos fichados por haber teloneado a Frank Carter & The Rattlesnakes en nuestro país en un par de ocasiones, volverán a España a finales de este año. El motivo no es otro que presentar su cuarto álbum Fearless Nature, publicado este pasado mes de enero, el primero desde que el grupo se transformó en dúo tras las salidas en mayo de 2025 del guitarrista Ben Beetham y el batería George Macdonald.
Conciertos de Kid Kapichi en España
Viernes 11 de diciembre: BARCELONA (Upload)
Sábado 12 de diciembre: MADRID (El Sol)
La venta general de entradas para estas dos citas de Kid Kapichi se abrirá el 1 de abril a partir de las 11:00h aunque todos aquellos que se registren en la web del grupo podrán acceder 24 horas antes a una preventa especial.
Existían razones de sobra para pensar que el regreso de Ladytron a Liverpool no era una fecha cualquiera. La banda volvía a su ciudad de origen, reaparecía en directo tras un largo parón y lo hacía, además, justo un día antes de publicar Paradises (aquí nuestra reseña del disco), su octavo álbum de estudio. Demasiadas piezas juntas como para pensar que aquello era solo otro concierto en una agenda cualquiera en un país cualquiera. Había relato: regreso a casa, nueva etapa, nuevo disco y una banda que, después de más de dos décadas de trayectoria, parecía llegar con la necesidad —o al menos con la voluntad— de dejar claro que todavía tiene algo que decir.
Y, en cierto sentido, lo dejó claro. No tanto a base de épica, ni de teatralidad, ni de intensidad. No. Ladytron optó por otro camino: ofrecer un concierto sólido, disfrutable y muy bien ejecutado, aunque bastante menos espectacular de lo que quizá se podría esperar de una banda que siempre ha jugado con una determinada idea de frialdad elegante, sofisticación sintética y aparato visual envolvente. Dicho de forma más simple: fue bastante mejor concierto que show. Mucho mejor escucharlo que mirarlo.
La noche arrancó con “Kingdom Undersea”, uno de los temas más ochentero de su nuevo disco, y ya desde ese primer movimiento se intuía que Ladytron no llegaba a Liverpool para tirar de nostalgia. El nuevo material ocupó casi la mitad del setlist y, además, atención spoiler, sonó impecable, emotivo, vibrante y convincente. Y esta fue, probablemente, una de las conclusiones más interesantes del regreso a los escenarios: el grupo se mostró especialmente cómodo (Helen) con su nuevo material y no dieron la impresión de estar cumpliendo expediente, sino de creer ciegamente en estas nuevas y elegantes composiciones.
Porque algo sí parece haber cambiado. O, al menos, algo se ha desplazado. Ladytron no ha abandonado su ADN electrónico, ni mucho menos, pero en Paradises —y así se constató en directo— la balanza parece inclinarse algo menos hacia la pulsión de pista de baile y algo más hacia la creación de melodías hipnóticas y atmósferas ensoñadoras, siempre manteniendo una base electrónica que invita a moverse. No es que ahora se hayan vuelto una banda de pop sin más, ni que hayan renunciado a la hipnosis mecánica que siempre los ha definido, pero sí se aprecia una modulación clara: menos obsesión por el empuje puramente techno, más gusto por las arquitecturas suaves, incluso delicadas por momentos.
Aun así, Ladytron sigue siendo Ladytron, y eso significa que sus directos siguen sin ser un espectáculo de entusiasmo desbordante. Helen Marnie empezó la noche claramente tímida, fría, y no fue hasta el cuarto tema de la noche (I see Red) cuando empezó a soltarse algo y a parecer mínimamente cómoda en escena y dejar atrás esa primera sensación de estar pidiendo perdón por existir. Mira Aroyo, por su parte, permaneció toda la noche en su cápsula personal: concentrada, con la mirada baja, entregada a sus sintetizadores, interviniendo cuando le tocaba hacerlo, pero sin establecer en ningún momento una conexión visible con la sala, tampoco lo intentó. Su papel fue importante, claro, pero quien esperase magnetismo frontal, carisma expansivo o una interacción particularmente empática con el público, seguramente acabó mirando hacia otros puntos del escenario, o de la sala.
