Su nuevo álbum saldrá en poco más de una semana.
Desde Bruselas nos llegan Maniac Maison, un trío que mezcla el avant-pop, la experimentación con sintetizadores, la maestría musical con raíces en el jazz y un intrépido espíritu DIY. Fruto de esta combinación verá la luz, el 22 de mayo a través Humpty Dumpty Records, su álbum homónimo. Diez temas de los que ya presentaron “Dora Neko” y al que ahora acompaña “New Museum”, su nuevo single cuyo colorista videoclip ha sido dirigido por Canek Zapata.
Maniac Maison – “New Museum”
El WARM UP Estrella de Levante cerró su edición de este 2026 con cifra grande: 52.000 personas, dos días, tres escenarios y medio, y La Fica funcionando otra vez como esa ciudad paralela donde Murcia se llena de pulseras, vasos, horarios cruzados, selfies y gente intentando encontrarse en mitad del ruido.
Pero más allá del número, este año hubo algo que para mí pesa casi más: el festival se pudo caminar. Lo digo como bicho raro de primera hora. De esos que llegan pronto, cuando aún no hay épica ni pasarelas, solo puertas, pulseras, calor, nervios y primeras bandas tocando para quienes todavía creemos que un festival empieza desde el minuto uno. Durante años, uno de los males endémicos del WARM UP fueron las colas: recogida de pulseras, acceso lento, tapones iniciales y esa impotencia absurda de escuchar cómo empieza la primera banda mientras tú sigues fuera, clavado en una fila con mirada de incredulidad. Este año, por fin, eso no pasó. La entrada fue ágil y la organización corrigió uno de sus pecados históricos. Y cuando algo mejora, hay que decirlo.

También sonó muy bien. El sonido de los escenarios estuvo a gran altura: limpio, potente, equilibrado. Y los horarios se cumplieron con una puntualidad casi sospechosa. Cada concierto empezó cuando debía empezar y terminó cuando debía terminar. Parece básico, pero en un festival lo básico, cuando funciona, genera hasta incertidumbre.
La comodidad general también fue mejor que otros años. No vi grandes aglomeraciones ni esos embudos humanos donde uno avanza por fe, sudor y resignación. No sé si hubo menos gente, si el cartel estuvo mejor distribuido o si simplemente se afinaron mejor los flujos, pero en ningún momento me sentí encajonado ni cabreado por no poder moverme. Y eso, en un festival de este tamaño, no es poca cosa.
Los baños estuvieron bastante mejor resueltos. Sin aquellas colas eternas que convertían una necesidad humana elemental en una prueba de resistencia psicológica. La restauración, en cambio, cumplió sin brillar: correcta, funcional, suficiente a ratos. Los precios siguen siendo otra historia. Que un tercio de cerveza cueste 5 euros será ya el estándar festivalero, pero que algo sea habitual no significa que sea razonable. También son habituales las contracturas y no por eso las celebramos.
El cartel mantuvo la línea de los últimos años: indie amable, indie domesticado, nombres internacionales, electrónica de cierre, nostalgia, fiesta y alguna rareza bien colocada para que quienes todavía buscamos algo de filo no acabemos abrazados a un vaso preguntándonos cuándo nos hicimos mayores mientras damos algún que otro like.
Ahí sigue teniendo mucho sentido el escenario Ballantine’s, ese rincón a la entrada, a la izquierda, que para algunos se ha convertido casi en una pequeña patria. No pasan por allí los nombres grandes, ni el grupo que todo el mundo quiere subir a stories, pero muchas veces aparece lo más interesante: bandas menos obvias, propuestas más raras, conciertos que no vienen tan mascados. Para quienes no somos exactamente del indie de manos arriba, felicidad plastificada y carne de karaoke, ese escenario funciona como el bolsillo secreto del festival.
