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Heaven

Por Juanjo Rueda 3

7.5

Nota
7.5
75%

The Walkmen alcanzaron una madurez y un estatus de banda con un discurso realmente diferente e interesante con “You & Me” (2008) y “Lisbon” (2010), dos grandísimos discos donde asentaban una madurez musical caracterizada por la absorción de nuevas referencias musicales (el rock de los cincuenta), unas guitarras angulosas, y unos temas que jamás eran del todo predecibles en sus estructuras.

Ahora en 2012 vuelven con “Heaven“, su séptimo disco, donde siguen limpiando su sonido o despojando sus canciones de lo que ellos consideran accesorio. Para ello han recurrido a uno de los nombres importantes dentro de la producción folk-pop/rock estadounidense actual como es Phil Ek (Band of Horses, Fleet Foxes, The Dodos, o The Shins). Otro nombre que hay que mencionar o que colabora en el disco es el de Robin Pecknold, de Fleet Foxes. De hecho su influencia es clara en el tema que abre el disco, “We can’t be beat”, donde el aire a Fleet Foxes flota a lo largo de todo el tema.

El disco suena más limpio que los dos anteriores, por momentos también más domesticado o más reposado. Algunos temas pierden algo de fuerza, las guitarras pierden algo de esa rugosidad de antaño, no consiguen calar como antes. Hablo de temas como “Love is luck” o “Heaven”. Otros sí que remiten a esta característica presente en trabajos anteriores como pasa en “Heartbreaker” -uno de los temas destacados del disco-, “Nigthingales”, o “The Love you love”.

Pero si algo parece tener peso en el disco son los medios tiempos reposados apoyados en la personal voz de Hamilton Leithauser, como ocurre en “Line by line” un tema cargado de emoción y uno de los mejores del disco. También ocurre, además de en la canción que abre el disco antes nombrada, en “Southern Heart”; en esa nana crepuscular que es “No one ever sleeps”; o “Dreamboat” que cierra el disco. También tenemos alguno más soso y que no logra epatar como los anteriores, como es el caso de “Song for Leigh” o el interludio prescindible de “Jerry Jr’.s Tune”.

Todo ello viene a confirmar que The Walkmen ya se han convertido en ese tipo de bandas que probablemente jamás grabarán una de esas obras consideradas imprescindibles tanto por público como por crítica pero son incapaces de facturar un mal disco -como, por ejemplo, le pasa también a Spoon-, porque este disco, siendo inferior a los dos anteriores, sigue siendo notable.

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