Y esos otros puntos existían: el gran motor de la noche fue la batería, con un protagonismo y presencia arrolladora. Peter Kelly tiró del carro con autoridad, entusiasmo y una energía física decisiva. Buena parte del pulso del concierto, de su respiración y de su capacidad para no caer en la rigidez sintética vino de ahí, del empuje rítmico, del músculo, de esa sensación de que había alguien dispuesto a poner sobre la mesa toda la carne que (quizá) faltaba en otras zonas del escenario. Fue él quien se erigió como el estandarte vivo y orgánico del show: energía, calor, vida.
Andrew Hunt, nueva incorporación para los directos, aportó también un contrapunto de entusiasmo y entrega. Tocando teclados, saxo y algo de percusión, apareció como una figura mucho más expresiva. Se movía, bailaba, gesticulaba y añadía una capa de viveza que contrastaba bastante con la contención casi pétrea de Helen y Mira. Y mientras tanto, Daniel Hunt permaneció más escondido, disuelto, eficaz pero discreto, ejecutando su labor sin reclamar ni un gramo de protagonismo (a mí no me miréis, decía) . Lo cual, tratándose de Ladytron, tampoco sorprende demasiado: siempre han tenido algo de banda en la que la personalidad se ejerce más por autocontrol que por exhibicionismo.
Pero la gran baza de la noche fue el sonido. Ahí sí, nada que objetar. Sonó fuerte, muy fuerte, pero además nítido, muy nítido. Cada capa de la orquestación encajando en su hueco, los instrumentos bien definidos y el volumen, aun siendo considerable, no emborronó el detalle. En una banda como Ladytron, donde conviven electrónica, percusión, guitarras, voces y texturas superpuestas, ese equilibrio no es un lujo: es más de media crítica. Y aquí funcionó. El concierto ganó muchísimo por ahí. Sonó orgánico, incluso más orgánico de lo que cabría esperar en una banda tan asociada al estigma sintético. Ese fue uno de los aspectos más logrados de la noche: la sensación de que, más allá del andamiaje electrónico, había cuerpo, aire, materia sonora real, algo latiendo.
También ayudó el formato de la sala. El Theatre de Arts Club ofrecía un ecosistema íntimo, pequeño, concentrado, en torno a unas quinientas personas, con un público marcadamente maduro, mucho cartón, mucha cana, poco movimiento; esa franja de edad en la que uno ya ni está para fingir ni quiere demostrar entusiasmo juvenil a base de saltar por obligación, y a lo sumo, mover la cabeza. La sala tenía la dimensión adecuada para que el concierto respirara sin artificio y para que el sonido luciera sin convertirse en masa informe. Había una atmósfera contenida pero receptiva, más de escucha atenta que de euforia desatada, y eso encajó bastante bien con el tipo de propuesta que Ladytron puso encima del escenario. No nos engañemos, y es que a veces el público hace exactamente lo que ve hacer a sus ídolos del escenario.
Menos convincente fue, paradójicamente, el apartado visual. Y aquí sí hubo cierta decepción. Para una banda que arrastra una reputación audiovisual importante y cuya estética siempre ha jugado con la idea de inmersión, cabía esperar algo más trabajado, más coherente o, al menos, más atractivo. Pero no fue el caso. Las proyecciones resultaron en su mayoría monótonas, repetitivas y algo caóticas. Solo en dos o tres canciones hubo una verdadera comunión entre música e imagen, algo que invitara de verdad a levantar la mirada y dejarse atrapar por la combinación de ambas. En el resto, la pantalla cumplía un papel más bien decorativo, irregular y a ratos hasta irrelevante. No hundió el concierto, desde luego, pero tampoco lo elevó.
El bis, de tres canciones, remató la noche con “Destroy Everything You Touch”, ese superhit final que Ladytron se guarda como quien saca la última bala sabiendo que ahí tiene media sala ganada. Funcionó, claro. Es difícil que un tema así no funcionara. La canción levantó a buena parte del público y aportó el cierre energético más evidente de la noche. Pero incluso ahí quedó una pequeña sensación de contención, de pequeño recorte electrónico, de fijar el punto de mira en una nueva forma de componer y experimentar.