En lo musical…
El viernes dejó una jornada más variada de lo que podía parecer a simple vista. Ginebras cumplieron con su papel de celebración inmediata: canciones directas, actitud expansiva y ese punto de banda que sabe perfectamente dónde está y qué espera una parte del público de ellas. No era el concierto para buscar aristas, pero sí para levantar la tarde con oficio y buen pulso en esa tan difícil hora tempranera
En el otro extremo, AMORE y Biznaga dieron sentido a esa parte menos complaciente del cartel. AMORE tuvo ese punto extraño, entre lo pop, lo torcido, lo generacional y el brillante hechizo de la elegancia desinhibida de María. Biznaga, por su parte, fueron electricidad seca, nervio y cuchillo. Hay canciones que entran mejor con algo de mala leche.

James fueron el gran momento del viernes. Llegaban como incorporación in extremis, con la papeleta rara de ocupar el hueco de The Kooks, y acabaron firmando el concierto más sólido de la jornada. No fue solo cuestión de repertorio, sino de presencia, sonido y oficio. Una banda enorme haciendo de banda enorme, sin necesidad de confeti (gracias). Tim Booth puso cuerpo, cercanía y carisma, y el concierto tuvo ese punto de regalo inesperado que a veces salva una jornada.
Afortunadamente pude ver algo de AKRIILA, y fue la sorpresa. Actuación incendiaria, visceral y delirante. Todo un cúmulo de electricidad incómoda disparada a bocajarro, sin avisar y mucho menos sin pedir perdón: rara, intensa, con personalidad y una forma de ocupar el escenario diseñada para no agradar, al contrario, para incomodar, y enamorar. No todo el mundo conectaría con aquello, seguramente, pero precisamente ahí estaba parte de su gracia. En un cartel con bastante zona cómoda, AKRIILA sonó como una interferencia caída del cielo.
Y VVV [Trippin’you] cerraron mi viernes llevándolo hacia otro sitio: más oscuro, más sudado, más de madrugada. Su mezcla de electrónica, ruido, pulsión de club desgarro y voz de ultratumba encajó muy bien con esa parte del festival que no busca tanto la canción coreable como el golpe físico. Después de una jornada de bastante sugar indie, siempre viene bien que alguien apague un poco la luz y suba la temperatura por otro lado.
El sábado fue, sobre todo, el día en que el WARM UP enseñó mejor sus dos caras: la del nombre grande y la del escenario refugio. Y conviene decirlo claro: con los solapes que hay en un festival, nadie lo ve todo. O al menos nadie con un solo cuerpo. Así que hablo desde ahí, desde lo que pude ver, cruzar, y fotografiar.
Repion fueron una de las primeras sacudidas serias de la jornada. Guitarras, nervio y esa sensación de banda que no estaba rellenando horario, sino aprovechándolo como si le fuera algo importante en ello. En una tarde donde todavía cuesta que el recinto termine de despertar, ellas salieron con una energía muy de agradecer. Sin fuegos artificiales. Canciones, riffs y saliva.
Las Petunias encajaron muy bien en ese territorio del Ballantine’s donde el festival se permite despeinarse un poco. Punk-rock directo, frescura sucia, y un escenario que al final terminó abarrotado, fue una sorpresa ver como el público iba llegando hechizado por esa mezcla entre saltarina y energética con buenas melodías y una actitud sobre el escenario muy muy digna.

Bloc Party eran uno de los puntos delicados del día. Por historia, por peso generacional y porque hay canciones que uno no escucha solo con los oídos, sino también con todo lo que fue cuando las escuchó por primera vez. Y ahí el concierto tuvo ese punto inevitable de reencuentro con una parte de tu pasado. Cuando aparecen ciertos temas, el cuerpo responde antes que la cabeza. Pero también hubo algo irregular, algo de banda peleándose con su propio mito, con la expectativa y con el paso del tiempo. No fue un desastre. Pero tampoco fue esa apisonadora emocional de otras épocas.
Deadletter fueron otra historia. Ahí sí apareció esa pulsión de banda joven que llega sin complejos, sin pedir permiso y sin cargar con demasiada nostalgia. Post-punk con tensión, saxofón, nervio británico y una forma de vivir el escenario que justificaba moverse hacia la letra pequeña del cartel. Zac Lawrence, vocalista, convertido en una especie de Ian Curtis 2.0, recorriendo sin parpadear el escenario como un animal enjaulado, recitando, gritando y de vez en cuando cantando, aun así les faltó un punto, un pequeño punch para salir triunfadores de la noche.
