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Dcode: La Consolidación

Por José Luis López 1

Por segundo año, el festival Dcode se metió en nuestras agendas con un éxito total de público. Aquí te contamos qué tal fue.

Viernes:

Con un sol casi otoñal me presenté en la Complutense dispuesto a disfrutar de una edición que debía ser la consolidación del festival madrileño en el circuito nacional. De entrada, el entorno es un sitio muy agradable para celebrar un evento de estas características. El concierto se realiza sobre unas pistas de rugby y tenías césped para sentarte en cualquier parte del recinto. En primer lugar a la entrada encontrabas el escenario principal (situado a la izquierda) y al fondo el escenario Heineken, de dimensiones más reducidas. El horario estaba montado de forma que los conciertos no se solapaban por completo y siempre tenías algún concierto que echarte a la boca.

Al llegar, Niños Mutantes terminaban su descarga, con un recinto aún bastante vacío. Mientras me ponía en situación pude ver el final de Napoleón Solo. No fue un mal concierto para ir abriendo boca, aunque no son santo de mi devoción.

A continuación, Dorian subieron a las tablas del escenario DCode y consiguieron ir aglutinando al público que a esa hora entraba. Su concierto fue más o menos lo esperado, e incluyeron una proclama en contra de la significativa subida del IVA para espectáculos. A continuación de esta descargaron “A cualquier otra parte“, con una buena porción de público acompañándolos, y me largué a ver el concierto de Dinero. Un concierto que se me hizo un poco soso. Son una banda de rock a la que me parece que les falta algo. Tampoco veo que estuviese mal, pero les faltó un poquito de la intensidad que hace que en estos estilos se salga del montón y se destaque. Poca chicha, vamos. En este concierto evidencié además uno de los fallos del festival: En varias partes, el sonido de ambos escenarios se solapaba demasiado, lo que hacía que te tuvieses que seleccionar mucho los puntos para poder ver el concierto que querías en condiciones, sobre todo a las primeras horas.

Kings of Convenience subieron a las tablas a las ocho de la tarde, ofreciendo el primer gran concierto de la noche. Armados con dos guitarras ofrecieron una banda sonora perfecta para la caída del sol desgranando temas como “I don’t know what I can save you from”. El concierto tuvo sorpresa, ya que se les unió una banda para hacer la segunda parte del show, en la que Erlend Oye incluso se arrancó con unos bailes. Muy agradable el concierto de los Kings, y la noche que ya había caído sobre la complutense.

Tras este concierto, hicimos una pequeña parada para ver a The Shoes, pero en 20 minutos dieron comienzo Deus y poco puedo decir del concierto. En cambio, Deus ofrecieron un muy buen recital, aunque con ciertas lagunas. Impresión parecida a la que me suelo llevar con ellos en estudio: Creo que de ser más atrevidos en su sonido darían mucho más de sí. No obstante, son una banda enormemente solvente en directo y por fin levantaron al público e hicieron a uno descargar adrenalina. Además, su show fue hacia arriba para terminar dejando un gran sabor de boca. Al final del concierto, “Suds & Soda” terminó de hacer que se ganasen al público, que ya se aglomeraba para ver a Sigur Ros. Mientras en el otro escenario, Kimbra no ofrecía gran cosa, así que me situé en buena zona para ver a Jonsi y los suyos.

Sigur Ros/Foto: Alfredo Arias-Horas

Y los islandeses no defraudaron: Conciertazo en toda regla. Con un comienzo en el que fueron desgranando un himno tras otro “Ny Batterí”, “Saeglopur” y “Hoppipolla” hicieron las delicias de un público atónito. Mucho “Takk cayó, demostrando con los años que es un imprescindible en su discografía. Al final del concierto, “Festival” y la última “Popplagio”, llevaron al cielo a un público que, solo con los islandeses, ya había amortizado la entrada de la noche. El último tema con el que suelen terminar sus actuaciones es, símplemente, descomunal en vivo. Muchos clásicos decimos (de hecho, “Valtari, si no me equivoco, sólo estuvo representado por “Varúo” y muy al final del show). Lo malo: Te dejan sin ganas de oír más música en un tiempo.

Justice/Foto: Alfredo Arias-Horas

Al terminar los islandeses, Triángulo de Amor Bizarro ofrecían un show como es habitual, potente y cargado de los hits que el público gusta de corear sin cesar. Nada mala idea para sacarse el hielo de los sesos. Ya estaban más animados los cuerpos para plantarse ante Justice, que regresaban al país después de su actuación en  el Primavera Sound. Mucho ruido y no tantas nueces. Si que es verdad que en muchos momentos su espectáculo (bien acompañado en lo visual, con la iluminación de varias pantallas Marshall y su eterna cruz en el centro) se podía disfrutar de una descarga potente, quizás el final se hizo demasiado repetitivo. Alargar por alargar, sobre todo con “We are your friends”, cuyo sample de voces sonaba hasta la saciedad (casi toda la segunda mitad del show la fueron disparando) y “D.A.N.C.E.” tres cuartos de lo mismo.

Después de esto, quedaba recoger, que hacía fresquera y quedaba otro día.