Pero, aun así, la sensación final fue buena. Muy buena, incluso. No tanto porque Ladytron ofreciera un espectáculo total, sino porque dejó la impresión de ser una banda que entra en una etapa que le vuelve a ilusionar. Más allá de la impecable ejecución, había en las canciones nuevas una especie de brillo interno, una calidez visible, una pequeña ilusión por esa reorientación hacia un sonido más melódico, más suave, más atmosférico y menos dominado por la lógica de pista de baile. No es una reinvención, ni falta que les hace. Pero sí parece un desplazamiento real. Y, sobre todo, uno que la banda parece estar disfrutando y donde Helen parece de nuevo volver a sonreír.
Quizá esa sea la mejor lectura de esta vuelta a Liverpool. No tanto la del regreso solemne a casa, ni la del gran acto de reafirmación escénica, sino la de una banda que, tras la salida de Reuben Wu y después de años de historia a sus espaldas, parece haber encontrado un nuevo punto de equilibrio. Ladytron no deslumbró visualmente ni arrasó desde el frente, pero sí ofreció algo quizá más valioso: un concierto sólido, elegante, muy bien realizado y claramente atravesado por la sensación de que esta nueva etapa no es un simple movimiento de inercia sin alma ni ilusión, sino una nueva forma de seguir creciendo y haciendo aun más brillante su legado compositivo.
La ocasión parecía merecerlo, desplazarse casi 2000 km para asistir a la vuelta a los escenarios de una banda mítica que va atravesando decenios sin hacer ruido y con una trayectoria compositiva envidiable fue, definitivamente, todo un acierto: y es que descubrir en cuerpo y alma esa joya ensoñadora y brillante como es “Sign” en vivo, en directo, con ese arrebatador sonido y esta vez sí, con los músicos entregados, fue una experiencia bastante más que religiosa. ¿Ladytron? Sí, gracias.
Con entradas agotadas en Madrid y Zaragoza.
La esperada gira de Los Delinqüentes suma nuevas fechas en el calendario a pocos días para que dé comienzo. Tras agotar todas las entradas para las citas en Madrid y Zaragoza, y estar a punto de hacer lo mismo en Barcelona, Valencia o Bilbao, los jerezanos confirman paradas para los meses de agosto y septiembre en Sant Feliu de Guíxols, Castellón, Torrevieja, Palma y Fuenlabrada.
Las entradas para todas las ciudades están disponibles en lasttour.org y losdelinquentes.es.
Gira de Los Delinqüentes en 2026
Viernes 10 de abril: BARCELONA (Palau Sant Jordi)
Viernes 17 de abril: VALENCIA (Roig Arena)
Viernes 24 de abril: MADRID (Movistar Arena) – ENTRADAS AGOTADAS
Viernes 22 de mayo: BILBAO (CUBEC!)
Viernes 29 de mayo: ZARAGOZA (Sala Multiusos) – ENTRADAS AGOTADAS
Viernes 12 de junio: MURCIA (Espacio Norte)
Domingo 14 de junio: SEVILLA (Icónica Santalucía Sevilla Fest)
Sábado 4 de julio: CÁDIZ (Music Stadium)
Sábado 25 de julio: FUENGIROLA (Marenostrum)
Jueves 6 de agosto: SANT FELIU DE GUÍXOLS (Festival Porta Cerrada)
Viernes 7 de agosto: CASTELLÓN (Som Festival)
Domingo 9 de agosto: TORREVIEJA (Brilla Torrevieja)
Viernes 28 de agosto PALMA (Es Jardí)
Sábado 12 de septiembre FUENLABRADA (Auditorio Joaquín Sabina)
Anunciada una interesante gira para los meses de otoño.
Los granadinos Apartamentos Acapulco estrenan hoy nuevo single: “Santos Mártires”, un tema que sirve de anticipo del que será su próximo trabajo, el quinto en su carrera, que se publicará este año. La continuación de La reconciliación (Intromúsica, 2023), que parecía que se iba a publicar a través de Primavera Labels verá la luz en El Ejército Rojo, sello donde el grupo publicó sus dos primeros trabajos.
En “Santos Mártires” el grupo sigue demostrando la facilidad que tienen para crear cortes pop de bella factura; acompañándose este single de un vistoso videoclip realizado por Murciano Total.
Un nuevo adelanto, tras “Quien tiene pena no entiende”, de un disco con el que la banda andaluza celebrará sus diez años de carrera discográfica.