Y bueno, abran paso para Viva Belgrado. Para mí, el concierto del sábado. Lo suyo fue menos postal y más herida. Menos festival como escaparate y más directo como descarga física (y psíquica). En una edición especialmente cómoda, ordenada y disfrutable, se agradece que aparezca una banda capaz de romper la superficie y dejar algo ardiendo por debajo. Viva Belgrado no se limitaron a tocar y poner la mano; allí llegaron a escupir tormenta y dolor, fuego y locura, una actuación de catarsis intensa y visceral que te voltea, te destruye y al final, solo al final, te salva.
Conclusiones
La conclusión en general del festival ha sido muy buena, siguen existiendo errores, lagunas, puntos conflictivos por solucionar como la zona de restauración, inclusión de zonas amplias de descanso, la muchedumbre inmóvil que tapona la parte del escenario central. Pero aun así, este año me fui con una satisfacción distinta. No solo la de haber disfrutado dos días de conciertos, fotos, carreras entre escenarios y pies destrozados. Hablo de la sensación de quien ha asistido a casi todas las ediciones, ha visto crecer este festival, ha visto cómo se hacía grande, cómo se torcía, cómo se complicaba y cómo incluso llegó a parecer que podía perder pie.
Los festivales también envejecen. Algunos lo hacen mal: se hinchan, se vuelven incómodos, pierden gracia o acaban convertidos en una franquicia con norias. Este año, en cambio, el WARM UP me dio la sensación contraria: la de estar ante un festival más maduro, más asentado y, sobre todo, más disfrutable. No perfecto, desde luego. Pero sí vivo. Y después de tantos años, tantos cambios y tantas incertidumbres, eso produce una alegría íntima que al fin y al cabo te hacen volver a casa con una ligera sonrisa de felicidad.
El balance es claro: el WARM UP 2026 fue una edición sólida, cómoda y bien resuelta. No solo por el cartel ni por la cifra final, sino porque este año el festival pareció entender algo básico: crecer no consiste solo en meter más gente, sino en hacer que esa gente no tenga que pelearse con el propio festival para disfrutarlo.
Y eso, desde el suelo, con una cámara al cuello, los pies molidos y la sensación de ser uno más entre miles, se agradece mucho.
Gracias, WARM.
Mejor concierto del viernes: James
Mejor concierto del sábado: Viva Belgrado
Sorpresa: AKRIILA
Revelación sábado: Deadletter
Mejor refugio: escenario Ballantine’s
Mejor momento de guion: la incorporación in extremis de James.
Galería del WARM UP Estrella de Levante 2026









Hay festivales que se explican por acumulación: tantos grupos, tantos escenarios, tantas barras, tantas letras grandes en un cartel donde ya no caben casi más palabras. El Degusta Fest de Armilla, en cambio, empieza a interesar más cuando dejas de mirarlo como una simple mezcla de música y gastronomía y empiezas a verlo como otra cosa: un festival todavía pequeño, sí, pero con una intención bien planificada.
La segunda edición llega los días 15 y 16 de mayo a FERMASA con esa fórmula que sobre el papel siempre queda estupenda: conciertos, comida, DJs, familias, cocina de autor, recinto cómodo, día largo, ambiente amable y posiblemente bastante solano. Todo muy bien. Todo muy de folleto. Pero ya sabemos cómo va esto: la mezcla solo funciona si debajo hay algo más que una excusa para venderte una croqueta con dos cifras y un nombre raro. Y este año parece que lo hay. Sobre todo el sábado.
El viernes cumple su papel, y lo cumple bastante bien. Tiene aire de apertura, de festival que calienta motores con músculo local y presente nacional: Lori Meyers jugando casi en casa, Carlos Ares llegando con el viento a favor, Hinds en esa versión suya tan superviviente como luminosa, Vera Fauna poniendo acento sureño y Ash recordando que las guitarras británicas, cuando tienen melodía y nervio, todavía calman y duelen por ahí adentro. Pero el sábado es otra cosa. El sábado no parece una jornada más. Parece una apuesta.