Sábado:

El sábado comenzaba con mucha más gente y más temprano. Más tarde sería muchísima más. Está claro que, gustos aparte, el gran reclamo del festival eran The Killers, que con “Battle Born regresaban tras un largo hiato. Pero vayamos por orden. Lo primero que pude disfrutar fue la actuación de los argentinos Cápsula, que no conocía y que estuvieron bastante bien. La sombra de Kim Gordon flotó en ciertos momentos por allí, reflejada en la voz de la también bajista. No obstante, no esperen un refrito de los Youth, estos chicos tiran mucho más por el rock garagero que por el noise de Ranaldo y compañía.

Cuando volvía al escenario principal, Django Django empezaban a desgranar un concierto bien llevado y bastante entretenido. Entre lo tribal y lo electrónico ofrecieron un show de lo mejorcito de la velada. Se divertían mucho en el escenario y eso es lo primero para que se divierta el respetable. Temas como “Waveforms” dejaron un buen sabor de boca. Y ese buen sabor de boca no hizo más que mejorar con Lüger. Quede claro que los sigo prefiriendo en sala, pero su sonido en algún lugar de la órbita de Hawkwind tuvo un buen aliado en el escenario Heineken  y la buena temperatura que acompañaba a las primeras horas de la noche. Concierto intenso, con buen pulso, poderoso cuando debía, y suficientemente sorprendente como para que sus largos desarrollos te mantuviesen enganchado. Lástima que su concierto no congregase a más público, que a esa hora era notablemente más numeroso que el viernes, y notablemente más joven.

Y allí se plantaba toda la muchachada haciendo colas interminables para todo, incluidos los baños que custodiaba el pobre hombre de los perritos calientes. Lo siento, pero tenía que decir esto: ¿quién fue el lumbreras que puso a ese pobre hombre en la puerta de los baños? ¡Que vendía comida! Desde aquí pido un aplauso para la moral de este caballero, porque era tela como olía eso cuando empezó a caer la noche. Aparte de este paréntesis, como decía me asomé con la muchachada que se empezaba a aglomerar en el escenario grande. Allí descargaban Supersubmarina, y la verdad es que en mi opinión tienen el dudoso honor de ser el peor show de todo el festival. No veo nada que se salve de la quema: Me parecen cero originales, sus canciones no son nada redondas, y ni siquiera las tocan con la intensidad necesaria como para tapar tanto defecto. Y una buena caterva de fans tienen, pues mucha gente coreaba sus canciones. Peores cosas se han visto.

En el otro escenario comenzaron The Right Ons, que al lado de lo otro sonaron a gloria. Y no es que me volviesen loco, pero un poquito de rock’n roll acompañaba bien una cervecita. No sonaban a nada nuevo, pero desde luego tampoco lo pretendían. Tal vez un poco menos de pose y un poco más de dejarse llevar (y algo de suciedad, leñe) les vendrían bien. El caso, que me entretuve un buen rato mientras que uno de los platos fuertes de la noche iba a dar comienzo.

La gente se amontonaba ya en el escenario grande para cuando comenzaron The Kooks. Desde luego, estoy bastante seguro de que la gran mayoría estaba haciendo sitio para ver a The Killers, pero The Kooks quisieron aprovechar la multitud repartiendo hits cada pocas canciones, y así mantener al público entretenido y coreando temas hasta el final del repertorio. Quizás un escenario así les viene aún un poco grande, pero desde luego están diseñados para eso (como una inmensidad de grupos de jovencitos y rosados británicos) y la muchachada lo disfrutó. El caso es que el concierto no llegó a aburrir a nadie, incluso a los que ni los miraban. Ellos se lo gozaban con tanta gente delante y mira, que lo disfruten. Para mí, la verdad es que suenan como mil.

The Killers/Foto: Alfredo Arias-Horas

Ya no me moví de ese escenario, puesto que si no corría el riesgo de no ver una pizca en The Killers. Siguiendo trucos de perro viejo conseguí colocarme en una posición bastante adelantada, y allí esperé a que Flowers y los suyos hiciesen acto de presencia. Y vaya si esperé, porque el concierto se retrasó, digamos, un poquito de más. Bien es cierto que fue el show con más equipo y mas potente en lo visual, pero la gente empezaba a desesperar cuando los de Nevada subieron a las tablas, desatando la histeria colectiva y desgranando “Runaway” y “Somebody Told Me” como las dos primeras del repertorio. Histeria colectiva al canto y el público en un puño. Reseñar que un gran sonido les apoyaba, junto con una buena puesta en escena. Siguieron desgranando temas del nuevo disco junto con temas que ya se van convirtiendo en clásicos, como “Mr Brightside” o “Human”. Hasta se atrevieron con versiones de Joy Division (“Shadowplay”) y Alphaville (“Forever Young”). La verdad es que en más de una ocasión sonaron a estos últimos. Brandon Flowers por su parte se mostró además como un solvente frontman, sonriendo y buscando continuamente al público. Así, se desarrolló el concierto hasta el cierre con dos bises: “Jenny Was a Friend Of Mine” y “When You Were Young”. Exito total en un concierto a mi criterio muy correcto. Se han hecho grandes y tienen tablas con que mostrarlo.

El resto del festival se convirtió en un batiburrillo en el que no hubo demasiado más que contar. Kill the Hipsters cerraron el festival con un bajón de atención considerable (y lógico).  El año que viene más, y esperemos que mejor aunque, desde luego, El Dcode se ha consolidado con éxito. Sin duda Sigur Ros se llevó la palma en el festival (con una distancia insultante), estando su concierto a años luz de los demás, pero es una cita a no perderse si uno quiere pasárselo bien.

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