Apartamentos Acapulco – “Santos Mártires”
Gira de Apartamentos Acapulco
20 de junio: LINARES (Hospital de los Marqueses de Linares) entradas
18 de septiembre: MÁLAGA (Sala Marte) entradas
2 de octubre: BILBAO (Bilborock)
3 de octubre: MADRID (Sala El Sol) entradas
13 de noviembre: LLEIDA (Sala Tocata) entradas
14 de noviembre: BARCELONA (Sala Vol) entradas
27 de noviembre: LUGO (Sala Clavicémbalo) entradas
28 de noviembre: OVIEDO (Lata de Zinc) entradas
11 de diciembre: TARRAGONA (Sala Zero) entradas
12 de diciembre: ZARAGOZA (La Lata de Bombillas) entradas
18 de diciembre: VALENCIA (16 Toneladas)
Dos fechas a mediados de septiembre.
Los argentinos Ca7riel & Paco Amoroso volverán a nuestro país el próximo mes de septiembre con motivo de la gira europea de presentación de Free Spirits, su nuevo álbum publicado este pasado 19 de marzo y donde el dúo se acompaña de artistas de todo pelaje como Sting, Jack Black, Fred Again.. o Anderson .Paak
Conciertos de Ca7riel & Paco Amoroso en España
10 de septiembre: BARCELONA (Palau Sant Jordi)
17 de septiembre: MADRID (Movistar Arena)
La venta general de entradas para estas fechas Ca7riel & Paco Amoroso en España se abrirá este viernes 27 de marzo a partir de las 9 de la mañana a través de Livenation.es, Ticketmaster y El Corte Inglés. Sin embargo los clientes del banco Santander podrán acceder a una preventa especial desde el miércoles 25 de marzo a las 9:00h, estando disponible 24 horas más tarde la preventa para los usuarios de Live Nation. El precio de las entradas será a partir de 45 euros más gastos.
Foto de portada por Victoria del Sel.
Desde Taiwán a la Serranía de Ronda. Liu Cheng-Hsiang expone “Los Huesos de la Tierra, El Aliento de la Luz”, tras su paso por ARCOMadrid.
Nos adentramos en un lugar único, un secreto escondido en la provincia de Málaga. La Serranía de Ronda acuna en su zona oeste a un pequeño pueblo llamado Genalguacil, el único con categoría de Pueblo Museo de la región. Sus casi cuatrocientos habitantes conviven con obras de artistas internacionales de toda procedencia que coronan sus calles, de casas encaladas y claro trazado de pueblo blanco andaluz. Un mapa de arte contemporáneo que culmina en un recinto cerrado, el Museo de Arte Contemporáneo ‘Fernando Centeno’.
A este rincón del mundo fue a parar un conocido artista contemporáneo taiwanés, Liu Cheng-Hsiang. En los meses de septiembre y octubre del pasado año tuvo lugar su residencia artística, donde inició una investigación sobre el terreno y cuyo resultado ‘Los Huesos de la Tierra, El Aliento de la Luz’ ha presentado hace unos días en la Feria Internacional ARCOMadrid.
El sur: resistencia y arte
“Poder venir a Genalguacil como artista taiwanés, tras haber sido seleccionado por el Ministerio de Cultura de Taiwán y el museo de este pequeño pueblo español, ha sido para mí una experiencia única. Lo que me llevó desde un principio a presentarme aquí no fue solo la oportunidad de una residencia artística breve, sino también la posibilidad de que el arte penetre de verdad en el tejido de este lugar. Este pueblo, situado en las montañas del sur de España, no concibe el arte como una simple decoración, sino que permite que las obras, los habitantes, el paisaje y la vida cotidiana se entrelacen entre sí. Para mí, tales condiciones son un tesoro muy valioso. Implican que la creación no se aísla en un taller neutro, sino que se sumerge en un entorno cargado de un clima concreto, historia, texturas y la calidez de las relaciones humanas”.
También conocido como Shawn Liu, desarrolló en la Serranía de Ronda una instalación a gran escala que combina piedras de olivino local, madera carbonizada y proyecciones algorítmicas para evocar la memoria del paisaje y el fuego.