Porque juntar en Armilla a Primal Scream, The Charlatans y Redd Kross no es simplemente traer “bandas internacionales”. Esa etiqueta se queda corta, como llamar “picoteo” a meterse medio mostrador entre pecho y espalda. Lo del sábado tiene más lectura. Coloca al Degusta Fest en otra conversación. Lo saca del rincón simpático del festival gastronómico con música de fondo y lo acerca, aunque sea por un día, a un territorio más serio: el de los carteles con criterio, memoria y hoja afilada.
Primal Scream no son un nombre cualquiera. Son una banda que lleva décadas entrando y saliendo del rock, del acid house, del gospel, del ruido, de la política, del hedonismo y del derrape. Una banda capaz de sonar a madrugada, a manifestación, a resaca y a pista de baile cuando ya se han encendido demasiadas luces a pesar de que los chicos han bajado bastantes puntos su aura de malotes y ya no van de resaca en resaca, hay que cuidarse.
Que lleguen al sur con el eco de XTRMNTR cumpliendo 25 años le añade una capa especial. Y no hablamos precisamente de su disco más amable, ni del Primal Scream de postal para camiseta bonita. Hablamos de su cara más incómoda, más eléctrica, más arisca. Ese punto en el que las guitarras y las máquinas no vienen a darte nostalgia, sino a recordarte que hubo un tiempo en que la música también podía sonar como un puñetazo en el estómago. Y ahí está, para mí, parte de la importancia del sábado: no trae solo recuerdos. Trae historia viva. Que es otra cosa bastante distinta.
The Charlatans completan otra parte de ese mapa británico. Porque podrían presentarse solo como reliquia Madchester, como postal noventera para gente que aún guarda camisetas encogidas en el armario, pero la cosa no va solo de eso. Llegan con material reciente, con repertorio nuevo y con esa condición rara de banda que ha sobrevivido al tiempo, a las modas y a las tragedias sin convertirse del todo en figuras de cera
Hay grupos que envejecen como monumentos turísticos: se visitan, se fotografían y luego uno sigue andando. The Charlatans, al menos sobre el papel, siguen pareciendo una casa con las luces encendidas. Y eso se agradece.
Luego están Redd Kross, que quizá sean el nombre menos obvio del cartel. Y precisamente por eso me parecen uno de los más sabrosos. Banda de culto de verdad, no de esas que se llaman “de culto” porque las escuchan quince personas y doce son familiares. Power pop, punk, glam, psicodelia, ruido californiano, humor raro, melodías con azúcar y cuchillo. Su presencia en Armilla tiene algo de plato fuera de carta. De cosa que no va a todo el mundo, pero que para quien sabe leer la letra pequeña puede acabar siendo uno de los grandes regalos del festival. Y ya que hablamos de gastronomía, no está mal que también haya delicatessen musical.
A todo eso se suma La M.O.D.A., que juega en otra frecuencia, pero con una eficacia directa: la del directo convertido en plaza pública. Lo suyo no es el mito anglosajón ni la arqueología alternativa. Lo suyo es más cercano, más terrestre, más de cantar con los demás como si eso arreglara algo durante cuatro minutos. No arregla nada, claro. Pero a veces lo disimula bastante bien.
Y abrir el sábado con Los Coronas también tiene sentido. Sin grandes discursos, sin literatura innecesaria, sin cantante que venga a explicarnos la vida. Surf instrumental, oficio, carretera y ese punto fronterizo que convierte cualquier escenario en una película donde nadie sabe muy bien si va a aparecer una ola, un revólver o un señor con una camisa imposible. Son una forma magnífica de empezar la jornada sin pedir permiso.
Por eso el sábado importa. Porque puede ser el día en que Degusta Fest Armilla deje de verse solo como una idea simpática —música y comida, plan familiar, buen ambiente, venga, vamos a probar— y empiece a percibirse como una cita con personalidad. Un festival que no solo junta nombres, sino que empieza a afinar un carácter. Y eso es bastante más difícil que contratar grande. Grande contrata cualquiera con presupuesto. Tener criterio ya es otro guiso.
