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Experimentación psicodélica en la actuación de Pony Bravo en Sevilla

Por Rebeca Pinto 0

Pony Bravo. Foto: Juan Antonio Huertas

El pasado viernes, Pony Bravo tocaron de nuevo en el Teatro central. Las expectativas eran altas ante uno de los grupos que mejores directos ofrece en la panorama musical.

Hacía más de un año que no tocaban en su ciudad, y los sevillanos señalaron como se mostraban nerviosos cada vez que hacían un concierto en casa.

Desde el principio la noche prometía. A la derecha del escenario, junto al vocalista y teclista Daniel Alonso, aparecía Curro, mascota de la Expo 92, crucificado al más estilo de la imaginería sevillana. Aprovechando el veinte aniversario de esta exposición en Sevilla, lo colocaron en el escenario e indicaron como normalmente los acompaña en su sala de ensayos. Originalidad y sarcasmo que no sólo muestran los componentes en sus letras y música, sino que también le acompañan en su cartelería y diseño de las portadas de sus discos.

“La voz del hacha”, primer tema de su segundo largo “Un gramo de fe” (El Rancho, 2011), suena intensa y vibrante desde el comienzo. La batería marca el tempo y acrecienta poco a poco el entusiasmo del público que casi completaba el aforo. Le siguen canciones del anterior disco como “Piloto automático”, suena mucho más lenta que de costumbre. Comparándola con la última vez que los pude ver en Madrid, en la pasada edición del Día de la música, ahora parece como si alargasen los acordes y sumergieran la actuación de una psicodelia abrumadora.

Los teclados al más puro estilo “The Doors” en “Lo más difícil del mundo”, que ya suenan con mucha calidad en el disco, gracias a la enorme producción de Raúl Pérez (La Mina), marcan el ritmo de este tema, magníficamente interpretados por D. Alonso.

Pony Bravo. Foto: Juan Antonio Huertas

Y como no, el guiño al costumbrismo del ambiente “alternativo” sevillano, aparece en el tema “Pumare – ho”. Si bien puede parecer que es un tipo de canción que sólo los sevillanos la podríamos apreciar y valorar ( he de reconocer que yo al escucharla también me acordé de los caracoles que ponen en esa plaza sevillana), su carácter litúrgico y festivo hacen de este tema divertido una defensa de unos de los pocos sitios “puristas” que quedan en esta capital, donde sólo se promociona el capillismo y el barroco (“ese último reducto de autenticidad”).

Van apareciendo grandes músicos a acompañar a los Pony, como Fran Torres a los platos. Bases reggaes y guiños a lo sinfónico. Dedican “Super-broker” a Teddy Bautista. Tema talentoso donde los haya. Colosal bajo.

El concierto va ganando potencia a la mitad del mismo. Salen grandes músicos sevillanos como Javier Mora ( Sr.Mansilla y los espías) que con el bajo, contrabajo y percusiones, acompaña en varios temas y aporta su clase característica. Además Raúl Pérez también sube al escenario y los seis interpretan temas espectaculares como “Noche de setas”, que hizo bailar a la mayor parte de los asistentes.

Inyección de adrenalina acompañada con carcajadas provocadas por las proyecciones que reflejaban entre otras cosas la famosa “torre Pelli” y una alternativa a la Semana Santa sevillana, mostrando un montaje donde un crucificado se tira de esta torre en ala delta, mientras que los costaleros con el paso lo esperan abajo.

Pony Bravo. Foto: Juan Antonio Huertas

Críticos que hacen falta en una ciudad como esta y que hacen frente a movilizaciones retrógradas del siglo XXI como la reunión que tuvo lugar el pasado verano de las juventudes cristianas ante la visita del Papa. Con “La rave de dios” llegó un apocalipsis sonoro al Teatro Central. Todo el público se sabía las letras y sonreía ante las ya famosas proyecciones que hacen sobre esta reunión de católicos.

Siguieron temas como “Hipnosis Groove”, con una base donde se aprecia una voz sensual de una chica que habla del yoga, o “Mangosta”, con un ritmo muy sudamericano, entre otros del repertorio del cuarteto sevillano.

El esperado bis mereció la pena, porque junto ante temas clásicos como “Trinchera del amor” o “China da miedo”, Pablo Peña, uno de los mejores bajistas que hay en los escenarios actualmente, hace una especie de “rap”, que llama “Mi DNI”, y que se convierte una crítica irónica e inteligente contra este mundillo hipócrita de promotores, periodistas, personas pseudoinfluyentes, que te chupan la sangre y te ofrecen de todo, y que por desgracia saben de todo menos de música. Sale Fran Torres con un DNI gigante sobre su cabeza, mientras que Pablo critica a los sellos discográficos (recordemos que este grupo tiene su propio sello, El Rancho), con un estribillo donde decía “Yo, yo, camello, yo”.

Temas como este hacen grande a los Pony Bravo. Sin escrúpulos hacen una crítica social necesaria. A su vez divierten, y son excelentes músicos y aparentemente grandes personas. No se lo tienen creído. Personalmente, creo que la clave de su éxito radica en la piña que hacen, como demuestran en su otro proyecto, Fiera. Que son colegas ante todo, y que no miran por encima del hombro a nadie, independientes entre los independientes, y músicos experimentales que siempre son de agradecer.

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