“Esta experiencia ha tenido un profundo impacto en mi obra. Hasta ahora, mis obras exploraban sobre todo las relaciones entre el tiempo, la experiencia sensorial, la generación de imágenes y el espacio. Sin embargo, en Genalguacil empecé a enfrentarme de manera más directa a la resistencia de los propios materiales, a las huellas en las superficies y al grosor que aporta el paisaje. El sol del sur de España es feroz, por lo que las sombras son cortas y definidas y el aire es seco. Las piedras, la madera, las paredes blancas, las marcas de quemado y los brillos de los minerales parecen haber sido tallados poco a poco con el paso del tiempo. Estas experiencias han cambiado la trayectoria de mi lenguaje creativo, que partía desde un enfoque en la composición de imágenes y la lógica generativa, ahora hacia una dirección más cercana a la tierra, lo que arde, la sedimentación y a la memoria de la materia.”
La inauguración en Genalguacil y el poder del arte
“(…) la resonancia más profunda de este proyecto ocurrió el día de la inauguración, cuando se acercaba el momento del atardecer. Habíamos completado la exposición siguiendo el ritmo cotidiano del pueblo y, durante mi discurso, se la dediqué a los vecinos. Tras la inauguración, dos señoras mayores españolas se acercaron y me dieron un abrazo profundo. No compartíamos idioma, pero en ese instante sentí con claridad que esa es la esencia más pura del arte: ser capaz de atravesar medio mundo, cruzando fronteras lingüísticas y culturales y llegar directo al corazón de las personas. Eso reafirmó mi convicción de que las obras no solo son producidas, sino que en realidad nacen lentamente del entorno, el paso del tiempo y la calidez humana”.
Arquitectura y arte contemporáneo en la trayectoria de Liu
“Creo que la relación entre ambas disciplinas es muy profunda, aunque no se manifieste de forma directa o superficial. Mis obras no siempre tratan explícitamente de la arquitectura, pero mi formación como arquitecto ha marcado mi manera de entender el mundo y de estructurar las experiencias. Me enseñó a reflexionar desde el espacio, la estructura, la proporción, los materiales, la luz y los movimientos humanos, en vez de ver la imagen solo como un resultado en un plano.”
“Por eso, en mi obra, la imagen no es simplemente un plano aislado, sino una disposición espacial, una forma de observar lo ocurrido. Lo que me interesa de verdad es: cómo una persona entra en la imagen, cómo se deja envolver por la luz y las superficies, cómo lee un espacio a lo largo del tiempo e incluso cómo percibe, a través de lo visual, la estructura, la presión, el ritmo y la dirección.
No importa si trabajo con fotografías, vídeos, imágenes generadas o instalaciones, nunca los concibo solo como materiales, sino como formas de organizar experiencias y reestructurar la manera de mirar”. Desde este punto de vista, en realidad sigo siendo un arquitecto. Lo único que cambia es que ya no construyo únicamente espacios físicos, sino la propia mirada.
Las residencias artísticas
“Considero que es crucial, especialmente para los artistas contemporáneos. Una residencia no consiste solo en cambiar de lugar de trabajo, sino que ofrece una oportunidad para desprenderse temporalmente de las rutinas preexistentes y del ritmo cotidiano. En la vida cotidiana, los artistas somos fácilmente atrapados en tareas administrativas, en métodos a los que ya estamos acostumbrados o incluso en contextos culturales determinados; sin embargo, una residencia nos ayuda a crear un periodo de alta concentración que permite adentrarnos en un entorno y contexto cultural desconocidos, y recalibrar tanto nuestra forma de sentir como nuestros procesos creativos.
Si repasamos la historia del arte, los artistas europeos tradicionales solían ampliar sus horizontes a través del «Grand Tour», nutriéndose del contacto con distintas culturas, a la vez que se daban a conocer en el mundo. Para mí, las residencias artísticas de hoy en día han prolongado, en cierto modo, ese espíritu. Siendo un método a la vez retro e innovador: por un lado, las residencias artísticas continúan la tradición de elevarse a través de grandes viajes, la transformación personal y el intercambio cultural. Por otro lado, abren, en las redes internacionales contemporáneas, nuevas posibilidades de diálogo, colaboración y comprensión mutua.
Por tanto, el valor de las residencias artísticas va mucho más allá de lo que pueda aportar a un currículum. Lo verdaderamente valioso radica en cómo enriquecen la mirada del artista, transforman las condiciones en las que se crean las obras y las sitúan en nuevos contextos. No son solo lugares de producción, sino formas para tejer un diálogo profundo entre el artista y el mundo que lo rodea”.
