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Las gradas del Teatro Central tiemblan al ritmo de The Pains of Being Pure at Heart

Por Rebeca Pinto 0

La fría noche del pasado 11 de Enero, presenció el primer concierto del año en el Teatro Central y posiblemente uno de los mejores que puedan pasar por la capital hispalense.
El cuarteto de Brookling, The Pains of Being Pure at Heart, se encargó de caldear el ambiente con la frescura brit y shoegaze, salpimentadas del más contagiante pop independiente.

Pero nos hicieron esperar. Una hora y cuarto más tarde del horario acordado aparecieron los teloneros. Al parecer, un fallo técnico en el sonido de la sala propició esta tardanza. El público, ansioso por ver a “los Pain”, esperaba haciendo cola en la puerta del teatro. El cartel de “no hay entradas” se había colgado ya el día anterior, y sólo se pusieron a la venta una treintena más en taquilla, lo que demuestra la cantidad de seguidores y el hueco que se están haciendo entre el público español.

Antes, Falso Cabaret presentó su último álbum, “Para muchas amigas mías”, pasó sin pena ni gloria. No se sabe si por las ganas que tenía el público de que salieran TPOBPH, o por la monotonía que caracterizaba a los nuevos temas de este cuarteto sevillano. Sonaron canciones como “Fácil comprarme” o “I´m divine”, a la par que se hacía una especie de performance donde un chico en pantalón de cuero rozaba el esperpento con sus bailes alrededor de los cabareteros.
Terminaron con “Lápices de colores”, primer tema de este último disco, que gustó mucho más al público y donde el cantante, con su voz grave, sonaba un poco a Nick Cave.

Pero llegó el momento del verdadero espectáculo. Quién le iba a decir a aquellos que criticaban los directos de TPOBPH, que el Teatro Central iba a vibrar con ellos. Si en el Festival del Día de la Música Heineken de Madrid no me defraudaron, este último concierto me dejó aún mejor sabor de boca. Se ve que le están cogiendo gusto a las tablas, e hicieron un concierto redondo, donde el mismo repertorio de los temas facilitó a que se desarrollase el evento de una forma trepidante.

Si larga fue la espera, corto se me hizo el concierto. Un poco más de una hora donde se encadenaron temas llenos de energía y para nada empachosos. No hay mejor forma de empezar el directo que con el tema homónimo de su último álbum “Belong”, para que la adrenalina del cantante y guitarrista, Kip Berman, se trasmitiese al público sentado en las gradas. Siguieron varios temas de este segundo y último álbum como “Heaven is gonna happen now” o “Heart in yor Heartbreak”, canción con la que todos los asistentes coreaban el pegadizo estribillo “ Like a cold California sky” al unísono.

Claras reminiscencias a The Smiths, The Cure, mezcladas con guitarreos ruidosos a lo shoegaze que deleitaron a los asistentes.
Prueba de ello, fue el ruido que hacían los espectadores cuando sonaban sus pisadas, y que sentado en las gradas, estaba deseando ponerse de pie y bailar con estos temas. Finalmente, todo el mundo se levantó espontáneamente a bailar. Justo antes, el vocalista había bromeado entre canción y canción sobre esta situación y nos sugirió una forma de bailar sentados. Pero no hizo falta, temas como “Come Saturday” o “A teenager in Love” levantaron a todo el aforo.

Aunque eché en falta temas como “Gentle Sons”, donde me recuerdan a The Jesus and Mary Chains, en cambio, ofrecieron grandes hits como “Young Adult Friction”. En este último, la teclista, Peggy Wang, sonaba deliciosa y dulce en sus coros, a la vez que se mostraba siempre sonriente cada vez que nos permitía ver su cara que escondía tras su larga melena. En cambio, Kim Berman cantó mal al principio, pero poco a poco, fue mejorando su voz a la vez que bailaba con más arrojo.

De agradecer el esperado bis. El vocalista salió sólo, y tras pedir un segundo por unos pequeños fallos técnicos, interpretó “Contender”, tema que también nos retrocedía a finales de los ochenta, incluso al mismísimo Morrisey. A estas alturas del concierto ya gran parte del público estaba cerca de las primeras filas. El guitarrista, Christoph Hochheim, se bebía una copa de vino, antes de interpretar los últimos temas que sonaron en la noche. Éste, que no levantó la cabeza en todo el concierto, llevó a la perfección las melodías de todas las canciones con su guitarra. “Everything with you”, “Say no to Love” y sobre todo, el último tema, “Strange”, dejaron boquiabierto a los espectadores. Esta canción que puso fin al concierto, te sumerge en una burbuja sonora que te atrapa, donde la melancolía y la tranquilidad, dan paso a la satisfacción.

Prueba de ello fueron las caras que presencié al salir del Teatro Central. Abundaban las sonrisas y algunos asistentes me trasmitieron sus ganas de verlos de nuevo en directo.

Kip nos firmó amablemente el vinilo y nosotros le agradecimos que por fin se tambaleasen las gradas del Teatro Central por el furor trasmitido en su concierto.

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