La gastronomía, en ese contexto, debería acompañar sin comerse el cartel. No funcionar como adorno moderno ni como excusa premium, sino como parte natural del día: comer bien, escuchar bien, moverse bien, y estar simplemente a gusto. Si Degusta consigue eso, habrá encontrado una grieta muy interesante: la del festival disfrutable sin renunciar al músculo y sudor.
Los abonos de dos días se venden en Ticketmaster a partir de 99 euros, mientras que las de días sueltos se venden a 66 euros.
Se celebrará en Torrevieja del 31 de julio al 2 de agosto.
El Low Festival continúa ampliando su cartel para su próxima edición en Torrevieja, tras dejar atrás Benidorm.
En esta nueva tanda de confirmaciones se refuerza el peso de las bandas nacional y amplía la mezcla de sonidos del festival; así aparecen Sidonie, León Benavente o La Plata junto a Cycle, Ladilla Rusa, Nerve Agent, Biela, Ciutat, Innmir, Flash Stereo Club DJs, Neverland Bari y Toldos Verdes.
Todos estos nombres compartirán cartel con los Kasabian, The Hives, Love of Lesbian o Editors durante los días 31 de julio, 1 y 2 de agosto en el Parque Antonio Soria.
Los abonos generales y VIP del Low Festival 2026 se pueden comprar a través de su web a un precio de 70,99 euros más gastos.
Los Planetas y Shame entre sus últimas incorporaciones.
El festival gallego Atlantic Fest completa el cartel de su 10º aniversario que se celebrará en la Praia da Concha de Vilagarcía de Arousa los días 17, 18 y 19 de julio. A los Franz Ferdinand, Two Door Cinema Club o Carolina Durante ya anunciados en los últimos meses tenemos que sumar una última tanda compuesta por Los Planetas, Shame, Joe Crepúsculo, Aiko El Grupo, Alonso y Grande Osso.
Un cartel bastante homogéneo donde el indie rock predomina y que tiene sus abonos a la venta a un precio de 80 euros más gastos hasta el 26 de mayo, mientras que las entradas de días sueltos se venden a 50 euros más gastos. Además también están a la venta el acceso al camping y al glamping domo camp del festival en el Camping Río Ulla.
Cartel Atlantic Fest 2026
Los Sara Fontan es el proyecto conjunto de Sara Fontán, al violín, y Edi Pou, a la percusión. Lo suyo es la música instrumental, pero lejos de encasillarse: mezclan post-rock, electrónica y una buena dosis de experimentación. Todo gira en torno al diálogo entre ambos y a una manera muy libre de crear, ya sea en el estudio o sobre el escenario. Consuelo, su último trabajo publicado el pasado mes de febrero a través de Aloud Music, es una buena excusa para charlar con ellas.
«Creer fuerte» es la primera pista que podemos escuchar de vuestro nuevo disco. ¿Qué lugar ocupa dentro de Consuelo?
«Creer fuerte» resultó una música que nos evoca un estar hacia adelante, positiva, abierta y cambiante, así que decidimos colocar la esperanza que regala en el centro de Consuelo.
El álbum parece moverse constantemente entre la oscuridad y la luz, casi como si fuera un viaje espiritual. ¿Estoy en lo cierto?
Estás en lo cierto en que se mueve entre la oscuridad y la luz, pero no tanto como un viaje espiritual, sino como un reflejo de cómo nos sentimos ante la vida. La narrativa abierta que regala la música instrumental permite que el espectador se encargue de completarla.
Vuestra música cuesta encajarla en una sola etiqueta: hay post-rock, electrónica, incluso algo de clásica. ¿Cuáles son vuestras influencias?
Nos gustan muchos estilos de música; nos gustan los pájaros, los gatos, el agua, el vino, los ríos; nos gusta la noche y la mañana; nos gustan el rojo, el verde, el negro… Se nos hace muy difícil componer solo en un estilo. Puede que nuestra personalidad sea ese sentirse cómodo en diferentes ambientes, y ello provoca diversidad de estilos en nuestra música.
No utilizáis voz, pero aún así se percibe una narrativa muy clara en vuestros temas. ¿Es sencillo construir una historia sin palabras?