El eterno problema del arte contemporáneo: el artista y la descodificación
“Creo que el primer paso no es apresurarse a explicar las obras, sino crear una puerta de entrada que invite al público a adentrarse. Muchos se sienten alejados del arte contemporáneo, no porque les falte la capacidad de comprender, sino por asumir de entrada que no están calificados para entenderlo. Esta barrera psicológica suele impedir el intercambio mucho antes de que la obra misma entre en juego.
Así, lo que los artistas pueden hacer no es fijar una única interpretación, sino habilitar un acceso abierto a la obra. Esta puede ser la textura de un material, un fragmento sonoro, una atmósfera espacial o una pregunta que resuene personalmente. Incluso creo que, en muchos casos, la tecnología, los métodos e incluso la intención creativa pueden quedar en segundo plano: lo más importante es volver primero al cuidado de la sensibilidad y dejar que la obra conmueva de manera pura y sincera.
La mirada en sí ya es el comienzo de la comprensión. El público no necesita dominar la teoría para tener derecho a acceder a la obra. Cuando una obra logra tener en cuenta primero la sensibilidad, hacer que uno se detenga, se sienta conmovido y atraiga su atención, entonces las capas más profundas – conceptos, técnicas y contextos- pueden empezar a desplegarse poco a poco. Para mí, el arte contemporáneo más potente no presume de su complejidad, sino que regresa a un estado puro y conmovedor”.
Actualidad: arte tradicional vs arte contemporáneo
“Creo que, en su proceso de recepción, el arte contemporáneo se ha vuelto realmente más desafiante. Esta dificultad no proviene únicamente de la extrañeza formal, sino también de la enorme complejidad de la realidad que aborda. Los artistas de hoy no solo necesitan un dominio de las técnicas creativas, sino también una amplitud de conocimientos, sensibilidad, capacidad de reflexión y la habilidad para entender y dialogar con el mundo. En cierto sentido, esto equivale a una exigencia casi de «educación integral»: los artistas no son sólo productores, sino también observadores, investigadores, cuestionadores e intérpretes. Creo que este es un desafío que la educación artística en Taiwán debe afrontar: ¿cómo formar creadores que no se queden en el entrenamiento técnico, sino que desarrollen una sólida base cultural, capaz de abordar la complejidad del mundo contemporáneo más allá de lo formal?
El hecho de que el artista deba vincularse constantemente con su tiempo, buscando anclajes formales que respondan al espíritu, las contradicciones y las transformaciones tecnológicas de la época, hace que su obra no pueda ofrecer, como el arte tradicional, una narrativa estable ni una belleza inmediata y fácilmente comprensible. No obstante, no considero que el arte contemporáneo sea «difícil de aceptar», pues aborda la tecnología, las condiciones de existencia y las estructuras sensibles que vivimos cada día. El arte contemporáneo exige más del artista y del espectador, pero también es precisamente por eso que refleja con mayor autenticidad nuestro tiempo”.
El rol del artista en un mundo en crisis
“No creo que los artistas puedan ofrecer directamente una respuesta estándar de nuestra época. Pero en estos tiempos de incertidumbre y a veces fragmentada, sostengo que los artistas contemporáneos deberían asumir el papel de «conectores».
El mundo en que vivimos se encuentra cada vez más, sobrecargado de información, polarizado en sus posturas y marcado por emociones fugaces. En estas circunstancias, la labor del artista es conocerlo en profundidad y tratar de suturar, de conectar, este mundo roto. Es una tarea sumamente difícil, porque el lenguaje, la cultura y los contextos históricos a menudo representan abismos difíciles de atravesar; pero esto también constituye el núcleo de mi práctica: pienso siempre en cómo, a través de la obra, volver a unir extremos originalmente heterogéneos.
Intento, a través de la obra, enlazar materiales distintos, modos de sentir diferentes o espacios-tiempos originalmente paralelos. Cuando se tocan esos extremos heterogéneos, nuevas posibilidades nacen en ese punto de fricción. Por ello, el artista no se limita a crear objetos, sino que se asemeja más a un afinador de sensibilidades y a un puente. Custodiamos un espacio que aún permite la duda, la reflexión y la imaginación, permitiendo que, en medio de una realidad fragmentada, las personas puedan volver a percibir las posibilidades de conexión entre sí”.