El principio no es narrativo, el principio siempre es visceral. No solemos intentar construir una narrativa; más bien se revela cuando la música está compuesta. Sí que nos motiva mucho ser capaces de hilar ideas sonoras y que tengan sentido consecutivamente, pero desde un lugar sonoro, estético e incluso radical. Esta forma de hacer música no tendría mucho sentido sin una forma parecida de “estar” en la música: cuestionando las formas de grabar, de distribuir, de comercializar o de compartir esta música.
En Consuelo se intuye cierta resistencia frente al momento actual, tanto a nivel social como político. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?
¡Cualquier tiempo futuro esperemos que sea mejor! Vivimos inmersas en el resurgir de tiempos pasados imperialistas, de poderosos deshumanizados, machos dominantes imponiendo un mundo salvaje y poco empático, pero también estamos rodeadas de personas y lugares que tienden a la resistencia en el pensamiento y a la acción. La música, y las comunidades que se crean a su alrededor, pueden ser buenos entornos para organizar y repensar el futuro.
Da la sensación de que vuestro proceso creativo está muy ligado al directo. ¿Qué cambia cuando lleváis esas ideas al estudio?
En el estudio no tocamos siempre juntas: una graba a la otra y viceversa, y eso cambia bastante cómo nos relacionamos con las piezas. Se desgranan de una manera que nos permite trabajar profundamente sobre los detalles de producción y de interpretación. El mayor reto en el estudio es conseguir transmitir la fisicidad con la que tocamos en directo, rodeadas de otros cuerpos y oídos. Nos lo pasamos muy bien jugando a disponer micrófonos, escuchando a través de los cascos, cerrando y abriendo ambientes, cometiendo errores y sacrilegios…
Como dúo, habéis construido una conexión violín y percusión, alejándoos de la clásica base de batería y bajo. ¿Cómo fue desarrollar esa complicidad y encontrar vuestro propio lenguaje juntos?
Lo primero fue dejar a un lado la vergüenza y el afán de impresionarnos mutuamente. Una vez creado el clima, el reto es conseguir que nuestros instrumentos no sean un impedimento para que la música pueda fluir, sea la que sea. A fin de cuentas, la clave siempre es escucharse, no aburrirnos e intentar sorprendernos todo el rato.
Después de este disco, ¿lo sentís como un cierre de etapa o más bien como el inicio de nuevas posibilidades sonoras?
Grabamos un disco cuando sus canciones ya han sido tocadas, giradas, testeadas en muchos escenarios… En cierta manera, sacamos discos para despedirnos de esas canciones, para dejar constancia de ellas y seguir adelante. Sin embargo, tampoco seguimos la lógica de disco–promo–gira–pausa: estamos siempre girando y siempre componiendo, por lo que nuestra forma de hacer es un continuo, sin etapas claras. Cuando sintamos que no hay más posibilidades sonoras que explorar, lo dejaremos y nos centraremos en el gran damnificado por las giras: nuestro huerto.
Foto de portada por Tamara de la Fuente.
Rufus T. Firefly y Él Mató a un Policía Motorizado en su cartel.
Reconocido como Mejor Iniciativa Turística Musical del Año en los TIIM Awares, Prestoso nos cita en Las Barzaniellas con bandas como Él Mató a un Policía Motorizado, Rufus T. Firefly, Sprints, Standstill, Lorena Alvarez, etc. ¡Tiembla, agosto! Todo un eventazo en Cangas del Narcea que dará comienzo con una jornada de puertas abiertas. Y ojo, sin límite de edad: ¡vente a disfrutar con tu Entrada Joven o el Abono Senior!
Entre los días 6 y 9 de agosto tenemos cita en Cangas del Narcea con la nueva edición, la novena, del Prestoso. Los escenarios Cangas del Narcea y Momentos Alhambra acogerán una programación de lo más cuidada y con un elenco de artistas más que sobresalientes, nacionales e internacionales.
Con su sonido envolvente, sorprendente iluminación y mejores amistades el Prestoso promete ser uno de los eventos del año. Especialmente interesante en esta edición será poder disfrutar de nuevo de Standstill y Nadadora, dos bandas legendarias que han vuelto a los escenarios tras años de hibernación. La banda con el mejor disco del año para la PAM (Asociación de Periodistas Musicales), Rufus T. Firefly, forman las grandes apuestas del cartel junto a los argentinos Él Mató a un Policía Motorizado. Otra que vuelve es Lorena Alvarez que después de mucho tiempo sin hacerlo, volvió a publicar material nuevo en 2025.

Tenéis el enlace a las entradas aquí Os dejamos una lista de calentamiento para que “camelen” antes del festival.
En junio saldrá una edición especial del All Our Gods Have Abandoned Us.
Architects aprovechan el inicio de su nueva gira como cabeza de cartel por Estados Unidos para publicar remixes de “Broken Mirror” y “Everything Ends”, dos de los temas más celebrados de su último álbum The Sky, The Earth & All Between (Epitaph, 2025), con la producción de Daniel Searle, batería del grupo.
Además de darle salida en formato digital el grupo ha puesto en preventa una edición limitada en vinilo de 7″ que estará disponible el 14 de agosto. Un lanzamiento que se complementará el 12 de junio con una reedición de su mítico All Our Gods Have Abandoned Us con motivo de su décimo aniversario.
Este próximo verano el grupo británico estará actuando en distintos festivales del viejo continente como el Download, Hellfest o Graspop, y de cara al otoño estarán acompañando a Korn en su nueva gira europea.
Foto de portada por Ed Mason.
Die Spitz abrirán sus conciertos.
Olivia Rodrigo regresará en 2027 a España con motivo de su nueva gira bautizada como ‘The Unraveled Tour’ en la que presentará you seem pretty sad for a girl so in love, su tercer álbum de estudio que verá la luz el 12 de junio a través de Geffen Records.
Esta gira, que arrancará el 25 de septiembre en Hartford (Estados Unidos), llegará a Europa a mediados de marzo de 2027 donde visitará tan solo 7 ciudades, siendo Barcelona la única ciudad española en la agenda, donde actuará dos noches consecutivas: el 1 y 2 de mayo en el Palau Sant Jordi.
Las también norteamericanas Die Spitz serán las encargadas de abrir sus dos noches en la capital catalana.
Fechas de Olivia Rodrigo en Barcelona
Sábado 1 de mayo: BARCELONA (Palau Sant Jordi)
Domingo 2 de mayo: BARCELONA (Palau Sant Jordi)
Los titulares elegibles de tarjetas American Express® tendrán acceso a las Amex Presale Tickets® para las fechas en Norteamérica, Europa y Reino Unido, disponibles en OliviaRodrigo.com a partir del martes 5 de mayo a las 12:00 (hora local) hasta el miércoles 6 de mayo a las 22:00 (hora local), hasta agotar existencias.
La venta general para estas dos citas se abrirá el jueves 7 de mayo a las 12h en Livenation.es, Ticketmaster y El Corte Inglés.
Los Punsetes, Perro o Grande Amore entre otros.
Carolina Durante anuncian los teloneros de sus fechas para el que será el cierre de su primera gira de arenas de este 2026-2027, tras el paso de la banda por Latinoamérica y Estados Unidos, como parte del festival Coachella.
En esta gira los madrileños despedirán por todo lo alto su tercer álbum Elige tu propia aventura (Sonido Muchacho, 2024) con bandas amigas como Los Punsetes en Madrid, Mala Gestión en Barcelona, Perro en Sevilla o La Plata en Valencia, entre otros.
Gira de Carolina Durante
19 de septiembre: SEVILLA (Pop CAAC) – entradas +Perro + Grupo Sorpresa
26 de noviembre: VALENCIA (Roig Arena) – entradas + La Plata
28 de noviembre: BARCELONA (Palau Sant Jordi) – entradas + Mala Gestión
12 de diciembre: A CORUÑA (Coliseum) – entradas + Grande Amore
26 de diciembre: BILBAO (Bizkaia Arena – BEC!) – entradas + Sal del Coche
8 de enero de 2027: MADRID (Movistar Arena) – entradas + Los Punsetes