Liu en ARCOMadrid
“Esta es mi primera vez en ARCOMadrid, y para mí ha sido una experiencia muy intensa y especial. ARCO no es solo una de las ferias de arte contemporáneo más importantes de España, sino también un nodo clave para el intercambio artístico en todo el mundo hispanohablante. En un entorno de esta magnitud y ritmo acelerado, las obras deben captar la atención rápidamente y, al mismo tiempo, sostener lecturas provenientes de distintas culturas.
Esta participación tuvo un significado especial para mí, porque las obras que llevé a ARCO no eran piezas aisladas, sino estrechamente conectadas con mi experiencia de residencia en Genalguacil. En un espacio que cada año atrae a cerca de cien mil visitantes y concentra un gran vocabulario contemporáneo internacional (junto con un bullicio constante), trajimos desde el pueblo un grupo de leños chamuscados y, siguiendo la topografía del lugar, las colocamos como una superficie receptora de proyecciones de imagen, permitiendo que la obra cobrara nueva vida en otro contexto.
Es un contraste muy intenso entre la velocidad de la mirada y el estado de la materia. Curiosamente, aunque el público no siempre conoce del todo el contexto detrás de las obras, cuando se detiene en medio del bullicio de casi cien mil personas a observar ese conjunto de leños chamuscados y sus superficies irregulares, sigue siendo atraído de forma intuitiva por la textura de los materiales, la luz y el sentido del tiempo, incluso llegando a ser conmovidos. Esto me recuerda una vez más que lo verdaderamente importante no es explicar todos los conceptos primero, sino si la obra puede ser sentida en el lugar. Cuando se siente de verdad, la distancia entre lenguajes y culturas empieza a acortarse, y entonces surge el diálogo auténtico. Para mí, este es también el aspecto más valioso de ARCO”.
El público ante el arte contemporáneo: guía práctica
“Primero les aconsejaría: no se apresuren a «entender», sino que primero practiquen el acto de «mirar». Frente al arte contemporáneo, muchas personas tienden a buscar de inmediato la respuesta: ¿qué comunica esta obra? ¿Cuál es su valor? ¿Por qué se realizó de esta manera? Sin embargo, considero que un punto de partida más sólido consiste en preguntarse primero: ¿qué percibo? ¿Qué siento? ¿Por qué me conecta o, por el contrario, por qué me distancia?
En segundo lugar, no vean el arte contemporáneo como algo demasiado lejano. Lo que aborda no son conceptos abstractos inalcanzables, sino el mundo que estamos viviendo, solo que presentados mediante métodos distintos. No hace falta que les guste de inmediato ni que estén de acuerdo al instante, pero sí pueden empezar por establecer una relación con él.
Por último, creo que lo más importante es permitirse «no saber». Muchas veces, el arte contemporáneo no ofrece respuestas, sino que abre un espacio de preguntas. Estar dispuestos a permanecer en ese estado aún incierto es, en realidad, el comienzo de la comprensión. A veces ni siquiera es necesario entender primero el concepto de la obra, sino sentir cómo su luz, su superficie, su sonido o sus materiales actúan sobre ti; muchas de las comprensiones más importantes suelen comenzar desde allí”.
La exposición ‘Los Huesos de la Tierra, El Aliento de la Luz’ se puede visitar hasta el 18 de octubre en el Museo de Arte Contemporáneo Fernando Centeno (calle Lomilla 9 de Genalguacil) de jueves a domingo, 11:00–14:00 y 16:00–19:00 y cuenta con entrada gratuita.
Últimas entradas a la venta.
Los británicos RIP Magic serán los encargados de abrir los dos conciertos que Tame Impala darán en España a comienzos de abril. Dos citas para ver cómo suena en directo el nuevo proyecto apadrinado por DFA Records de James Murphy, donde encontramos a Marco Pini, conocido también por ser miembro de la banda británica Sorry.
En estos dos conciertos el proyecto de Kevin Parker presentará Deadbeat, su último disco publicado el año pasado, y según informa la promotora, Primavera Sound, están a la venta las últimas entradas tanto para la cita en Madrid como la de Barcelona.
Conciertos de Tame Impala en España en 2026
Martes 7 de abril: MADRID (Movistar Arena) – entradas
Miércoles 8 de abril: BARCELONA (Palau Sant Jordi) – entradas


